Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
EDITADO POR DOMICILIO SOCIAL J. I. LUCADETENA, 7 28027- MADRID DL: M- 13- 58. PÁGS. 152 PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 14 DE MAYO DE 1999 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUGA DE TENA José Hierro en Alcalá os poetas son así; a veces, silenciosos, distantes, de aire ausente; quizá enigmáticos. Y de repente, alumbran una cascada de poesía, de belleza de imágenes, de honduras del alma que nos subyugan. Uno así era Gerardo Diego, o me lo parecía, cuando era profesor en mi Instituto de Santander y yo sentía hacia él una mezcla infantil de santo temor y de admiración respetuosa. Otras veces, los poetas son distraídos, como si vagarain por otros mundos, aunque nos miren con ojos entre irónicos y cálidos. ¿De dónde vendrán? Estos distraídos pierden las cosas, se les traspapelan las hojas de los versos. (Yo tengo un amigo, poeta grande, José Antonio Muñoz Rojas, que a fuerza de perder siempre las gafas se hartó y escribió una carta a Dios. En realidad, era un poema bellísimo, encabezando su libro Objetos perdidos en el que le reclamaba: Señor, que me has perdido las gafasl ¿por qué no me las encuentras? Alfonso Ussía comentó en este mismo periódico, en un hermoso artículo, con emoción que se traslucía, el poema de las gafas perdidas que, claro, no eran sólo las gafas... ¡Se pierden tantas cosas en la vida! Pero luego, los poetas distraídos lo recuperan todo y con un acierto inigualable, con la precisión de un arquero prodigioso, nos lanzan la flecha de su poesía, que nos alcanza rectamente al corazón porque, a lo mejor, viene, como diría Rubén, de los campos del Señor Los poetas son así; pero son poetas: ese don casi milagroso. ¿A cuál de estos arquetipos que se me ocurren- o de otros posibles e innumerables- pertenecerá José Hierro? Quizás a los dos, acaso a todos los imaginables, pero hace poco yo le vi, distraído- que venía de no sé dónde- en Alcalá de Henares, ante Su Majestad el Rey, cuando había recibido de las manos reales, en el Paraninfo de la procer Universidad, el Premio Cervantes. Resulta que olvidó recoger uno de los objetos que le iba a entregar el Rey. Se tuvo que volver desde su asiento hasta donde Don Juan Carlos le esperaba, sonriente, como comprendiendo, con afectuosa humanidad, ese trance de los objetos perdidos de los poetas emocionados, para darle el gran medallón broncíneo que ya se olvidaba y que completa, junto a la medalla al cuello y el diploma, los objetos simbólicos del Premio Cervantes. Pero Hierro no había perdido el gran objeto: la fuente de su poesía. La llevaba dentro y, al comenzar su discurso de gracias, la fue abriendo, tímidamente al principio, luego soltándola con toda libertad. Le escuchaban el Rey y todos cuantos llenaban él Paraninfo de Alcalá. Y los que desde lejos seguíamos aquellas imágenes y palabras. L Pero yo creo que allí estaban también, a su lado, las sombras preclaras de escolares- famosos que habían pasado antigua- mente por la Universidad egregia: Nebrija, Lope, Calderón, Quevedo, San Ignacio de Loyola, San Juan de la Cruz... Y pienso que le escucharía con gusto el glorioso alcalaíno de la mano manca, cuando José Hierro decía, al empezar su discurso, que estaba intentando tomar Ija vía poética que consiste en acer razón de lo que en principio se manifiesta de manera vaga, musical, como un vaho, una bruma que ha de solidificarse, sometiéndola a la frialdad de la lógica Sería lógica fría, pero creo que todos sentíamos sorpresa y emoción cuando sacó a escena, junto a Don Quijote, a dos españoles insignes de nuestro tiempo: Unamuno y Azorín. Dio en el clavo