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MIÉRCOLES 18- 11- 98 ABC 91 La Fundación revive El Centro Dramático Nacional estrenó en Oviedo una magnífica nueva producción de la obra de Buéro VaUejo Casi veinticinco años después, La Fundación ha resucitado. Casi veinticinco años después, la tragedia de cinco hombres que esperan juntos el castigo de la muerte vuelve a sacudir los estómagos del público. Casi veinticinco años desAntonio Buero Vallejo no pudo estar ayer, por problemas de salud, en el estreno de esta nueva producción de su obra La Fundación que el Centro Dramático Nacional- con su director, Juan Carlos Pérez de la Fuente, a la cabeza- han traído al Teatro Campoamor de Oviedo. Es, probablemente, como dijo la actriz Esperanza Campuzano al final de la representación, la primera vez Oviedo. Julio Bravo pués, ese mimdo feliz tejido para enterrar culpas deshonrosas y aliviar frustraciones regresa a los escenarios. Casi veinticinco años después, una de las obras capitales de Buero Vallejo ha vuelto a la vida. Y lo ha hecho con vida. función confesaba que la dirección de actores había sido el trabajo en el que más empeño había puesto, porque Buero no los delimita, sino que los traza con pinceladas, con ráfagas. Y en ella incide. Los elementos escénicos son los justos, aunque el sentido ritual que Pérez de la Fuente ha querido otorgarles a la música (variaciones sobre la Pastoral de Guillermo Tell de Rossini, la obra que marcaba originalmente Buero en sus acotaciones) y al telón, que aparece en las transiciones, y donde veintidós pantallas esbozan una cruz que se Uena de manchas de colores que quieren recordar distintas obras de arte, no termine de encontrarse con el resto del montaje. La escenografía del arquitecto Óscar Tusquets (que por primera vez se enfrenta a un escenario) cumple la función que Pérez de la Fuente quiere otorgarle. Tiene el suficiente grado de desnudez que exige el lugar que representa, pero al tiempo se alza majestuosa; la iluminación de José Luis Alonso y Luis Martínez es excepcional, y compone perfectamente ese estado de degradación que el autor se pierde el estreno de una de sus obras. Pieza capital En realidad, el de anoche no fue un estreno propiamente dicho, sino una reposición. Buero Vallejo estrenó La Fundación el 16 de enero de 1974 en el Teatro Fígaro de Madrid. Entonces se saludó como una pieza capital en la dramaturgia de Buero Adolfo Prego dijo de ella que es una obra ante la que hay que descubrirse; por su densidad y por la maestría profesional con que el autor hace vivir un pensamiento complejísimo y sutil Pero las circunstancias políticas y sociales han variado mucho en España en estos últimos veinticinco años. Entonces, el drama de los cinco condenados a muerte que esperan su ejecución tenía unas connotaciones que hoy en día no existen. Sin embargo, el texto de Buero Vallejo sigue siendo un puñetazo seco en el estómago del púbUco. Durante dos horas, el autor juega a la desorientación. El público cae en la trampa que uno de los personajes (Tomás) propone: no están en una celda, sino en una generosa Fundación que les acoge para permitirles desarrollar sus investigaciones. Buero, sin embargo, va haciendo que el castillo de naipes se vaya desmoronando poco a poco, que el colorido velo que cubre la negrura de una vida sin aparente esperanza caiga poco a poco, y cuando el espectador comprende por fin qué está sucediendo en escena los corazones empiezan a latir a mayor velocidad. Juan Carlos Pérez de la Fuente cree en la vigencia y en el poder del texto (sin duda, el más denso y críptico de la obra de Buero Vallejo) y pone el acento de la función en la palabra y en los actores. Minutos antes de que empezara la Antonio Buero Vallejo y Juan Carlos Pérez de la Fuente anímica que invade tanto a los personajes como al público, que según va comprendiendo la trama va encogiendo el estóm o. Pero la palabra de Buero es la gran protagonista de La Fundación y también lo es de la puesta en escena. Pérez de la Fuente ha reunido los dos actos y la obra se ofrece sin descanso. Para ello, como ya hiciera José Osuna en su estreno en 1974, ha tenido que recortar el