Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
16 TRIBUNA MARTES 18- 4- 2000 ABC MADRID A ZANA era el nombre de un pueblo poco conocido de la provincia de Toledo, próximo a ulescas; nombre que se cambió por el de Numancia de la Sagra, cuando en octubre de 1936 fue tomado por las tropas nacionales que venían hacia Madrid. Como es natural, el apellido del segundo presidente de la Segunda República española, don Manuel Azaña, proviene del pueblo. Lo que es completamente impensable es que al pueblo toledano se le diera el nombre de Azaña en honor al presidente. Por otra parte, los nombres de Azaña y de Azañón (pueblo éste de la provincia de Guadalajara) no derivan de la palabra hazaña (acción o hecho ilustre según el DRA) y aunque no entiendo nada de etimologías, pienso qué tal vez derivan de aceña (molino harinero de agua situado en el cauce del río) claro es que por Azaña sólo pasa un modesto arroyo. Los riiuy numerosos cambios de nombres de las calles de Madrid han supuesto molestias e incluso gastos. La calle del Príncipe de Vergara, en los primeros días de la Guerra Civil, cuando parecía, al menos en Madrid, que todo había acabado, pasó a llamarse, oficiosamente, calle del 18 de julio, tal vez porque la palabra Príncipe en aquellos días a algunos les sonara mal. Su verdadero cambio de nombre, sin embargo, no tuvo lugar hasta 1939, pasando entonces a denominarse calle del General Mola, recuperando al cabo de treinta y siete años su nombre primitivo. El general don Joaquín Baldomero Fernández Espartero, antes de alcanzar el título de Príncipe de Vergara, que le concediera el Rey Don Amadeo de Saboya, ñie conde de Luchana y duque de la Victoria, título éste que fue la recompensa por su victoriosa batalla, en el pueblo cántabro de Ramales (Ramales de la Victoria) que propició el Uamado Convenio de Vergara, sellado el 31 de agosto de 1839 en la villa guipuzcoana de Vergara, con el abrazo de los generales Espartero y Maroto, y que puso fin a la primera Guerra Carlista, al menos en el Norte. La pacificación del Maestrazgo aún tardaría en llegar algún tiempo y como recompensa de esta campaña le sería impuesto a Espartero el Toisón de Oro y concedido el ducado o marquesado de Morella. Desaparecido el nombre del Príncipe de Vergara de la caUe del barrio de Salamanca, se conservó sin embargo el de Vergara en ima calle del viejo Madrid; y, muy cercana a la misma, la plaza de Ramales también conservaría su nombre, así como la calle de Requena, población en la que tuvo lugar otra batalla victoriosa de las tropas liberales. En lo que se refiere a la permanencia de sus nombres en los rótulos de las caUes de Madrid, la historia de los cuatro presidentes del Poder Ejecutivo durante la Primera República, Figueras, Pi y MargaU, Salmerón y Castelar, sería muy diversa. A don Estalisnao Figueras, el menos conocido, se le dedicó una modesta calle en im apartado barrio cerca de la Estación del Norte y, tal vez por ello, pasó inadvertida aguantando los avalares de la política. La Gran Vía madrileña en realidad consta de tres tramos o trozos, como también se dice. El primero. CARLOS LÓPEZ BUSTOS ESCRITOR Cambios de nombres Los muy numerosos cambios de nombres en las calles de Madrid han supuesto molestias e incluso gastos desde la caUe de Alcalá a la Red de San Luis, recibió el nombre de avenida del Conde de Peñalver, alcalde de Madrid, que inició las obras el 4 de abril de 1910. Al segundo, desde la Red de San Luis a la plaza del Callao, un Gobierno de la Monarquía, le dio el nombre de avenida de Pi y MargaU. Don Francisco Pi y Margan fue un prestigioso republicano federal autor del libro Las Nacionalidades sobre un tema de gran actualidad. El tercero, desde Callao a la plaza de España, se dedicó a don Eduardo Dato Iradier, presidente del Consejo de Ministros, vümente asesinado en 1921. Sin embargo, para la mayor parte de los madrileños, fue simplemente la Gran Vía (nombre que figuraba y figura en la estación del Metro de la Red dé San Luís) y durante la Guerra Civil oficiosamente se denominaría avenida de Rusia, e incluso, para algunos, con humor negro, avenida de los Obuses En 1939 desaparecen los tres antiguos nombres y hasta la transición sería la avenida de José Antonio. Pero luego, creo qua por razones económicas, se denominaría simplemente Gran Vía, no recuperando sus antiguos tres nombres. Estos cambios motivaron que Pi y MargaU se quedara sin calle en Madrid. Que el nombre de Conde de Peñalyer pasase a la antigua calle de TOrrijos, y fue este general, fusilado en tiempos de Femando VII, quien también se quedaría sin una caUe, como la que siguen teniendo otros militares víctimas del absolutismo: Díaz Porlier, Lacy y Riego. También el nombre de Eduardo Dato en 1939 pasó a otra calle, en este caso el paseo del Cisne. La Cabecera del Rastro, donde se encuentra el