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18 ABC OPINIÓN Panorama MIÉRCOLES 2- 12- 98 COLORÍN COLORETE mi abuela, cosa se pierde lo encontrarla, es poCOMO decíamejor, para cuando una debajo. ner la mano encima: siempre aparece Pues eso, más o menos, habría sucedido ahora con el Colorín colorete aquel lejano libreto teatral, del ciclo de La pájara pinta que su autor, Rafael Alberti, creía irreparablemente esfumado en el vértigo de los tiempos. En La arboleda perdida Alberti da cuenta de que mediada la década de los veinte puso sus mejores ilusiones en el teatro. ¿En el teatro? se preguntaba. Releyó lo que llevaba escrito de El hombre deshabitado y la obra le pareció oscura, difícil ¿Quién se atrevería con ella? Desde luego, no cabía esperar el entusiasmo de los actores, ni el de los directores, ni el de los empresarios. Entonces, trazándose un guiño, probó fortuna con los libretos musicales, cuyas perspectivas se le representaron bastante más favorables. Con un nuevo libreto escribe, me fui a ver a Adolfo Salazar uno de los grandes musicólogos del 27. Pretendía que Salazar se lo enviase a un músico francés, preferentemente a Darius Mihaud, pero su intento se cerró sobre el fracaso. Y el libreto en cuestión, que era el Colorín colorete se volvió con él de vacío, relegado después al olvido, al menos en apariencia. Porque Alberti, claro, no se dio por vencido. ¿A quién recurrir? se preguntaría. Parece que pensó en Falla, pero él mismo lo descartó. ¿Entonces? Ahí estaba la gran alternativa, nada de en Francia, sino bien al alcance, a mano: Ernesto Halffter, magistral y amigo. Y ha sido entre sus papeles, entrañablemente custodiados por los brillantes continuadores de su saga, donde acaba de reaparecer, indemne y completo, el Colorín colorete Se trata del original, no de una copia. Del manuscrito definitivo, fechado en 1926, en cuya portada se indica que a las músicas de Halffter acompañarían decorados, trajes y máscaras de Benjamín Falencia, tal vez asimismo recuperables ahora. También ñgma el subtítulo: Nocturno español en un solo cuadro En total, veintitrés páginas en su integridad ológrafas. Teatro de vanguardia, y de vanguardia radical, con personajes como un fantoche, una fantocha, un farolero, otro farolero, un cura, una maja o un fumista y otro fumista, además de un coro de perros y gatos invisibles en el momento de escribir La arboleda Alberti subrayaba la peculiaridad del lenguaje: un lenguaje inventado, que hacía innecesaria su traducción lo que remitía a una sucesión de asociaciones rítmicas, juegos fónicos y onomatopéyicos que, efectivamente, ahora se han confirmado, certificando así este episodio experimental en el plural panorama de las técnicas innovadoras que, al otro lado del escenario, ensayaron en aquellos años nuestros más inquietos autores. La Fundación Rafael Alberti (El Puerto de Santa María, Cádiz) presentará la obra, estudiada por Eladio Mateos, el próximo día 14 de diciembre con motivo del ya casi centenario cumpleaños del poeta. No habrá representación, pero sí lectura y larga memoria. Sin duda resultará memorable la simbólica subida de tal telón. Gonzalo SANTONJA EL FUTURO PREVISIBLE- Siempre he dicho que esa manía de profundizar nos traería disgustos. Planetario EL PORVENIR DE MADRID alguna idea tiene muy el de ViSyIprendedor yeseficaz alcaldeclaraestaemlla Corte que Madrid, don José María Álvarez del Manzano, es que el antiguo proverbio griego que dice que una ciudad es un gran desierto, no dice la verdad. Si Madrid fuera un desierto no siempre estaría con sus calles y sus abarrotadas plazas de indígenas y forasteros, que como ya escribía Calderón de la Barca, son hijos de igual cariño nacionales y extranjeros Lo que más cuidados da al alcalde Álvarez del Manzano no es que ahora inunden las calles matritenses muchos más forasteros que en tiempos de Calderón, porque de suyo es hombre acogedor y simpatizante. Lo malo es que, si no todos, muchísimos de esos forasteros siempre cordialmente recibidos vienen con sus vehículos de todas clases, y a esa muchedumbre rodante no hay cristiano que le facilite espacios suficientes para aparcar. Evidentemente, el alcalde lleva tiempo planteándose el problema. Se han estudiado ya proyectos llenos de nombres poéticos o sonoros: el Amatista el Topaz el Red que ya tiene que ver en la idea de los aparcamientos subterráneos para coches, y échele usted millones y millones, señor alcalde. El concejal de Obras Públicas, Enrique Villoría, acaba de hablar de posibles autopistas subterráneas, que es una buena idea, pero de momento sólo eso, porque todavía no existe un proyecto concreto y, lo que es más difícil, financiado. En París, según se sabe, un proyecto ñamado, muy simbólicamente, Hisopo dio, hace ya nueve años, alguna solución al problema del que ahora habla nuestro concejal. La utilización del subsuelo ya no es una ÍSíí 3 rw Sí íáSiSSímiSí? m SLíSÍ? iSgS: í; íSÍ! SSiSS 5 gSí 5 S novedad. Millones de viajeros han pasado ya por el Canal de la Mancha, pero no es lo mismo cruzar por debajo el mar que circular, y menos aún, estacionar, miles de coches debajo de la Gran Vía. Naturalmente, basta que el concejal Villoría hable de crear un vivo Madrid subterráneo para que el concejal socialista Eugenio Morales diga que no. Lo suyo en la vida municipal no es hacer sino oponerse. De antiguo han venido pensando más ideológica que prácticamente en los transportes públicos, como si esta fórmula K ÍKGno hubiera fracasado insistentemente. El alcalde Álvarez del Manzano se encuentra ante un proyecto de ley que podría convertir a Madrid en una de las ciudades del mundo más modernas, más circulables y, sobre todo, más aparcables. Estamos marchando ante un período preelectoral, y Álvarez del Manzano, prestigioso alcalde, y su concejal de Obras Públicas se encuentran ante la gran ocasión de proyectar el que podría ser uno de los grandes trabajos para situar a la Villa y Corte en su gran ciudad moderna de comienzos y del siglo XXI. Se ha dicho mucho que el i porvenir pertenece a los innovadores, i Aquí están, pues, los porvenires del al- i calde, el concejal y el de Madrid. Todo consiste en un simple cambio de punto de vista. En lugar de seguir alargando incesantemente la Villa en sentido horizontal, hacerla crecer en sentido vertical, o sea, de arriba abajo. No cabe duda de que la idea puede parecer un sueño extravagante, pero una gran ciudad en pisos sustituiría los automóviles por ascensores. El señor alcalde, seguramente, tiene mejores ideas. Lorenzo LÓPEZ SANCHO