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44 ABC O: no la entiendo. Y sin embargo se repite año tras año como si fuera lo más normal del mundo. Por supuesto me refiero a la Navidad de los adornos, la de las luces parpadeantes y llamativas, la de los obsequios obligados, la de las pequeñas reconciliaciones esporádicas para fingir que nos consideramos todos hermanos, la de los tópicos que desean felicidad al buen tuntún y a la de las letrillas entre bobitas y sensibleras insistiendo en que la Virgen tiende los pañales en el romero mientras los angelitos velan el sueño del Niño, o recalcando que los peces beben y beben y no paran de beber, o que las noches son blancas y los pastorcitos cantan y las nubes se levantan, etcétera. Canciones tan insustituibles como insustanciales casi siempre entonadas por gentes que ni creen en la Virgen, ni saben quién era Jesús y si lo saben ignoran que no sólo nació de mujer sino que su verdadero padre fue Dios. Por supuesto también ignoran que si el follón que se arma en las fiestas navideñas, no hubiera tenido su principio en aquel nacimiento, las gangas festivas que hoy se celebran no existirían. Naturalmente tampoco entiendo la Navidad de los aguinaldos. Ni la de los que medran vendiendo regalos inútiles sólo porque es lo que se estila en esas fechas. Ni asimilo que todos, incluso los judíos, feliciten a sus amigos esos nacimientos con cartoncitos saturados de flores, estrellas, paisajes nevados o lo que sea, para cumplir con una obligación impuesta hace dos mü años aunque esa obligación no encaje con sus ideas religiosas. Y no hablemos de los que, gracias a esa Navidad, disfrutan días de vacaciones, y de los viajes que se realizan a costa de ellas aunque los resultados se aproximen más a los desmadres de Heredes que a los hábitos austeros de San José. También me desconcierta y me duele el aje- TRIBUNA ABIERTA SÁBADO 26- 12- 98 N NO ENTIENDO LA NAVIDAD sido otra cosa. Algo muy entrañable que me confirma en la fe y que me obliga, con más ahinco que nunca, a suPor Mercedes SALISACHS plicarle a Dios que no treo de los árboles arrancados de su habitat sólo nazca una vez al año, sino que se enpara ser instalados entre cuatro paredes y su- carne en cada niño que viene al mundo para frir la humillación de verse disfrazados con que en ellos permanezca aquello que la Navivergonzosos lacitos de colores, de lucecitas dad actual está rechazando. minúsculas fingiendo ser velas; ristras de Y también para juplicarle que, puestos a guirnaldas plateadas; estrellas rutilantes en recordar, nadie olvide que lo que se celebra lo alto; botas de mil colores e infialocadamente, jamás hubiera ponidad de adornos que no sólo desdido celebrarse sin la existencia virtúan la belleza natural de sus de un nacimiento saturado de ramas verdes, sino que incluso inmansedumbre y sensatez; ambas sultan su condición de árbol. cosas tan marginadas y tan poco apreciadas ya por los que ensalMenos aún comprendo esa prozan y practican los jolgorios acfusión de Papas Noeles, con sus tuales. grotescos jo- jos sin sentido y sus barrigas hinchadas a fuerza Tal vez si eso llegara a prevalede almohadas o trapos (según la cer entre los que olvidan la vercategoría de la tienda que los condad y el origen de esas fechas, entrata) intentando convencer a los tonces tanto los spots de los tuniños que se les acercan, que la rrones, como los lacitos de los Navidad es eso: vestirse de rojo, árboles, las lucecitas fingiendo ponerse barbas blancas y un goser velas, los villancicos bobitos e rro rematado con una borla del incluso los obsequios que se enmismo color; besuquearlos mutrecruzan entre los famUiares, decho y recomendarles que sean Mercedes Salisachs jarían de desconcertarme y me buenos y que sobre todo no maten predispondrían a comprender meEscritora a nadie aunque la televisión les jor su curioso e inaudito sentido indique lo contrario. ritual. Pero lo que ya no me cabe en la cabeza son No obstante por ahora continúo inmersa esos reclamos sexy de ciertos spots pu- en la opacidad más absoluta cuando intento blicitarios saturados de burbujas o de cuer- extraer la razón de esa Navidad que todo el pos entrelazados en franca posición erótica, mundo