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40 ABC INTERNACIONAL Europa del Este LUNES 16- 11- 98 Stanislav Petrov: el hombre que lo perdió todo por evitar el holocausto nuclear El Ejército soviético le expulsó tras su detección de una falsa alerta Moscú. D. Merry del Val La fecha del 26 de septiembre de 1983 no se recuerda por nada en especial. Sin embargo, en los primeros minutos de ese día, el destino de la Humanidad pendió de un hilo. Una de las peores pesadillas de la Guerra Fría estuvo a punto de hacerse realidad: el holocausto nuclear por error informático. Aunque lo impensable pudo ser evitado a tiempo, la vida de im hombre, el teniente coronel Stanislav Petrov, quedó irreversiblemente arruinada. Corrían los años 80 y eran los tiempos del MAD, la abreviatura Arsenal nuclear de la antigua URSS, inglesa para Destrucción Mutua Asegurada (que como palabra significa loco teoría según la cual un ataque nuclear de una de las dos superpotencias acarrearía una respuesta de consecuencias devastadoras, haciendo imposible la victoria en una tercera guerra mundial. Para los optimistas del equilibrio del terror, esto garantizaba la paz mundial. Sin embargó, siempre cabía una guerra por error en los sistemas de La pantalla del ordenador indicaba de manera inequívoca que im misil intercontinental Midetección o de lanzamiento de misües. La noche del 25 al 26 de septiembre de 1983 nuteman acababa de abandonar su base de empezó de forma rutinaria en el Punto Cen- lanzamiento en los Estados Unidos. A los potral de Mando de los Sistemas de Detección de cos segundos siguieron otros misiles, todos Ataques con Misiles, en la base de Serpujov- eUos con rmnbo al territorio de la URSS. 15, a un centenar de kilómetros al sur de Cinco o seis segundos después de que soMoscú. El teniente coronel Stanislav Yevgra- nara la alarma, miré hacia abajo- mi despafievich Petrov, un ingeniero informático de cho estaba en el piso superior deL puesto de reconocida profesionalidad, asumió el mando mando- y vi a la gente que salía de sus sitios en el tumo de servicio. Su misión consistía en de trabajo y se quedaban mirándome, espeanalizar la información suministrada por los rando mis órdenes. Teníamos que ponernos a satélites que mantenían bajo vigilancia los si- trabajar, así que les dije que volviesen a sus tableros de control, pero por el momento no los de cohetes norteamericanos. tomamos ninguna decisión Fuera lo que fuese, era necesario actuar con rapidez. En Fallos electrónicos unos cuarenta minutos, los misiles impacEn aquella época los sistemas de detección tarían en el territorio soviético. de misiles, basados en los satélites Oko Durante aquellos angustiosos momentos, la Ojo o Kosmos- 1382, estaban todavía en decisión sobre una eventual respuesta estuvo fase de experimentación, pero los militares en manos de Petrov. Si daba por buenos los soviéticos confiaban en ellos para la detección datos suministrados por el satélite, debía de cualquier ataque de la superpotencia rival. mandar la información al secretario general Los satéUtes, colocados en unas órbitas elípti- del PCUS (a la sazón, Yuri Andropov) al micas muy altas, recibían fuertes dosis de radia- nistro de Defensa y al jefe del Estado Mayor y ción y carga eléctrica contra las cuales no desde ese mismo momento empezaría a ejecutenían ningún mecanismo especial de de- tarse el mecanismo de respuesta. Sin emfensa. Esto provocaba fallos en sus sistemas bargo, el instinto del ingeniero informático le electrónicos. Para colmo de males, los ordena- indicó que se trataba de una falsa alarma. De dores encargados de procesar los datos eran hecho, Petrov decidió desobedecer el procediprimitivos y de escasa ñabilidad. miento previsto en contra de todas las indicaTodo comenzó a las doce y quince minutos ciones de que disponía. La información de del viernes 26 de septiembre de 1983. Aca- que yo