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88 ABC TRIBUNA ABIERTA SÁBADO 7- 11- 98 un período en el que estaban socialmente vigentes muchas supuestas verdades contradictorias entre sí- época de las ideologías- ha sucedido otro período- aquél en el cual nos encontramos- caracterizado por negar la existencia de la verdad, por negar la posibilidad de la adecuación del pensamiento a la cosa, en tanto en cuanto se afirma que la cosa no tiene una existencia objetiva o que la cosa es modificada por la mirada o la voluntad del sujeto del pensamiento en cuestión. (Por su ¿puesto, las ideas subyacentes a esta postura no se exponen explícitamente y en su radicaUdad, por miedo a que sean rechazadas por los otros, por miedo a que quien las sustenta se vea obligado a reconocer su sentido último y no pueda seguir sustentándolas, sino mediante fórmulas más o menos coloquiales y tradicionales: Todo es según el color del cristal con que se mira todo depende... por citar ejemplos que hacen referencia a anuncios publicitarios o a canciones de moda) Decir que lo anterior produce confusión, desorientación, no creo que sorprenda a nadie: por más que pretendamos que no, la realidad está ahí, resistiendo a nuestros intentos de sus ¿tituirla por nuestros sueños y quimeras, y si no la vemos en su mismidad, difícilmente conseguiremos realizar las acciones necesarias para adecuarnos a ella sin negarnos a nosotros mismos. Lo que, en cambio, puede chocar en un primer momento a algunos es que se sostenga- como estoy a punto de hacer- que el subjetivismo exacerbado del presente- por llamarlo de alguna manera- produce, a más de confusión y desorientación, daños y desequilibrios graves en uno y en los demás. Y, sin embargo, es así: no se puede atentar contra lo que es- en sí y fuera de sí- sin producir- en sí y fuera de sí- efectos negativos e ineluctables. La explicación de que esos daños y desequiñbrios graves se produzcan no puede ser más sencUla. En efecto, si tanto yo como lo que me es ajeno estamos sometidos a leyes de vigencia perenne, intrínsecas a nuestras respectivas na- A LA BRÚJULA INTERIOR religiosos o sociales no coincidentes en todo con ella que rompen el necesario y natural equilibrio entre los intereses Por Leopoldo AZANCOT de Dios, del individuo y turalezas, toda violación de las mismas tiene de la sociedad- coincidentes en lo profundo, de que afectarnos para mal porque esa violación hecho- y, últimamente, para sustituirla por supone una negación de lo que, querámoslo o nuestra voluntad de diosecillos capaces, no, somos. Conocer, pues, esas leyes, para so- mentidamente, de dar sentido caprichoso a meternos a ellas, es la condición sine qua nuestras vidas- esta voluntad de hacernos a non para funcionar bien, para estar en concor- imagen y semejanza de nosotros mismos, de lo que creemos que somos nosotros dancia con nosotros mismos- éste mismos, es sencillamente groes el otro nombre, tantas veces igtescanorado, de la felicidad- para no dañar ni dañarnos. LamentableHay, además, en la. actualidad, mente, mientras que no ponemos en modos más sutiles y más trampoduda la existencia de esas leyes en sos de poner en entredicho la recta el plano de la física- sólo un orate conciencia, de intentar socavar sus creerá que se puede tirar a la calle fundamentos, de presentarla como desde el piso cuarenta de un rascaajena a nuestra naturaleza. Excielos sin hacerse daño- sí lo hacepondré sintéticamente, a continuamos en lo que respecta a la existención, algunos de ellos; cia de esas leyes en el plano de la Se sostiene o se hace como si ética, de lo espiritual o anímico: mufuera posible realizar una acción chos creen que tal acto es bueno o sin conciencia de ello. malo según a ellos les parezca en Se postula que uno ha hecho lo cada momento, y que lo que es que ha hecho porque no podía habueno para ellos puede ser malo Leopoldo Azancot cer otra cosa. Escritor para los demás- como si los demás Se pretende que uno valora esse rigieran por leyes distintas a las pontáneamente un acto de un suyas: el acto de robarme algo es tan malo para modo distinto al de los demás para mí es mí como para quien me roba, aunque de dis- bueno eso que para ti es malo tinto modo y aunque quien me roba crea que Se afirma que uno puede desconocer las conpuede robar sin dañarse- secuencias de sus actos. La prueba iimegable de que estamos regidos Se niega que los actos de uno produzcan efecpor leyes morales tan férreas como las físicas tos negativos (o tan negativos como las vícti- la übertad consiste en buena medida en nues- mas de los mismos sostienen) tra posibilidad de vulnerarlas- de que todos Es posible que sosteniendo, postulando, prenuestros