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54 ABC CULTURA MIÉRCOLES 2- 6- 99 En la muerte de Torcuato Luca de Tena: biografía Creador fecundo, testigo fiel de su tiempo Torcuato Luca de Tena nació en Madrid el 9 de junio de 1923, en el seno de una famüia de gran tradición literaria y periodística. Nieto de Torcuato Luca de Tena y Álvarez- Ossorio, primer marqués de Luca de Tena y fundador de ABC y Blanco y Negro, seis meses antes de la proclamación de la República comenzó sus estudios en el Colegio del Püar, pero los Luca de Tena se vieron afectados directamente por los desordenes políticos que en aquellos días se desarrollaron en España. Su padre, Juan Ignacio Luca de Tena, entonces director de ABC, había sido encarcelado en varias ocasiones y el periódico, confiscado otras tantas. Con sólo once años, Torcuato se vio obligado a trasladarse primero a San Sebastián y más tarde a Francia y residió en diferentes ciudades, como Burdeos, Tudela y San Sebastián. meros conocimientos de periodismo, que junto con la literatura, han sido las dos constantes de su vida profesional. Realizó el servicio miütar en La Granja, durante los veranos de la milicia universitaria. Tras ser nombrado alférez, contrajo matrimonio con Blanca Benjumea y Príes, con la que tuvo tres hijos: Blanca, fallecida, Torcuato y Juan a c i o Después de prestar servicio en los Pirineos, desempeñó durante algún tiempo la gerencia de ABC, y creó el Archivo y Biblioteca de la redacción. Posguerra en Londres Su labor periodística ya había comenzado con colaboraciones en La Vanguardia Fotos o Primer Plano En 1945 fue nombrado corresponsal de ABC en Londres, donde permaneció por espacio de dos años. Eran los años de la posguerra en la capital británica y Torcuato Luca de Tena se encontró con un país arruinado y hambriento. De sus impresiones como observador en aquellos momentos críticos de la historia inglesa nació el volumen titulado El Londres de la posguerra Poco tiempo después, viajó por Oriente Medio, desde donde envió crónicas a ABC y a otros medios como El diario de Barcelona o La Vanguardia Se trasladó a Egipto, Palestina, Trásjordania e Israel, hasta que en 1950 viajó como corresponsal a Washington. De sus años de estancia en Estados Unidos surgió la iniciativa de crear la Edición Aérea de ABC, que a partir de 1950 Uevó el diario hasta lugares como La Habana, México o Nueva York. Torcuato Luca de Tena asumió la dirección de ABC en el año 1952, cargo que ostentaría hasta el mes de septiembre de 1953, después de que repetidos enfrentamientos con la censura oficial e infinidad de expedientes provocaran su destitución por la autori- En los talleres de ABC Se examinó en Valladolid de la reválida aprovechando unos exámenes especiales para ex combatientes, y aunque él no lo era, le fue concedido im permiso especial puesto que su padre había sido nombrado embajador de España en Chile. Allí cursó los tres primeros años de la carrera de Derecho en la Universidad Católica de Santiago de Chile, estudios que alternó con ima completa formación literaria y filosófica. En 1941, con tan sólo dieciocho años, publicó su primer libro de poemas titulado Albor y que él mismo editó. A éste le siguió, un lustro más tarde, Espuma, nube y viento En 1943 regresó a España y terminó la carrera de Derecho en la Universidad Central. Entonces se dedicó a estudiar lo que realmente le gustaba: el ensayo político, filosófico y literario. A los veintiún años comenzó a trabajar en los talleres de ABC, en la linotipia. En ese puesto permaneció año y medio, adquiriendo sus pri- Una imagen de Torcuato Luca de Tena cumplimentando al Rey dad gubernativa. En 1954 asistió al regreso de los antiguos combatientes de la División Azul, que habían permanecido prisioneros en la Unión Soviética desde el final de la Segunda Guerra Mundial. La experiencia vivida con aquellos hombres, días antes de su vuelta, a bordo del barco Semíramis le Uevó a colaborar estrechamente con el capitán Palacios en la creación del relato Embajador en el infierno que obtuvo el premio Nacional de Literatura en 1955. Dos años más tarde, acudió a Hungría como enviado especial para informar de la revolución. En 1957 desempeñó su trabajo como corresponsal de guerra en Ifni, y en 1960 lo hizo en la India. Para Torcuato Luca de Tena, la fimción de corresponsal constituía la verdadera esencia del periodismo. A partir de 1957 reeditó y dirigió la revista Blanco y Negro, que había dejado de publicarse en 1936. En octubre de 1962 accedió de nuevo a la dirección de ABC, cargo que desempeñaría hasta el 6 de marzo de 1975. También ocupó el cargo de presidente del Consejo de Administración de Prensa Española, primero, y de la Junta de Fundadores, después. A pesar de que había declarado en varias ocasiones que carecía de vocación política, Torcuato Luca de Tena fue nombrado, en 1964, procurador en Cortes. Dos años más tarde pasó a formar parte del Consejo Nacional de Prensa. El 24 de febrero de 1972 fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón N y tomó posesión, el 3 de Un escritor enamorado de su oficio NA vez más, siguiendo la vieja costumbre madrileña, la Casa de Felipe IV entorna sus puertas y la Academia hace ondear a media asta la bandera. El rito trasciende lo convencional para expresar de modo sincero el dolor por el fallecimiento de un académico, Torcuato Luca de Tena, y la desaparición de un escritor. De seguro que sus numerosos lectores- -Torcuato los tuvo abimdantes- -se sentirán hoy afectados. Pero yo quiero subrayar la dimensión social de su pérdida. La cultura de un pueblo es producto de la suma de muchas voces de distintos timbres. El süencio de cualquiera de ellas empobrece al conjunto. Glosen otros en estos momentos U la figura del periodista, del hombre influyente: yo quiero recordar al amante apasionado de su oficio. Todavía ayer, Blanca, su mujer me decía que Torcuato sufría porque al ahogo físico se añadía la ansiedad de no poder atender al trabajo que le aguardaba. No le acuciaba el compromiso extemo: era una necesidad interior. Con la üusión de un joven escritor, apenas había acabado una novela, buUían en su mente argumentos y personajes que le pedían voz, y el escritor trataba de no regateársela, para no dejarlos en el süencio. Quiero recordar también al académico que encamaba un modo de fidelidad a la Casa y que derrochaba un señorío natural que da seUo a la institución. En los últimos tiempos se multiplicaban sus cartas y llamadas pidiendo excusas por no poder asistir a las reuniones o celebraciones extraordinarias. Me habían anunciado el envío de una larga lista de mexicanismos que, a su juicio, debían registrarse en el Diccionario o cuya deíiiüción convenía revisar. Ya no será posible. Su voz se ha apagado y tendremos que acostumbramos a la ausencia de su figura señorial y entrañable. Víctor GARCÍA DE LA CONCHA de la Real Academia Española