disponía no era la única. Había otros baba de tomar el té con mi adjunto exphcó a avisos. Por ejemplo, la estación de radio ABC Stanislav Petrov en su apartamento de mandó una advertencia. Pero catorce años Friasino, a 40 kilómetros de Moscú, donde re- después sigue siendo un gran secreto de Esside actualmente, cuando de repente sonó la tado afirma Petrov. alarma y la pantalla se iluminó en rojo. EsLa alarma había pasado y se había restabletaba preparado para una situación así, porque cido la normalidad. La sangre fría de Stanisme habían designado para ese puesto por ser lav Petrov había evitado el desencadenaun profesioned. Sin embargo, en aquellos mo- miento de un ataque con misiles contra los mentos no podía evitar ima sensación de per- Estados Unidos y tal vez el temido Armaplejidad ante lo que veía No era para menos. guedón nuclear. Sin embargo, la esperada y Marcado para siempre por la enfermedad y el alcohol Moscú. D. M. El pueblo de Friasino, donde vive el ex teniente coronel Stanislav Petrov, refleja toda la sordidez de la vida cotidiana en Rusia, más evidente que en las grandes ciudades y desde luego que en la capital. En esta aglomeración, situada a unos cuarenta kilómetros de Moscú, malviven unas 35.000 personas, la mayoría militares retirados forzosamente del Ejército en alguna de sus sucesivas reducciones de personal. La casa de Petrov es uno de esos mínimos apartamentos soviéticos donde el desorden y la suciedad hablan de la dureza de la supervivencia cotidiana. El hombre que abre la puerta es un reflejo viviente de la enfermedad que le consume, una enfermedad del alma con síntomas visibles en el cuerpo. Esquelético y demacrado, con la barba y el cabello blancos seguramente más del estrés que de la edad, desgrana sus palabras con una voz ronca y difícilmente audible. Quien le conoce explica que el ex militar se bebe prácticamente toda su pensión mensual de unas quince mil pesetas. La tarea de encontrar a Petrov y desenterrar su historia del olvido estuvo llena de obstáculos. Pasaron varios años desde que Safronov, periodista del diario Kommersant oyó por primera vez la historia de labios de un colaborador del ex teniente coronel, hasta que pudo realizar pesquisas que le condujeron a dar con su paradero. Las primeras preguntas tropezaron con la advertencia de que convenía abandonar la investigación, ya que el caso se encontraba bajo jurisdicción militar, pero cuando Petrov fue expulsado del Ejército se levantaron las restricciones. lógica feücitación nunca Uegó. Si me preguntan si me condecoraron, la respuesta es no. Es más, los jefes que llegaron de inmediato al puesto de mando empezaron a preguntarme por qué no había escrito todo en mi diario de combate. Pero ¿cómo podía escribir si tenía en una mano el teléfono para hablar con los jefes y en la otra el micrófono para dar las órdenes a mis subordinados? exphca. Aquello fue sólo el comienzo de una kaíkiana investigación, que prosiguió con cuatro días de intensos interrogatorios, después de los cuales pudo Petrov regresar a su casa. Chivo expiatorio Como solía ocurrir en estos casos, la comisión de investigación que se formó para determinar las causas del incidente estaba formada por los verdaderos responsables del mismo, entre ellos el general Yuri Votintsev, comandante supremo de las Fuerzas de Defensa Espacial y el constructor general del Instituto Central de Investigación Científica Kometa Igor Savin, creador del sistema de alerta contra misiles. Como resultado, decidieron que Petrov cargaría con la culpa del suceso. Como castigo, el teniente coronel fue expulsado del Ejército. Perdió no sólo el empleo, sino también la salud, pues sufrió una crisis nerviosa que le obhgó a recibir atención psiquiátrica y cuyas trazas todavía son evidentes. En nuestro país, en la ex URSS, a los jefes no les gustaba que sus subordinados fueran más listos que ellos afirma.