monumento a Eloy Gonzalo, el Héroe de Cascorro se llamó en tiempos oficialmente plaza de don Nicolás Salmerón, pero para los madrileños siempre sería y sigue siendo plaza de Cascorro o simple- mente Cascorro Desaparecido el nombre de Salmerón en 1939, en la actualidad lleva este nombre una modesta calle situada a espaldas del Cementerio Civü, donde reposan los restos de don Nicolás, pudiéndose leer en su sepultura que dimitió del cargo de Presidente por no firmar una pena de muerte. Algo parecido ocurrió a don Emilio Castelar. Se pretendió que la plaza de Cibeles llevase su nombre, pero para los madrileños siguió siendo Cibeles, e incluso La Cibeles Por eUo el Ayuntamiento tomó el buen acuerdo de que la plaza del Obelisco, donde precisamente el 5 de julio de 1908 se descubrió el monumento al gran tributo, se denominara en lo sucesivo plaza de Emilio Castelar. El Obelisco sería trasladado a la plaza de Manuel Becerra, de donde pasó al parque de La Arganzuela. En aquel lugar se encontraba la primitiva Fuente Castellana, que dio nombre al paseo y que a principio del siglo pasado, sería sustituida por otra con un gran pilón que recogía el agua que por la boca arrojaban unas sirenas de bronce y en cuyo centro se alzaba un obelisco. Pero afinesde siglo habían desaparecido el püón y las sirenas, quedando sólo el Obelisco rodeado por un macizo de flores. Este obelisco daría nombre al paseo que hasta allí llegaba desde la glorieta de la Iglesia de Chamberí, hoy del Pintor SoroUa, que cambiaría su nombre por el de paseo del General Martínez Campos, luego de Francisco Giner, ahora, de nuevo, del general. Más abajo, en la Castellana, otra fuente, la del Cisne daba nombre a otro paseo; actualmente calle de Eduardo Dato. La fuente pasaría a la plaza de Santa Ana y ahora ignoro su paradero. De ella decía Juan Ramón Jiménez: Primero la fuente dulce verdor y agua. En el centro la serpiente que muerde al cisne y el cisne levanta el cueUo y echa un chorro o cristal a la estrella constante del dormido cielo azul. Para terminar diré que al puerto de Guadarrama, se le suele Uamar Alto de los Leones (creo que, oficialmente, ya no) nombre que le fue dado durante la guerra porque allí las milicias que venían de VanadoUd lucharon como leones Pero, en realidad, es el- Alto del León, del león de piedra que, echado sobre un pedestal apoyando sus garras sobre dos mundos, sirve de límite a las dos Castillas y que desde tiempos de Femando VI, desde 1749, aguanta los rigores del clima de aquellas alturas y que, habiendo sido desgastado por los elementos, resulta dificil saber hoy de qué animal se trata. En su pedestal puede leerse: FERNANDUS VI PATER PATRLAE VIAM UTRIQUE CASTELLA SIPERATIS MONTIBUS FECIT AN. SALUT. REGNISUITIV. L hombre del siglo XXI podrá hacer todo sin moyerse de casa. Todo por internet. Qué maravüla. Podrá charlar y reír con los amigos por internet, cambiar inipresiones, discutir. Y las amas de casa, hacer la compra sin salir de casa. Obvio. El hombre del siglo XXI podrá llevar a cabo las tareas o cometidos de su profesión, sea cual fuere, porque para eso está el internet. Todo a domicilio y desde el domicilio. Qué maravilla. Pero esto va a tener muy serios inconvenientes, aunque haya quienes piensen que no. Ese atroz sedentarismo consuetudinario va a acarrear funestas consecuencias en la salud del internetizado hombre del siglo XXI. Sabido es que el infarto de miocardio y las enfermedades cardiovasculares están situados a la cabeza de las causas de muerte del hombre actual. E igualmente las condiciones de vida propias de estos E JOSÉ RODRÍGUEZ CHAVES ESCRITOR Todo por Internet tiempos, que convergen en el sedentarismo, favorecen y propician la obesidad, la diabetes, la descalciÍBcación de los huesos, la hipertensión, las trombosis... El sedentarismo a ultranza del internetizado hombre del siglo XXI le impedirá, con mucho, llegar a la vejez. Un día el infarto de miocardio le hará caer ftilminado, obeso, con los niveles de colesterol y glucemia por las nubes, los huesos descalcificados, y con la vista machacada por tantas horas de pantalla, día tras día, en fin, hecho un asquito. Pero qué hacer habrá quienes digan, hay que pagar ese tributo a la civilización y el progreso. No puede uno permanecer al margen de las nuevas tecnologías, sino que hay que incorporarse a ellas. No puede uno continuar viviendo como sí no se hubiera inventado el internet No, no. Y el cadáver del internetizado hombre del siglo XXI, fulminado por el infarto y minado por la diabetes, la descalcificación de los huesos, los altos niveles de colesterol y glucemia... será maquillado, para ponerlo guapo, por internet. Y enterrado o incinerado (preferentemente, incinerando, que, como lo del maquillaje post mortem, es lo chic) por internet... A internetizarse tocan. Y a eso le llamarán haber vivido.