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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 7 DE MARZO DE 1998 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUGA DE TENA 1 n medio del impacto que la llegada del chocolate supuso en nuestros tiempos barrocos, desde la revolución de las costumbres alimenticias y algunos usos sociales, o la novedad misma en el utillaje de la cocina, hasta el planteamiento de cuestiones especulativas, hay algunos extremos singulares y de alcance cultural no pequeño, creo yo, que ahora se ponen a relucir un poco, digamos que como con un viejo brillo cuaresmal. Porque el chocolate, desde luego, llegó a ser como el centro o emblema de reunión y tertulia, y hasta Ocasión de encuentro amoroso o vulgar celestineo, pero eso fue ya desde el XVIII en adelante; un tiempo más atrás, el chocolate tuvo unas vinculaciones más sacrales, y de cuaresma específicamente. ABC moralidad de la irrelevancia de toda moral- se pusieron enseguida a evaluar el nuevo brebaje de tan extraño y fascinante nombre made in México calahuatl o chocolatl y lo encontraron muy puesto en razón y sabor; mientras que las dudas de si podía tomarse en los días cuaresmales de ayuno, sin romper éste, fueron enseguida disipadas por los papas Paulo V y Gregorio XIII, el primero de los cuales, por lo menos, había decidido la disputa después de haber probado el líquido, es decir, con un gran espíritu científico, tras una observación experimento in re Y, en 1642, el jesui- ta Tomás Hurtado, que también abordci el tema de la amoralidad del tabaco, alineó en su obra Si el chocolate quebranta, erayuno de la Iglesia una formidable reata de autoridades especulativas a favor del chocolate, que iban desde Aíisfóteles, Platón y Aristófanes, y. pasando por Plinio, hasta san Agustín y Galeno, que ciertamente ni el podían haberse imaginado de un chocolate recién hecho, pero que autoridades especulativas sí eran. Y la conclusión resultaba neta para Hurtado: el preciado jarabe en cuestión no rompía el ayuno, siempre y cuando no se hiciera muy espeso, que parece que es como gustaba a las gentes del común, y así lo expresaban cuando se disponían a decir alguna impertinencia, o, lo que era lo mismo, las cosas claras Pero tampoco tenía que estar hecho ese chocolate con leche y huevos, y explicaba, en fin. Hurtado cómo debía ser para resultar canónicamente aceptable: Como lo hacen los vendedores, con una mezcla de harina de habas, de garbanzos, y otras sustancias DOMICILIO SOCIAL J. I LUGA DE TENA, 7 28027 MADRID DL: M- I3- 58. PÁGS. 144 E LA FAMOSA CUESTIÓN DEL CHOCOLATE El interesante bodegón de Luis Egidio Meléndez, que es de 1770 y está en El Prado, se instala ya casi a medio camino entre esos dos tramos de la condición cultural y social del uso del chocolate. Desde luego h a y é n él una jicara con motivos orientales pintados, y uhas pas- tas de elaboración algo refinada, pero ahí está todavía una cierta pesadez en la composición, una chocolatera clásica con un peso castizo, y elalto mango del molinillo para agitar el líquido, sobresaliendo de ella; y también está ahí un sólido panecillo O bollo de merienda o desayuno raciales Mientras que, por ejemplo, La Belle Chocolatiére de JeanÉtienne Liotard nos muestra la pura mundanidad en que la toma del chocolate se ha convertido en pleno siglo XIX; y lo importante en este cuadro es, por supuesto, la muchachita que lleva el servicio, pero de él también nos conciernéñ la delicadeza de las tazas o pocilios, y el agua misma transparentándose admirablemente en el vaso. Éste ya es un chocolate totalmente secular y refinado. Aunque ahora no sea España un país gran consumidor de chocolate en sus distintas formas o, por lo menos, no esté a la cabeza de los países consumidores como Austria y Suiza, españoles fueron, como todo el mundo sabe, los que lo introdujeron en Europa, como también los tomates, pongamos por caso; pero los tomates eran fruto de huerta y pertenecían a ese grupo de productos, incluidos naranjas y limones, que, para el español de primera clase o casta limpia, eran cosa de poca sustentación nada comparable a las magras y al tocino frito, y comida de gente baxa El chocolate, por el contrario, entró aquí por la puerta grande, de mano de los conquistadores de Indias y letrados, y enseguida comenzó a ser objeto de disquisiciones, dando lugar a sesudos Tratados y Panegíricos muy bien trabados y compuestos. Los moralistas- inclinación y oficio hispánicos si los hay, por muy secularizados que estén ahora y cavilen sobre la ABC CUMPLE CON SUS PALABRAS Nunca tan pocas palabras pudieron hacer tanto por usted. Así son los anuncios por palabras de ABC. Todo lo que necesita en muy pocas palabras. Léalos, verá que ABC cumple con sus palabras. ANUNCIOS POR PALABRAS í r ABC es decir, siempre y cuando el chocolate estuviese falsificado. Es admirable. La conclusión de Hurtado nos deja bastante perplejos, ciertamente, en más de un aspecto, porque resulta que viene a decírsenos que lo que es no debe ser, y lo que no es es como debe ser, o que sólo lo falsificado es lo ortodoxo y moral; pero en realidad se trataba de una vía media para reconciliar las opiniones opuestas: el chocolate no rompía el ayuno siempre y cuando no fuera chocolate, aunque se llamaba chocolate y como chocolate se compraba y consumía. Pascal se habría sentido feliz si hubiera reparado en esta maravilla de sutileza, como reparó en otras, en sus Cartas Provinciales y además nosotros nos hubiéramos enterados quizás si le gustaba el chocolate, si había alegrado algunos momentos de su vida. El caso es que esta cuestión del chocolate nominalista de Hurtado- como el chocolate de las patronas del que se hablaba en mis tiempos de estudiantees de una flagrante iriodernidad, la pura praxis comercial ¿e hoy en punto a alimentos: el pan, la leche, la Carne o el pescado no son pán leche, carne ni pescado; pero, por lo visto, también son lo canónicamente correcto según la dietética, la racionalidad alimentitíia, la rentabilidad econóínica y la respetabilidad social de hombre culto, según las normas, obviamente, del primermundismo y el progreso progresado. Pero no sólo en este ámbito de lo práctico es moderna esa decisión de Hurtado, sino también en el plano del pensar y desde luego del discurso político sin ir más allá, pero sobre todo de la práctica en este plano de cosas. Esto es, democracia, libertades y conquistas sociales, son nuestro lema para desayuno, almuerzo y cena, pero bien entendido que, a la hora de la verdad, debe tratarse de productos sintéticos tal y como los presentan los vendedores, con una mezcla de harinas de habas, de garbanzos, y otras sustancias retóricas, estadísticas, encuestas, juegos malabares de todas clases, y un largo etcétera de habilidades confiteriles y de charlatán. Lo comprobable es, por lo demás, que, en este estado de cosas y con estos refinamientos, las gentes mismas han cambiado de gustos, y el chocolate lo prefieren a hora claro, mientras no- parece importar mucho que las verdades vayan entreveradas, como poco, por la mendacidad más refulgente. Hurtado gana, podríamos decir; aunque tampoco es que quiera yo comprometerle en estos enjuagues y chocolatadas nuestras. Y sin molinillos ya, siquiera para agitar un poco y comprobar si se divisa algo ralo y neto por alguna parte. José JIMÉNEZ LOZANO