texto para dejarlo en algo más de dos horas de representación. Y llena ésta de detalles, especialmente de miradas cómplices entre los cuatro personajes que conocen y consienten el dehrio de Tomás. Perfectamente dibujados Los cinco reclusos protagonistas de la tragedia (como el resto de los personajes secundarios) están perfectamente dibujados, y delimitados sus trazos para darle a cada uno un color, dentro de un mismo tono ocre (también el del vestuario, diseñado por Rafael Garrigós) Ginés García Millán, Pepe Viyuela, Joaquín Notario, Juan José Otegui y Héctor Colomé son sobresaüentes traductores de esa angustia ahogada que termina por salir a la superficie siempre. Esperanza Campuzano posee la belleza y el misterio que su personaje, Berta, requiere, y Juan Fernández (siempre inquietante) Daniel Albaladejo, Juan Prado, Lorenzo Área y Alberto Roca terminan de componer un lienzo interpretativo compacto. El Centro Dramático Nacional tenía una deuda con Buero Vallejo. Hacía casi cuarenta años que no se representaba en un teatro oficial al que sin duda es el autor teatral vivo más importante que hay en España. Y este montaje de La Fundación que viajará después por distintos puntos de España antes de desembarcar en el Teatro María Guerrero de Madrid, salda esa deuda, pero abre una nueva cuenta: la de la gratitud y el reconocimiento hacia el autor, sin duda uno de los talentos mayores de la historia de nuestro teatro. Crítica de teatro Así que pasen cinco años el tiempo como sueño, el tiempo como herida Titulo: Así que pasen cinco años Autor: Federico García Lorca. Director: Joan OUé. Escenografía: Jon Berrendo. Vestuario: Miriam Compte. Iluminación: Quicu Gutiérrez. Música: Paco Ibáñez. Intérpretes: Ernesto Collado, Manuel Carlos Lillo, Julio Manrique, Daniela Feixas, Álex Rigola, David Selvas, Marc Martínez, Jordi CoUet, Andrea Montero, Marta Domingo, Bea Guevara, Josep Peñalver y Franco di Francescantonio. Teatro de la Abadía. Festival de Otoño. Federico García Lorca terminó Así que pasen cinco años el 19 de agosto de 1931, justo cinco años antes de que lo asesinaran. Era una de sus apuestas por un teatro distinto, misterioso, innovador, difícil, que nunca vio representado. Subtituló esta com día Leyenda del Tiempo pues el tiempo es la médula amarga y quebradiza en torno a la que se debaten los personajes. El tiempo como magnitud relativa, en la que todas las cosas suceden simultáneamente y los recuerdos lo son del futuro, y donde lo que ha de pasar ha pasado ya. Un sueño, una herida en la memoria, una pesadilla circular. El tiempo... y la imposi dad del amor, la fisura insalvable entre la reaüdad y el deseo, entre el ser y la apariencia. Aparecen aquí los fantasmas de la pasión siempre pospuesta porque puede nal de que se alimenta el surreamás la tersura imaginada que el lismo. cuerpo próximo, cierto y cómY en esta evidencia del violento plice. Hay quien incide en que vigor de su palabra radica tamLorca transparenta en esta pieza bién la dificultad de su teatro y su su insatisfactoria y angustiosa condena. Materializar esas imápercepción íntima de pulsiones o genes supone con frecuencia su experiencias heterosexuales. neutralización, y lo que. en el Joan Ollé sitúa esta comedia texto es una jugosa selva de sugeimposible en el paisaje irreal, en- rencias queda en escena distante, tre superficie lunar y escom- inane a veces, disecado vuelo de brera, creado por el escenógrafo la mariposa atravesada por el alJon Berrondo. Un territorio por filer del entomólogo. El montaje el que deambulan criaturas de de Ollé encierra momentos muy consistencia onírica, presencias bellos y el trabajo de los actores tal vez imaginadas, máscaras, es sobresaliente, pero es arduo arlequines y maniquíes sacados sumergirse en el acuciante juego del atiborrado almacén de la temporal propuesto por el autor y imaginería surrealista. Porque todo queda como envuelto por Así que pasen cinco años está una gasa de brillantez poética. El empapada del desgarramiento púbhco del estreno aplaudió calusonámbulo que García Lorca rosamente la función. inocula en sus potentes imágenes, que apelan a la raíz irracio- Juan I. GARCÍA GARZÓN