celebra con el entusiasmo de lo esquimientras se balancean campaneando arre- zofrénico, siendo así que debería ser considebatos y cuya intención me resulta tan ina- rado como un homenaje a la paz y a la buena decuada, como cursi y sensiblera se me an- voluntad de lo sencillo y de lo que rebosa toja la fuerza de esos turrones por la emoción gozo, sosiego y humildad. que provocan a los papas y a los abuelitos Ojalá la entendiera. Pero insisto: no la encuando, gracias a ellos, los hijos pródigos tiendo. Quizás pudiera entenderla si en vez vuelven a casa de Navidad se le llamara otra cosa. Pero, ¿cuál podría ser ese nombre? No lo sé. No se En suma: no entiendo nada. Y es que para mí la Navidad siempre ha me ocurre ninguno. hay hoy más placa que la de Pedro de Répide, 1882- 1948, escritor, autor de Las calles de Por Asís LAZCANO Madrid Las calles... es un la Rusia soviética como reportero, viajes tras tocho monumental, una especie de diccionalos que volvía a perpetrarse en su Madrid pe- rio de paseante en corte, con una erudición queñito y aldeano, que reflejó en novelas de primera mano, más que de biblioteca del como Del Rastro a Maravillas o Los cohe- paseante que oye a las vecinas hablarse de tes de la verbena Nostálgico, regresa en balcón a balcón, contando sus recuerdos en 1948 de su exilio en Venezuela para morir en un poniente de leyenda. Es un Madrid con im Madrid que le había olvidado y que ya le fondo de huertas y manantiales y en el que se oye a los grillos cantar en los tejados. desbordaba. La casa en que nació Répide todavía sigue Répide llega a recoger mil cañes- 1044 para en pie, en lo más remetido y profundo de la ser más exactos- de las que nos da su etimociudad, calle de la Morería. Es una casa de logía, leyendas, historias, tradiciones, persopiedra marrón y arenisca, con humedad de najes célebres que han vivido allí... Madrid de barrios bajos en la fachada, desde cuyos bal- las mU calles frente a las más de veinte mü cones se contempla el arco iris del Viaducto. actuales. ¿Cómo iba a imaginar un madrileño El Ayuntamiento tendrá que ponemos dos del Viaducto la M- 30, la M- 40, las grandes ciuplacas conmemorativas le dijo un día Cansí- -dades dormitorios? ¿Qué historias nos habría nos, que habitó también el inmueble. Pero el contado Répide de estos barrios masificados? sevillano se equivocó de medio a medio y no No sabemos de qué habría escrito de vivir en 1998. Quizá habría cambiado las manólas y organilleros de sus novelas por inmigrantes y camellos, las verbenas por afterhous y las casas cubiertas de hiedra por bloques de cemento. El callejero de Répide se ha visto desbordado, pero todavía hoy a cincuenta años de su muerte podemos imaginarnos su fantasma- la cara empolvada, vestido de jipijapa y el sombrero ladeado- el fantasma de Pedro de Répide recorriendo los esqueletos de los edificios en construcción. i UIZÁ no sea mal momento para recordarle, en 3 S que se va, pródigo en conmemoraciones, cuando se cumplen cincuenta años de su muerte. Dentro de otros cincuenta, ¿quién se acordará de Pedro de Répide? Ya los escritores de su tiempo, compañeros de generación, le miraban como se ve pasar a un fantasma. Solitario y evasivo, con traza de organillero dijo de él Cansinos Assens, que le veía ir tras los chulos de los barrios bajos. Su cara empolvada, sus gestos amadamados lo traicionaban Y Ruano: Gangoso, con voz de fonógrafo, divertido y ocurrente, oliendo a perfume barato y a churros de verbena Gómez de la Serna, envidioso de su traza exuberante, le compara con un domador de circo. Répide sin embargo encarna mejor que nadie el mito del escritor callejero. Mezcla de pierrot y abate dieciochesco, erudito de a pie, camastrón y bastardo, ni siquiera se sabía quienes fueron sus padres, habiendo quien le suponía hijo natural de Isabel II, de la que fue secretario en París. Répide es una mezcla extraña de escritor cosmopolita y castizo, como si necesitara todo el maremagnum del planeta para ver después con más nitidez el azul del cielo madrileño y aspirar con mayor deleite el aire de la sierra. Anduvo en París, Marruecos, hizo la travesía del Mar Negro hasta el Caribe, recorrió EL CALLEJERO DE RÉPIDE ABC CUMPLE CON SUS PALABRAS