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EDITADO POR DOMICILIO SOCIAL J. I. LUCA DE TENA, 7 28027- MADRID DL: M- 13- 58. PAGS. 128 PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 14 DE JULIO DE 1998 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUGA DE TENA II por cualquier cosa que se recibe algo se paga, puede que la formulación del castigo mítico a las culpas de la tecnología moderna sea la pérdida de la capacidad de asombro del hombre. El hombre, efectivamente, ya no se asombra de casi nada. En el último cuarto de siglo, el hombre ha obtenido datos sin precedentes de su propia naturaleza y: del universo. La genética animal y vegetalv al; lado de los fertilizantes químicos, la nueva maquinaria, la refrigeración y los transportes, han conducido a una tecnología agrícola capaz de soportar el aumento demográfico del planeta. La higiene rural y urbana, los enormes progresos de las ciencias biológicas, el descubrimiento de los antibióticos y los éxitos de la farmacología, nos hacen recordar tan sólo que existieron la viruela, la tos féri- na, la difteria o la poliomieütis. La cultura popular ha cambiado por completo su rostro con el libro de bolsillo, la televisión, el disco compacto y las redes y los archivos informáticos de datos. Si cada rama de la ciencia ha conseguido avances asombrosos, y si los fundamentos mismos de la física se conmocionaron con las teorías de la relatividad y de la mecánica cuántica, habrá que pensar que a ellos se deben los ordenadores, los hornos de microondas, las lavadoras, la multitud de apUcaciones de los láseres, las comunicaciones, los nuevos materiales y la imagen médica. Y que todo ello no sólo ha trastocado los hábitos sociales, sino que ha llegado a incidir con fuerza sobre el tiempo y la calidad del ocio y del empleo. Si el hombre ha llegado a la Luna y ha explorado Marte; si es capaz de transferir genes de unas especies a otras, de introducir genes humanos en mamíferos y obtener en su leche proteínas terapéuticas; si ha logrado curar las enfermedades propias reponiendo con otros nuevos sus genes maltrechos; si hasta ha conseguido crear individuos idénticos mediante una singular tecnología biológica, ¿tendrá algo de extraño que, acostumbrado al éxito sufra el castigo de no asombrarse por nada? Y así ha ocurrido hace pocas semanas. En una de las fantásticas etapas que se van cumpliendo rigurosamente en el camino hacia la averiguación completa del genoma humano, se han descrito todos los detalles del genoma del famoso Mycobacterium tuberculosis aislado en 1882 por Robert Koch, agente causal de esa endemia de la humanidad, proletaria y romántica a la vez, y tributaria principal de esa muerte de fondo colectiva que ha impregnado la humanidad hasta hace unas cuantas docenas de años. Bastaría, sin embargo, para asombrarse, echar una ojeada a las grandes pandemias y a los principales endemisinos que describe la historia desde que una epidemia, con todas las características de la peste bubónica, contribuyó a la derrota de los israelitas y a la pérdida del Arca de la Alianza. Desde entonces, Tucídides, varios S DE E KOCH, SIN ASOMBRO siglos antes de Cristo, documentó la peste de Atenas que destruía la memoria y la personalidad de los atacados; y en tiempos del emperador Justinianó, en el siglo VI, hubo ya una clara referencia a este tipo de plagas cuyas características clínicas justificaron el sobrenombre de muerte negra Y fue necesario esperar al siglo XIV a que pudiera documentarse la propagación geográfica y las medidas de protección frente a la primera gran pandemia de plaga bubónica que dio lugar a la iniciación renacentista de la rigurosa forma en que se ejerce actualmente la salud pública. En cada uno de los siglos siguientes, la plaga bubónica apareció en Europa de forma recurrente y diseminada, hasta que