Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
18 ABC OPINIÓN Panorama MIÉRCOLES 27- 1- 99 VALENTE EN PALACIO en de HACE unosundías, VIIel Palacio RealSofíaMadrid, en acto tan frío como solemne, le fue entregado el Premio Reina de Poesía Iberoamericana a José Ángel Valente. Huelga cualquier comentario acerca de la importancia de su obra poética y ensayística en el contexto de la rica literatura española del siglo XX. Negar esa relevancia pone en evidencia la catadura estética de quienes se empeñan en hacerlo. Allá cada cual, pero uno se teme que quienes niegan a esa poesía el lugar de honor que, en rigor, ostenta lo hacen no tanto por lo que expresa (de registro variado y complejo) cuanto por los prejuicios que tienen sobre su autor o, mejor, sobre las opiniones de índole literaria que ha venido manteniendo en público; criterios, en el mejor sentido de la palabra, radicales; demasiado claros para una época de debilidad e impostación. Su posición de outsider propia del que mira de lejos y observa desde otra perspectiva las cosas de casa, la ventajosa posición que le viene dada por haber vivido muchos años fuera de España, le ha permitido emitir juicios de valor que han perturbado a más de un paisano de esos amodorrados y ahcortos que pululan por nuestra vida literaria, acostumbrado a ver el mundo desde la engañosa cercanía del propio ombligo y del bien controlado feudo, desde el mismísimo centro de la corte y confección (Pureza Canelo dbdt) Tal vez por eso no vi a demasiados poetas, ni jóvenes ni mayores, por el Salón de Columnas o por el no menos modesto y contiguo Salón de Gasparini, donde se sirvió la copa de vino al finalizar el acto. Sí vi, sin embargo, a banqueros en animada charla (al día siguiente se anunció la poética fusión del BSCH) y a profesores (los académicos estaban votando a su nuevo secretario) y, cómo no, a políticos. Para eUos y para los demás, a pesar de su cansancio y de la megafonía, levantó Valente un breve y preciso discurso, entre mítico y alegórico, donde volvió a declarar- porque algunos, ay, siguen sin enterarse- que la palabra es fuente de toda creación y que en ella y sobre ella se funda eso que, desde siempre y para siempre, se ha dado en llamar Poesía. Por aquí y por allá, entre citas de La Tora y de La Biblia, de palabras en latín, hebreo o griego, resonó finalmente La Palabra. Ehgió, para ello, tres breves poemas. Fue emocionante escuchar el dedicado a Rosalía que, tras unas dudas iniciales, leyó primero en gallego. Poco antes, había declarado que él se consideraba, antes que nada, gallego. Su vida errante, su cosmopohtismo, el tono melancóhco que irradia su palabra- tan cercano, a su modo, al de su amada poetisa de Padrón- son rasgos que delatan ese tenso, si irremediable, vínculo. Reconozco que es difícil que la poesía comparezca en un ambiente como ése; tanto como que se presente en el salón de ma caja de ahorros o en el aula de un instituto. Y no porque piense que el público asistente, compuesto, en su mayor parte, por ministros, directores generales (aunque se llamen Luis Alberto de Cuenca) banqueros, nobles y empresarios (Enrique Loewe incluido) sea poco lírico. Sé que, de esa manera, digamos, milagrosa que suele propiciar el viejo género (volviendo a sus sagrados orígenes) ésta se manifestó y hasta el más incrédulo quedó convencido de que sigue habitando entre nosotros. Alvaro VALVERDE Planetario RATO Y LA ECONOMÍA ON digamos técnica, Cdequetoda la autoridad, condición de minisle otorga su doble tro Economía además de vicepresidente segundo del Gobierno, Rodrigo Rato acaba de mostrarse optimista. Nuestro país, acaba de decir, podría igualar en los próximos seis años, si no interpretamos mal una frase que a nuestra incompetencia le ha parecido algo confusa, el 90 por ciento de la renta que ahora tiene esa casi entelequia de la que casi, casi, formamos parte y llamamos Europa. Es una plausible intención, un ambicioso proyecto político. No digamos un sueño, porque tal vez f es posiblemente posible. Pero si en nuestra incompetencia no entendemos mal lo que desde Bruselas cuenta Sotillo en una interesante página de ABC de ayer, al presidir los alemanes ese comphcado orgamsmo internacional que es la Unión Europea, habría que comenzar a pensar en meter alguna mano en la financiación de la Política Agrícola Común, y eso es lo que a más de algunos malpensados les dará cierto aroma a suelo quemado. Ya se ha hablado en estos últimos tiempos en prestigiosas entidades forasteras de mejorar, a su modo, la tradicional escenografía productora de este país. Hay quienes creen que en ciertos organismos alemanes muchos prefieren importar frutos diversos de nuestros sembrados y pagarnos mediante el envío, o sea, la exportación de sus productos industriales. Importen ustedes, da la impresión de que piensan, automóviles y otra suerte de máquinas modernísimas, y déjense de compücadas pamplinas industriales y, en consecuencia, sociales, y envíennos lechugas, vinos, incluso tal vez jamones. Ya se ha hablado hace mucho tiempo de una idea así como una grande, pintoresca, antigua España con plazas de toros. Como un país que podría ser llamado algo ciertamente literario, algo así como España, granero de Europa. ¿Es interesante a las puertas de un siglo nuevo dejar que sean los otros europeos los que fabriquen y nosotros desde Despeñaperros para abajo hasta Gibraltar los que sembremos? Pensando en toneladas, ¿cuántos cientos de mües de toneladas tendríamos que enviar de productos agrícolas en sus muchas variantes para recibir algunos mües de maquinitas y productos fabricados? Reconozcamos que esto que aquí se dice es como hablar soñando y que tal sueño tendría mucho de pesadilla. Samuel Butler, un hoy olvidado poeta satírico inglés del siglo A. XVn, dejó escrito que las máquinas, siendo de por sí incapaces de luchar, han logrado que el hombre luche por ellas. Ahora, siglos después, la visión anticipatoria de Butler gracias al progreso necesita ser actualizada. Con el progreso, ya no se lucha por las máquinas; se compite por y para venderlas, y tal vez la forma más sutil de esta competencia es la que practican esos técnicos germanos que sutilmente aspiran a vendernos las máquinas y compramos, digamos, los jamones. Irlandeses, griegos e incluso algunos inteligentes españoles, según la información de ABC a la que venmios refiriéndonos, le ven el rabo al gato alemán y nuestro despierto ministro de Economía, Rodrigo Rato, le da una fina revolera a la cuestión al decir que dentro de un par de años España puede alcanzar el 90 por ciento de la actual renta de la industrializada Alemania, aunque se calle de qué manera. Si a uno en su ignorancia se le ocurre que lo que se propone el ministro señor Rato con moderno sentido de la economía es intensificar la industriaUzación nacional y aminorar, en cambio, el gasto agrícola, no sabemos por qué, nos parece que está dando en el clavo. Quizá es, confesémoslo, que de estas cosas tan complicadas apenas sí sabemos nada. Lorenzo LÓPEZ SANCHO