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30 ABC TRIBUNA MARTES 27- 4- 99 Juanelo Turriano en Toledo por Fernando CHUECA GOITIA ESDE hace años, cuando empezó a interesar el prodigioso paisaje del Tajo en Toledo, se cayó en la cuenta de las muchas posibUidades que el río ofrecía como memoria histórica de otros tiempos. Con ese criterio se restauraron la Casa del Diamantista, la Torre del Hierro, varias presas y azudes y se construyó un embarcadero donde podrían llegar las lanchas para los que quisieran atravesar el Tajo por ría fluvial. Luego vinieron otras obras sufragadas por la Unión Europea que han mejorado considerablemente las riberas del río, pero ha quedado algo muy importante por hacer: la reconstrucción parcial del Artificio de Juanelo. Sabidas son por todos las dificultades que tenía el subir el agua a la Imperial Ciudad y a lo alto de su peñascosa pesadumbre. Los romanos habían construido un fabuloso acueducto que supera al de Segovia en magnitud y altura. Pero el acueducto en el siglo XVI había desaparecido, a través de una historia belicosa y comprometida como la de Toledo. Sin embargo, la dificultad de elevar agua a Toledo persistía y para resolverla Juanelo Turriano, relojero de Carlos V, imaginó y construyó un ingenioso artificio que, mediante unas bielas o tijeras movidas por una rueda hidráulica, resolvía lo que parecía imposible: subir el agua al Alcázar toledano. ¿Quién era Juanelo Tiuriano, aquel hombre que, cuando el Emperador se coronó en Bolonia, se lo presentaron como autor de un asombroso reloj que no sólo señalaba las horas sino también el curso del sol, de la lima y de los planetas? Pues era Juanelo Turriano de Cremona, que Carlos V, años más tarde, se llevó a Yuste para que gobernara su colección de relojes. Muerto el Emperador, pasó al servicio de FeUpe n. El cronista Ambrosio de Morales, en las Antigüedades de las Ciudades de España (Alcalá, 1575) nos da cumplidas noticias del ingenioso relojero Giovanni de la Torre, conocido en Castilla como Juanelo Turriano. El mencionado cronista escribía antes de 1575: Tiene D ahora Toledo de nuevo una cosa de las más insignes que puede haber en el mundo, y es el acueducto (sic) con que se sube el agua desde el río hasta el Alcázar Como se ve, Ambrosio de Morales no se queda corto en elogios del artificio, al que considera una de las cosas más insignes que puede haber en el mundo. El artificio ya elevaba el agua en 1568, aunque por ser insuficiente su caudal se convino que se hiciera un segundo artificio que estaba acabado en 1581. No fueron sólo sus relojes y el artificio las obras de Juacelo, sino también el famoso hombre de palo, un autómata o robot del siglo XVI que admiraba a los toledanos, cuando hacía algunos recados a su dueño. Trabajó también en el proyecto de hacer navegable el Tajo desde Aranjuez a Lisboa y en otras obras hidráulicas. menos. Debió de morir muy pobre, pues en una carta de León Leoni, el gran escultor de Carlos I y Feüpe 11, nos dice que murió un hijo de Juanelo y tuvo que prestarle al padre veinticinco escudos para que pudiera enterrar a su hijo. Esto sucedía ya en 1556. morir Juanelo una hija llamada madre de dos doncellas por caALBárbara, dejaba nombre Juanelo, que tuvo sar y un nieto de a su cuidado el mantenimiento del artificio toledano. Por ejercer tal cometido cobraba un cierto estipendio, según nos dice Sánchez Cantón (véase el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, Madrid, diciembre de 1933) Tampoco sabemos hasta qué años funcionó el artificio, aunque, por lo menos en 1593, el nieto de Juanelo conocemos que cuidaba de él. Mucho más tarde, don Antonio Ponz, en su conocido Viaje de EsSTEBAN de Gari L a dificultad de paña (tomo 1, carta III) bay, que le conoció. deplora que sólo se conseelevar el agua a le describe de esta ma van restos de la célebre ñera: Fue alto y abulToledo persistía y máquina. tado de cuerpo, de poca conversación y mucho para resolverla Sin duda, abandonado estudio y de gran liberToledo como