en la transición al siglo XX adquirió el carácter de pandemia universal ya que, por primera vez, se diagnosticó en América. Y fue por estas fechas, en 1894, cuando pudo identificarse el organismo infectivo causante de la enfermedad. A esta muerte colectiva contribuirían otros grandes motivos; entre eUos, las cuatro pandemias coléricas del siglo pagado, y la intrincada malla construida a base de fiebre amarilla, polio, escarlatina, difteria, viruela, lepra, rabia... y tuberculosis, en. la que tan sólo los jóvenes de hoy habrán sido capaces de no verse atrapados en alguna ocasión. Hace un siglo, Pasteur presintió que día llegará en que medidas preventivas de fácil aplicación acabarán con esas plagas que, sin previo aviso, azotan y atemorizan a los hombres... Azote como el que describe Balzac en Le curé de village y que afectó a la bonita Veronique Sauvlat, bella como una virgen de Tiziano, cuando, después de la enfermedad, cette figure également coloree MieíJcñiáJLi COLLARES AUSTRALIANOS PERLAS FINAS CULTIVADAS BRILLANTES ESMERALDAS ZAFIROS RUBÍES CASA CENTRAL: C ZARAGOZA, 3 A p a r c a m i e n t o Pza. Mayor par une teinte oü le brun et le rouge étaient harmonieusemerit fondus, resta frappée de mille fossettes qui grossirent la peau... Le front ne put échapper aux ravages du fléau, il devint bnm et demeura comme martelo Y así sucedió, la ciencia biológica del último medio siglo, aunque no nos hayamos asombrado, ha descubierto sus causas, ha diseñado vacunas y medicamentos, y ha erradicado prácticamente las enfermedades. Prestemos atención, sin embargo, a los renglones finales de La peste de Camus: le bacille ne meurt ni ne disparait jamáis, qu il peut rester pendent des dizaines d années endormi dans les meubles et le Unge, qu il attend patiemment dans les chambres, les caves, les malíes... et que, peut- étre, le jour viendrait oú, pour le malheur et l enseignement des hommes, la peste réveillérait... Y hay que asombrarse también de esta premonición literaria de hace medio siglo, hecha realidad en los últimos años con el notorio repunte de la tuberculosis y, en general, de las infecciones oportunistas, consecuencia de la inmunodeficiencia himiana. De aquí que el reciente conocimiento de la secuencia del genoma del Mycobacterium ofrezca, con el asombro, nuevas esperanzas de control total de la enfermedad, por mucho que en las cartas de Kafka, hacia 1920, se asegure que en ella il y a heaucoup de douceur Lo confirma, en efecto, un paciente de El pabellón de reposo de los privilegiados que pudieron mezclar el amor y el aire fresco de la montaña, que escribía en la tremenda realidad de la ficción de Cela: Nadie sabe como yo del amargor del cariño. Los hombres sanos, los hombres que andan por la ciudad, que van y vienen a sus negocios... nada saben de lo que es amar, de lo que significa amar en una lucha titánica, feroz y desigual contra el reloj que marcha sin piedad alguna... Nada saben de lo que es amar, porque nada saben tampoco del silencioso tránsito que se alarga, casi indefinidamente... para morir un día, poquito a poco... Nada saben de lo que es amar porque nada les ha sido vedado, porque la vida siempre les ha dicho que sí... porque todo el cariño que te tenía reservado para una larga vida he de dártelo entero en estos cortos meses que nos quedan Nunca el tiempo había valido tanto hasta que, sin reloj, los dramas shakesperianos registraran su marcha perezosa a suspiro por minuto y a gemido por hora Y lo mismo que en el pabellón de reposo, para los enfermos del Zauberberg en la creación ñteraria de Mann, el tiempo pasaba vertiginosamente. Tal rapidez de vida era un verdadero consuelo si pensaba en los cinco meses que le esperaban todavía, suponiendo que se contentasen con esto... Todo lo demás ya llegará a su tiempo Ángel MARTÍN MÜNICIO de la Real Academia Española