males vienen de la violación por noso- tendiendo, afirmando y negando lo que antetros o por otros de dichas leyes, se encuentra cede no se pretenda sino eludir la responsabilien la existencia de una recta conciencia común dad por determinados comportamientos negatia todos los hombres en cualquier época y país; vos a los que no se quiere renunciar, pero, de una recta conciencia que nos dice en todo mo- hecho, con estas excusas se acaba por colabomento qué es lo alto y qué es lo bajo, qué lo Tcir en la ominosa tarea contemporánea de acabueno y qué lo malo, qué lo apropiado y qué lo llar la voz insofocable de la conciencia, de esa inapropiado, etcétera, a pesar de nuestros in- conciencia que es nuestra infalible brújula intentos de acallarla, de sustituirla por códigos terior. logrado reunir un buen número de cuadros del pintor extremeño diseminados en múltiples Por Alvaro VALVERDE colecciones y museos, tanto nacionales como sé si en bvisca de algún trono perdido, y a Ju- extranjeros. Seis salas, seis, reúnen la obra lio Llamazares cenando en Modesto lo que del de Fuente de Cantos: los cuadros para El Convento de San Pablo y sus primeros condemuestra el buen gusto del poeta leonés. Pero quien concitaba buena parte de la tratos, los grandes encargos en Sevilla, los de atención de los sevillanos (menos) y de los su primer viaje a la Corte, los hitos de su proforáneos (más) durante el puente (con per- ducción: Jerez y Guadalupe, el del Colegio de miso, claro está, de la acuática Isla Mágica Santo Tomás y los de su madurez en Sevilla y era el pintor Francisco de Zurbarán, del que se los últimos años en Madrid. Zurbarán es uno conmemora el cuatrocientos aniversario de su de mis pintores preferidos. Tengo entendido nacimiento. Como en este país somos cada día que mucha gente abomina de él. Y cuando más cultos a la primera intentona fue de digo gente me refiero a personas conocedorelacionadas directamente con el mundo todo pimto imposible Uegar siquiera hasta las ras, arte. del puertas del hermoso Museo de BeUas Artes. Por mi parte, me alegra compartir esa paUna cola serpenteante se revolvía multicolor sobre sí misma y evolucionaba lentísima por sión, como otras muchas cosas, con María entre los jardincülos y los árboles de la plaza, Zambrano, que reflexionó largo y tendido intentando adaptarse al espacio y no salirse, sobre su pintura, como me alegra haber según la tendencia, por las caUes adyacentes. coincidido con él en su ciudad del alma, SeEs cm- ioso: cada día se orientaba en una direc- vüla. A la vuelta, de regreso a casa, al atravesar ción distinta (a izquierda o a derecha) y su forma parecía variar atendiendo a la inspira- su pueblo, me acordé de él. También de una imagen de la estancia sevillana que se me ción de los colistas. El sol era implacable. El segundo y definitivo intento (inspirado quedó grabada; en las traseras de los Jardien el refranero español: A quien madruga nes de Murillo vi a alguien que paseaba con Dios le ayuda nos costó algo más de una un perro adiestrado. Fue entonces cuando le hora de paciente cola. Una vez dentro, como comenté a mi hija en voz baja: Leticia, es suele pasar, se olvidan pronto las penalidades verdad; ninguna desgracia como la de ser y se disfruta de una exposición única que ha ciego en Sevilla URANTE el pasado puente del Pilar, media España y buena parte del extranjero estaba en Sevilla. Uno (que, cómo no, también andaba por alió podría justificar lo que dice echando mano de las estadísticas: número de plazas hoteleras ocupadas, billetes de AVE vendidos, retenciones de automóviles en las entradas y salidas de la ciudad en número de kilómetros, etcétera. Puede dar fe de lo incómodo que resultaba pasear por las estrechas callejuelas del Barrio de Santa Cruz, de la imposibilidad de encontrar mesa en una terraza cualquiera de cualquier plaza o del irreverente agobio que se respiraba en la catedral a cualquier hora del día. Bien es cierto que el aire y la luz del benévolo otoño sevillano siempre compensan de esas y de otras incomodidades. Podrían ponerse tres ejemplos contrapuestos del gentío que abarrotaba la capital andaluza: el de un político, el de un personaje de eso que que llaman la vida social ¿o de la crónica rosa y el de un escritor. Así, uno pudo ver a Alfonso Guerra paseando con su hija Alma, es un suponer, y lo hacía, como no podía ser de -otra manera, con unos libros en la mano y por la Avenida de la Constitución; se topó con Luis Alfonso de Borbón, que, en compañía de unos amigos, pasaba deprisa por debajo de la C Giralda (aparentemente desmochada y realmente deslucida por culpa de unas obras) no D ZURRARÁN EN SEVILLA