capital del Juanelo Turriano, tad en sus cosas: el gesto Imperio a favor de Madrid algo feroz y la habla algo en 1561, la utilidad del arrelojero de Carlos V, abultada y jamás habló tificio perdía importancia bien en la española: y la imaginó y construyó y poco a poco se fue abanfalta de los dientes por la donando, pues la máquina un ingenioso artificio vejez le era, aun para la era compleja y costoso su lengua italiana, de grave mantenimiento. impedimento. Hoy, no por necesidad, Ese retrato literario concuerda muy bien pues Toledo ha resuelto sus problemas de con el busto que conocemos de Juanelo Tu- agua, sino por conservar la memoria histórica rriano y que Sánchez Cantón atribuye a Juan de un ingenio técnico de la mayor importanBautista Monegro. En el busto que se con- cia en la lucha del hombre contra la rebelde serva en el Museo de Santa Cruz de Toledo naturaleza, es más obligado restituir el artifiaparece la contextura recia, el cráneo sólido, cio, al menos en parte. la mirada severa, la nariz corta del relojero, De este modo se honraría a un hombre que parecía un hombre reconcentrado y taci- ejemplar, rival en ingenios mecánicos del turno. gran Leonardo de Vinci, y Toledo se colocaría Juanelo murió en Toledo el 13 de junio de una nueva insignia que ennoblecería todavía 1585, a los ochenta y cinco de edad, poco más o más sus numerosos blasones. E La mentira y la verdad por Antonino GONZÁLEZ MORALES D ECÍA mi abuelo, con su cazurra sabiduría aprendida de la vida y no de los libros, que para mentir hay que tener mucha memoria En efecto, así es, y un refrán castellano reza que se coge antes a un mentiroso que a un cojo Y esto, ¿por qué? Simplemente por no tener memoria, por olvidarse de que ha mentido. Quienes hablan con verdad no necesitan de memoria, puesto que no caerán en contradicción. No son cojos a los cuales se les puede dar caza fácilmente. Mentir a medias o decir medias verdades daña como una daga de doble filo. ¿Y la mentira? Hay quien miente por el placer de mentir y hay quien lo hace por sacarle algún provecho. También hay quien miente obligado por las circunstancias. No siempre y en todo momento es prudente decir la verdad. Se trataría de mentirUlas sin la menor importancia. Lo que suele llamarse una mentira piadosa. De todos modos, no mintamos tanto que hagamos santo al demonio. Sobre las mentiras de los cazadores y aun de los pescadores, las anécdotas se miñtiplican. Pero esto, claro está, no tiene mayor trascendencia. Son mentiras de las que nadie hace aprecio. Nos referimos a otro tipo de mentira, de tergiversación de la verdad, que puede causar- y de hecho causa- mil irreparables perjuicios. Esta es de la que debemos abominar, por altamente perniciosa. San Francisco de Sales confesaba que mo todas las verdades pueden decirse siempre, pero nunca es lícito combatir la verdad y, con mayúscula, Zubiri abundaba: El pecado contra la Verdad ha sido siempre el gran drama de la historia justicia dos concepéticos irrenunciables, a LAtosverdad y ladejar muysonlos cuales los hombres solemos mal parados. En España, ahora mismo, la política trata de secuestrar la verdad y mediatizar la justicia. Es fácil mentir, mas, a la larga, la verdad se abre camino y ocupa el li ar del que jamás debió ser desplazada. La verdad anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua, según creía Cervantes. Sé veraz y no tendrás que arrepentirte. El galardón único a que puede aspirar el mentiroso es a que nadie le crea cuando dice la verdad, si es que la dice alguna vez. la verdad y camino llegar a pensamiento. Lessing EXISTEella: deelMaeztu- eliba a ser elpara- opinaba Ramiro hombre que separase el pensamiento de la verdad cuando manifestaba que si le dieran a elegir entre la verdad y el camino que conduce a ella, preferiría este último. El camino de la verdad- apostilla el autor de Defensa de la Hispanidad -es el pensamiento. Sin la verdad como estación, la preferencia por el camino equivale a contentarse con el pensamiento por el pensamiento