al recordarnos que para don Miguel de Unamuno, Don Quijote es el padre de Cervantes, a qmen creó para poder ser creado, por aquello de que todos somos hijos de nuestras obras Y que para Azorín, el Quijote fue escrito por la posteridad, pues Cervantes casi no estaba seguro ni de quién era atjuel hijo suyo el hidalgo mánchego. La wía poética le Ue vó a José Hierro a un hallazgo luminoso, haciéndole juntar a Unamuno y Azorín, pues, én el fondo, lo que resulta es que si el Quijote estaba, digamos, oculto y tuvo que crear a Cervantes para que éste le sacara de la oscuridad; y si el Quijote ha sido creado después por los hombres y los siglos, según dicen, en sus paradojas, Unamuno y Azorín, es porque Don Quijote, la id, ea quijote estaba ahí, desde siempre, entre un vaho, una bruma esperando que los hombres la hicieran suya, como solemos hacer nuestros algunos entes de ficción que nos parecen me- Una Infracción de Tráfico puede frenar e n s e e e sue ingresos Sea Prudente Decüdase por nuestro seguro de RETIRADA DEL PERMISO DE CONDUCIR 1916 1999 SERRANO, 12- Tel. 91 435 55 00 AVDA. MENÉNDEZ PELAYO, 29 Tel. 91 574 91 52 MADRID jores que los entes de realidad; que son modelos ideales a los que quisiéramos aproximarnos. Es porque Don Quijote era, en realidad, para todos, no un caballero de triste figura, rio un viejo hidalgo medio loco y ridículo, sino un noble ser al que amamos, al que respetamos, en sus sueños, su decencia y su melancolía, aunque nos hayamos reído viéndole colgado, con su escuálido caballo, de las aspas de un molino, quizá de Campo de Criptana. Incluso los sUyos, los sanchos, los bachilleres, cuando le ven doliente, al final de su camino hacia la muerte, cuando ya no es Don Quijote sino Alonso Quijano el Bueno y en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño le animan a qué vuelva al campo, otra vez, en busca de dulcineas Hacen un poco suya la ficción porque es más hermosa que la realidad; se elevan sobre sí mismos con la fantasía del caballero que ya no quiere más fantasías. A mí no me extraña que, siguiendo la vía poética haya dado José Hierro con este hallazgo. La noble, melancólica, pero tantas veces animosa y hasta alegre álmá de Don Quijote, anda también en los adentros del poeta. Todo el mundo sabe que José Hierro sufrió cuando los sufrimientos más hieren: en la adolescencia. Todo el mundo sabe que, como Cervantes, padeció entonces injusta cárcel. Hierro contra hierro... Y todo el que haya leído sus versos y haya conocido al poeta sabe que, de su cárcel del cuerpo y del alma, no sacó rencores, ni amarguras, sólo algo de melancolía pero siempre animada por la esperanza con que escribió, hace muchos años, un poema que todos hemos leído con emoción y hemos recordado y citado innumerables veces, y hasta recitado a solas, pero en voz alta, como conviene leer la poesía: Canción de cuna para dormir a un preso Hacen falta mucha nobleza, mucha generosidad, mucha esperanza para escribir esos versos cuando el preso es xmo mismo. Estos pensamientos me venían a la mente al ver y oír a José Hierro, mi amigo, en Alcalá- ¿se me permite caer en el achaque santanderino, frecuente en mí, de llamar mi paisano a este madrileño de nación que se fue, casi recién nacido, a criarse y hacerse en nuestra común ciudad de Santander? cuando le oía, repito, decir que, en el fondo, lo que le gustaría, cumplidos el honor y el respeto al acto solemne de la Universidad, sería no hacer discursos sino salir con todos los que le acompañaban al puro aire primaveral de aquella mañana abrileña de Alcalá de Henares, paseando en silencio mientras se siente que el Tiempo palpita. Alfonso de la SERNA EN TODA