Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MIÉRCOLES 26- 7- 2000 OPINIÓN 13 BREVERÍA Iñaki Zarraoa ¡Qué alcalde! El alcalde nacionalista de Gétxo, Iñaki Zarraoa, está triste. Muy triste. Él, que es lui infatigable luchador por las libertades de todos los ciudadanos vascos; él, que tantos y tan buenos servicios prestó a la comunidad desde su puesto de director general de la televisión pública vasca, file abucheado el pasado lunes por unos ingratos vecinos de Getxo. Y todo por otro coche- bomba de ETA. El segundo en apenas dos semanas. Pero Zarraoa, dotado de gran intuición, ya se ha dado cuenta de que esa gente está siendo manipulada y, aunque no lo dijo, movido por su alto sentido de la función pública, seguro que sospechaba- -como ya lo hizo en su momento otro gran nacionalista- -de la larga mano de los servicios secretos españoles. Ya se sabe que los nacionalistas vascos sufren el martirio de la incomprensión, vilipendiados por vmos y por otros es decir, por los que matan, que estropean sus planes soberanistas, y por los que suelen morir, que aprovechan para gritar cuando ETA falla. Pero Zarraoa sabrá llevar esa cruz con el abnegado espíritu de sacrificio que caracteriza a los nacionalistas. No hay derecho a que nos increpen cuando nosotros estamos buscando la paz desde la democracia ha dicho Zarraoa. Y es verdad. Los getxotarras que abuchearon injustamente a su valeroso alcalde tienen una percepción absolutamente errónea de la realidad. El acuerdo sellado con ETA, el pacto de EsteUa, la Asamblea de Electos, los votos de EH en el Parlamento, son jirones de piel que los dirigentes del FNV se están dejando en la búsqueda de una paz inmediata, incondicionada, para todos los vascos, nacionalistas y no nacionalistas. ¡Qué injusticia que los getxotarras no vean en su alcalde la muestra sublime de un campeón de la paz! Al menos a Zarraoa le queda la satisfacción de contar con el reconocimiento de los líderes de su partido. A buen seguro que Arzalluz y Egibar premiarán al lúcido Zarraoa con un par de palmaditas en la espalda y le animarán a seguir en la senda de esa paz que, o Ueva a la construcción nacional de Euskal Herria, o no es paz. Y los getxotarras que aprendan de este monumento vivo de la democracia que es su alcalde. OS enteramos por los periódicos de que el Instituto Cervantes se propone acabar con los (tópicos españoles en el mundo, aunque nos daríamos con un canto en los dientes si consiguiera acabar con las faltas de ortografía en los carteles de la Red de Carreteras del Estado. Al fin y al cabo, la ortografía es ima parte de la gramática, pero, ¿qué tiene que ver el tópico con la lengua? Al hablar del tópico, hablamos del viejo y honrado lugar común que hoy tiene en el turismo su método industrial de explotación. Acaben ustedes con los tópicos y habrán acabado con los turistas. También, a lo mejor, con los novelistas de estación, pero esto es a o que no afecta al Producto Interior Bruto de la nación, que, como todo el mundo sabe, vive del turismo. Turista es cualquier persona que viaja con el único propósito de confirmar tópicos. Sin tópicos rto habría turismo, y si nos ponemos así, tampoco habría Cervantes, que en España es ahora un Instituto, aunque en el extranjero sigue siendo un tópico que se pronuncia Chervanta prosodia, por cierto, que no hace ninguna gracia a nuestro chauvinismo lingüístico, formado sobre la idea de que la lengua siempre fue compañera del imperio. ¡Tiene muchos bemoles que no hablen español los españoles! cantaba Pastora Imperio en La Entente estrenada con motivo de la visita de Poincaré a España- La lengua común es una cosa, y otra cosa es el lugar común. Ortega formuló dos leyes de apariencia antagónica que, según él, se cumplen en toda enunciación. La primera: To- N IGNACIO RUIZ QUINTANO El lugar común A los tópicos, más que a la lengua, debemos los españoles el privilegio de encontrarnos a la cabeza del turismo do decir es deficiente. Es decir, que nunca logramos decir plenamente lo que nos proponemos decir, y ésta es la pega de la lengua común. La segunda: Todo decir es exuberante. Es decir, que nuestro decir manifiesta siempre muchas más cosas dé las que nos proponemos e incluso no pocas que queremos süenciar, y ésta es la ventaja del lugar común. La lengua común es, desde luego, menos importante que el lugar común, pues si la gente se moviera por la lengua común, los japoneses no veranearían en España y los españoles veranearíamos en Buenos Aires, que en este tiempo siempre será más bonito y más fresco que Grados. Sin embargo, hemos creado un Instituto Cervantes para preservar la lengua común, y para preservar el lugar común todavía no se le ha ocurrido a nadie crear un Instituto Pero Grullo. A los tópicos, más que a la lengua, debemos los españoles el privilegio de encontramos a la cabeza del turismo mundial desde, al menos, el Siglo de las Luces, cuando Montesquieu propagó por Europa la gracia, no de nuestra conversación, sino de nues- tra gravedad, que, según las Cartas persas se manifiesta principalmente de dos maneras: en las gafas y en los bigotes. Las gafas demuestran que el que las Ueva es hombre consumado, en las ciencias y absorto en profundas lecturas, y cualquier nariz cargada con ellas puede pasar, sin disputa, por la nariz de un sabio... Y cuando im español añade a estas cualidades la de ser propietario de una gran espada o la de que su padre le haya enseñado a desafmar en una guitarra, no trabaja: su honor va unido al reposo de sus miembros, porque la nobleza se adquiere en las sUlas ¿Qué deuda de agradecimiento no contrajimos con Casanova? No conozco pueblo más Ueno de prejuicios que España anotó en sus Memorias y ya tenemos dicho que el único móvü del turismo es la confirmación de prejuicios. Los turistas se comportan con los tópicos como las ardülas con las nueces; es decir, como si, al confirmar las expectativas que tienen puestas en un tópico, la siguiente expectativa tuviera que ser más probable. Cuando una ardilla se encuentra constantemente con nueces vanas, ¿se molestará en cascar la siguiente? Casanova escribió: Los españoles son pequeños, mal conformados y sus rasgos físonómicos distan de ser bellos. Las mujeres, en cambio, son encantadoras, llenas de gracia y amabilidad, y de un temperamento de fuego. Quiero decir que el fenómeno Lecquio sería inexplicable sin los lugares comunes de Casanova. Y allá el Cervantes con sus planes, pero la primera regla del negocio es no tocar lo que funciona.