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rfe 64 DEPORTES MIÉRCOLES 10- 5- 2000 ABC Un gol de Anelka sirve para poner en bandeja de plata de ley la final española en París El Real Madrid sufrió en el Olímpico de Munich, pero rentabilizó su renta del Bernabéu BAYERN MUNICH IffiAL MADRID Ahí está. En bandeja de plata de ley. París y Europa entera verá lo nunca visto en la madre de todas las competiciones, la Copa de Europa: una final española el 24 de mayo. El Real Madrid, después de sufrir lo indecible, se ganó ayer su pase gracias a un salvador gol de Anelka, que frenó los ímpetus del Bayern cuando peor lo estaba pasando el equipo blanco. 1 BAYERN Kahrt; Babbel (Salihamidzic, m. 5 9) Andersson, Kuffour, Lizarazu; Paulo Sergio, Jeremies (Fink, m. 5 8) Effenberg, Scholl; Elber y Jancker (Santa Cruz, m. 77) REAL MADRID Casillas; Geremi, Julio César, Helguera, Iván Campo, Roberto Carlos; McManaman (Baljic, m. 9 0) Redondo, Savio (Karembeu, m. 8 0) Raúl y Anelka (Sanchís, m. 87) ARBITRO Graham Poli (Inglaterra) Amarilla a Jeremies, Elber, Geremi, Savio y Lizarazu, GOLES 1- 0, m. 12: Jancker. 1- 1, m. 31: Anelka. 2- 1, m. 5 4 Elber. MUNICH. Enrique O r t e g o enviado especial adie como él conocía el camino hacia París. Para eso vino al mundo en los arrabales de la capital francesa. Parecía como si el destino le hubiera elegido para ser el hombre llave de esta semifinal. Sí. Él. Nicolás Anelka. El proscrito. El rebelde. El incomprendido. El caprichoso. El insolidario. El de los 6.000 millones. Sí. Él. El del gorrito. El de las gafas oscuras. El mismo que tiene calidad para resolver con la facilidad que ayer lo hizo de cabeza. O como en el Bernabéu. Parando, mandando y templando. Tiene gracia. Y morbo. Y... eso, y pistones que el ít drid se clasifique para la final de la Champions con dos goles decisivos del denostado Anelka. Pero eso fue después de media hora de pavor colectivo. De sufrimiento desmesiu ado. También debería estar escrito en alguna tabla que el Real Madrid tenía que sufrir y sufrir en el Olímpico. El Bayem no esperó ni un segundo para salir con todo. No lo esperaba Del Bosque, pero parecía cantado. Jancker, el tanque que remata cochinülos si es preciso, fue titular. Era la gran baza alemana. A los dos minutos, con codazo incluido, le quito im balón a Casülas efi la línea de gol y menos mal que Helguera estaba añí para salvar lo que parecía inevitable. Era la táctica elegida por el Bayern. Dos minutos después el mismo, el tal Jancker, le pegó otro codazo a Helguera. Lo suyo es eso. Desequilibrar. Poner nervioso al enemigo y aprovechar lo que le cae en su entorno de cazador furtivo. A los doce minutos ya había caído en siírred el primer balón de gol. La ba- N rrera blanca permitió que Jeremies centrara al segundo palo, Elber ganó la acción en el salto a Julio César y Jancker empalmó como le venía. Los hombres de Vicente del Bosque se miraron unos a otros. En sus ojos había miedo. Quedaban 80 minutos por delante y sólo un gol de renta. Además la disposición táctica de los alemanes era mejor. La baja de Morientes obligó a Del Bosque a retocar su idea de repetir la fórmula de juego del primer partido. Prescindió de la posición de media punta (Raúl) para jugar con una medular de tres (McManaman- Redondo- Savio) con Geremi y Roberto Carlos en las bandas y dos puntas, Raiil y Anelka. El Bayem se movía a su antojo. Effenberg y Jeremies ganaban ima y otra vez el dos contra uno a Redondo y McManaman no le echaba una mano al hispano- argentino, porque estaba más pendiente de Scholl que de cualquier otra cosa. Fueron veinte minutos de reinado teutón. Muy superiores. Con la posesión del balón y la mente más clara. A Elber le fue anulado un gol por fuera de juego y, como si vieran la final perdida, los blancos comenzaron a estirar el cuello. Anelka apareció para fallar una contra, pero apareció. Raúl cabeceó fuera a la salida de xm córner... y Savio colgó un balón sobre el área que el francés cazó al vuelo como si fuera el mismísimo Jancker, pero en negro. Gol. El tanto soñado. La diana que debía valer la final de París. LOS ALEMANES NO SE RINDIERON dos. Tanto que no llegaron al enésimo balón que bombeó Effenberg, en el saque de una falta, y Elber volvió a quitar la cartera a los centrales blancos. ¿Tan difícil será defender bien las jugadas a balón parado? ¿Por qué siempre remata el contrario? ¿Alguien le puede decir a Julio César que al rival no se le marca mirándole a la cara, sino sin perder mmca de vista el balón? 2- 1. El Olímpico volvió a tomar aire. Y el Bayern a creerse la posibilidad de remontar. TODOS AL ATAQUE Hitzfeld quiso abrir más el campo con la entrada de Salihamidzic en la banda derecha. El Bayern se quedó con tres defensas y con seis- siete hombres por delante del cuero. Cada balón a la oUa blanca era xm puñado de angustia. CasUlas salvó un cabezazo de Jancker, pero acusó la presión y no estuvo lo seguro que otras noches. La insistencia alemana llegó a ser tan angustiosa como alocada, pero hacía mella y desgastaba. Effenberg se dejaba caer por las bandas para meter balones y el Madrid no salía de su campo. No tenía el esférico. Despejaba sin sentido para recuperar así la posición, cada vez más perdida. Para mejor salud madridista, el Bayern se desinfló con el paso de los minutos. Casi como en la primera parte. Y entonces volvió a aparecer Anelka para rematar alto el primer escarceo ofensivo de su equipo en todo el segundo tiempo. Al menos un intento. Un alivio. A partir de entonces el Bayem ya no pudo mantener su ritmo y fue precisamente en los últimos 20 minutos cuando menos peligro pasó el área de Casillas, aunque como estaba previsto él y todos sus defensas salieron del Olímpico con dolor de cueUo. Con tortícolis, pero con la final en las maletas. Nos vemos en París. A partir de entonces se vio otro partido. Por encima de todo porque el Madrid se hizo con el balón. Y cuando un equipo tiene ese utensilio tan valioso puede imponer su ley. Geremi, que tenía una autopista por delante en la derecha, mandó dos misiles que salvó Kahn como pudo, siempre despejando el balón, y Anelka, otra vez Anelka, pudo sentenciar en otra acción, pero volvió a topar con el dichoso Kahn. Craso error para quien pensara que el Real Madrid ya estaba en la final con 45 minutos por delante. Estos alemanes son así. No se rinden mientras les quede vida. Salieron tras el descanso como al principio del partido. Por la tremenda. Los blancos volvieron a empezar encogi-