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66 DEPORTES Real Madrid VIII de Europa JUEVES 25- 5- 2000 ABC En un soberbio partido, el equipo blanco superó de principio a fin a un nervioso Valencia No hubo que esperar 32 años. La octava llegó dos después de la séptima y en la misma ciudad en la que conquistó la primera en junio del 56. París volvió a dar suerte al Madrid, un equipo que se crece en las situaciones agónicas, que es capaz de tirar la Liga y de ganar la Champions Ya no hay dudas. Ésta es la competición por excelencia de este club. REAL MAJDRIEI VALENCIA O REAL MADRID Casillas; Iván Campo, Helguera, Karanka; Míchel Salgado (Hierro, m. 84) McManaman, Redondo, Roberto Carlos; Raúl; Morientes (Savio, m. 72) y Anelka (Sanchís, m. 80) VALENCIA Cañizares; Angloma, Peilegrino, Djukic, Gerardo (ilie, m. 68) Mendieta, Gerard, Farinós, Kiiy González; Ángulo y López. ARBITRO M. Braschi, de Italia. Amarillas a Míchel Salgado, Gerardo, Roberto Carlos, Farinós y Peilegrino. GOLES 1- 0, m. 39: Morientes. 2- 0, m. 66: McManaman. 3- 0, m. 74: Raúl. PARÍS. Enrique Ortego enviado especial S ólo hay un espectáculo tan maravilloso como la final de la Copa de Europa. La fíjial de la Copa de Europa del año siguiente. Dificil encontrar en el continente un marco más perfecto para la ñnal más española de la historia. Medio Stade de France blanco; el otro medio, naranja. Abajo, los de blanco vestían de negro, y los de naramja, de naranja. Un cuarto de hora de tanteo. El estipulado en los grandes acontecimientos. Quince minutos de estudio. Del Bosque mandaba adelantar a su defensa y Míchel Salgado y Roberto Carlos eran los verdaderos centrocampistas de banda. Cúper optó por Gerardo, un lateral específico para sustituir a Carboni, atmque fuera diestro y hubiera jugado tan poco en la temporada. Cuando las posiciones estaban tomadas, el Real Madrid comenzó a ganarle terreno a la parcela del Valencia. Redondo y McManaman sacaban el balón con solvencia y criterio a pesar del acoso indeterminado de Farinós, Gerard o Ángulo. Los dos laterales negros aprovechaban los metros que tenían por delante para hacer trabajar a Mendieta y Kily González. Mejor que ellos corran detrás de tí, que no tú detrás de eUos. Con el Madrid controlando la posición territorial, hubo un intercambio de golpes cumplidos los primeros quince minutos. Cañizares desvió con una mano el cabezazo del activo Anelka y la contra fulminante de Mendieta acabó en las manos de Casillas. Necesitaba la final ese acelerón y, con el paso de los minutos, el equipo de Vicente del Bosque parecía sentirse más seguro. Tenía más el balón y des como en el primer tiempo. Todo lo contrario que el Real Madrid, que salió más enchufado si cabe que en el primer tiempo. El primer aviso de que el Madrid no estaba dispuesto a cometer el error de especular con la mínima ventaja, al menos con tanto partido por delante, lo dio Anelka en un balón largo en el que ganó la acción al nervioso Gerardo. Redondo y McManaman eran los dueños del balón, de la posición y, por lo tanto, del partido. Circulaba el balón el equipo de Del Bosque con inteligencia y su buena disposición táctica le permitía ocupar tres cuartas partes del campo. Además, cuando el Valencia tomaba la iniciativa el equipo se replegaba con sacrificio y casi en bloque, Anelka y Morientes trabajaban por las bandas y Raúl tapaba la zona central. La impotencia del Valencia era manifiesta. La responsabilidad de la final atenazaba a sus jugadores. Física y mentalmente. Ni siquiera acertaban a salir de su campo, a dar dos pases seguidos. Estaba mucho más cerca el segundo gol madridista que la posibilidad del empate, y así fue. McManaman, que hasta ese momento posiblemente había sido el mejor jugador sobre el campo, empalmó un rechace al borde del área que Cañizares no vio porque estaba tapado. PREMIO A LOS VETERANOS Miguel Berrocal Redondo y Sanchís, pasean la Copa de Europa ante sus aficionados lo manejaba mejor. Además llegaba más a puerta. Tanto que Cañizares le tuvo que hacer un paradón a McManaman. No terminaba el Valencia de entrar en contacto con el balón, aunque tampoco parecía preocuparle el hecho a los jugadores de Cúper, aunque sí al técnico que, permanentemente de pie, se desgañifaba en la banda. Minutos después le dio un ataque de nervios. A su equipo le robaron la cartera con una Copa de Europa dentro. Un balón perdido en su área y controlado por Farinós acabó en un centro a la remanguillé de Míchel Salgado, ante la pasividad del valencianista, y vtn cabezazo perfecto de Morientes, mucho más listo que Djukic en el segundo palo. El medio campo blanco estalló como en el Arena de Amsterdam dos años cintes. Morientes le dedicó el gol a Hierro, a quién abrazó en la banda, y el Valencia apretó los puños y los dientes. Ahora sí se fue a por el partido. Ahora sí salió de su aparente apatía, tanto como para que el Madrid acabara el primer tiempo achicando balones, pero no había tiempo para más entonces. Había que esperar a la vuelta del descanso. IMPOTENCIA DEL VALENCIA Debía tener tanta ansia el Valencia por volver a la batalla, que saltó al césped un par de minutos antes que el Real Madrid. Pero volvió tan poco convencido de sus posibilida- Cúper, desesperado, movió pieza por no romperse el tablero en la cabeza. Quitó a Gerardo, que nunca estuvo en el partido, para dar entrada a nie, que se colocó por detrás de los dos puntas, y el equipo pasó a jugar prácticamente sin lateral izquierdo. Del Bosque quitó al renqueante Morientes para dar entrada a Savio y además mandó a los dos capitanes. Hierro y Sanchís, a calentar. En eso estaban cuando Raúl pescó en su medio campo un rechace con los diez hombres del Valencia volcados en el área rival. Después de domar el balón, corrió con él controlado casi setenta metros. Cuando se plantó ante Cañizares le superó con su jugada preferida, el aguanis y, a puerta vacía, sentenció la final. La temporada estaba salvada y la presencia en la próxima Champions asegurada. Una vez más este equipo sacó lo mejor de sí mismo cuando más lo necesitaba. Cuando la cuerda más apretaba su cueUo. Digno de elogio la capacidad de este plantilla para jugar su mejor fútbol en situaciones extremas. Ayer fue mejor mucho mejor, durante toda la final... Para teñir de humanidad la fiesta. Del Bosque tuvo el detalle de dar entrada a Sanchís primero e Hierro después... Dos hombres tan carismáticos no podían faltar a la gran fiesta que sólo había hecho que comenzar.