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VIERNES 21- n- 97 ESPECTÁCULOS Crítica de Teatro ABC 101 Paloma San Basilio canta sus números confinura, con gratísima voz, pero se deslía como actriz en las dos personalidades. Sacristán, magnífico actor de voz poderosa, hace un generoso esfuerzo como cantante y El hombre de La Mancha un musical sensacional Libreto: Dale Wasserman. Letras: Joe Darion. Música: Mitch Leigh. Adaptación: Nacho Artime. Intérpretes principales: José Sacristán, Paloma San Basilio, Juan Manuel Cifuentes, Eduardo Santamaría, Luis Álvarez, Javier Ibarz, María José Oquendo, Eva Diago, Antonio Quimadelos. Diseño de sonido: Ricardo Gómez. Diseño de iluminación: José Ramón de Aguirre. Escenografía: Juan Pedro Gaspar y Gerardo Trotti. Director musical: Santiago Pérez. Dirección escénica: Gustavo Támbaselo. Productor ejecutivo: Luis Ramírez, para Pigmalión. Teatro Lope de Vega Con todos los medios y alardes de un gran musical internacional, la productora Pigmalión, creada por el emprendedor ingeniero Luis Ramírez, después de rehabilitar el Teatro Lara y hacer una total y generosa reconstrucción del Teatro Lope de Vega en el corazón de la Gran Vía, presenta en su modernizado y gran escenario un nuevo montaje del famoso musical de Dale Wasserman, con música de Mitch Leigh, El hombre de La Mancha Esta obra, que ha dado muchas vueltas al mundo, fue estrenada en Madrid el 30 de septiembre de 1966 en el escenario del Teatro de la Zarzuela, según una versión española del brillante dramaturgo José López Rubio, según dirección de José Osuna, con Luis Sagi Vela, Nati Mistral y José Franco en los personajes principales: Don Quijote, Dulcinea y Sancho Panza. El hombre de La Mancha es la más floja comedia musical norteamericana que yo he visto aunque haya logrado un gran triunfo en Nueva York escribía yo el 2 de octubre en la nota crítica de aquel estreno. Del país del Reader s Digest nos han traído un digest dramático musical de nuestro Don Quijote de La Mancha concebido para espectadores norteamericanos escribía también en aquella página del ABC. Treinta años después, tras presenciar el estreno del Lope de Vega, siento no tener motivos para modificar nada. damente las escenas de Cervantes relativas a los imaginarios viajes de Sancho Panza, enviado con mensaje del Caballero a su imaginada princesa, a la que no llega realmente a encontrar, y menos a sostener cálidas escenas amorosas con ella. No se discute el derecho de Wasserman a hacer montes y morenas en el altísimo texto al que tomaba como punto de partida. Ni se pretende exigir una mentalidad que el guionista norteamericano ni tenía al escribir este desarreglo ni llegaría a tener después, hasta su muerte. Irrespetuosa, torpe, sin calidades literarias, incluso sin algunas gracias de frase con las que José López Rubio animó de gracia no pocos momentos, y que han desaparecido en este arreglo de Nacho Artime, si la memoria no me es infiel. Este musical resulta pesadamente monótono. Grises, carentes de esa ligereza por la que los buenos números se quedan en la memoria del espectador, sólo se salva la del Sueño imposible aunque algo le ha sido modificado a López Rubio y, por ser amables, los repetidos con el nombre de Dulcinea, que también se apartan del pobre tono que los otros veinte, que resbalan sobre un tiempo demasiado largo de acción. Sin embargo, a este montaje se le ha dado una generosariquezade medios, entre los que destaca una escenografía no realista, no sometida a los años posteriores a los marcados al comienzo, lo que es una forma de liberación de lo real, que es digna de ser anotada aunque no consiga hacer de este musical generosamente rico el gran musical apetecido. Los juegos de iluminación son muchas veces brillantes, aunque se hundan en la impotencia en escena principales como la de la batuta de Don Quijote con los molinos de viento, enfermedad de la técnica escenográfica admisible hace treinta años, pero no ahora en que la luminotecnia puede hacer milagros. Un gran terceto Espectáculo para un gran terceto, Paloma San Basilio se desdobla, aunque más bien poco, en sus dos personalidades: la Aldonza, difamada gravísimamente por Wasserman, y la Dulcinea soñada por el hombre de La Mancha, en la que se acierta más. Canta sus números con finura, con gratísima voz, pero se deslía como actriz en las dos personalidades. José Sacristán, magnífico actor de voz poderosa, hace un generoso esfuerzo como cantante y logra servir dignamente unos núme. ros cuya tesitura tal vez le haya logrado servir dignamente unos números cuya tesitura tal vez le haya sido facilitada por el discreto y buen trabajo reformadores o adaptadores. Distingue con soltura las escenas en que es Cervantes, el escritor, y las otras en las que es Don Quijote, su criatura. Juan Manuel Cifuentes sirve la comicidad del Sancho Panza, que sigue a Don Quijote por amistad, en buen actor cómico, que no se permite excesos. El copioso reparto de este montaje que llena el escenario de actores, cantantes, figurantes, justifica por sí solo la imposibüidad en que se encuentra el crítico de convertir esta nota crítica en un número especial de ABC con media docena de páginas. Esta versión de El hombre de La Mancha acredita la voluntad de Luis Ramírez de hacer del Teatro Lope de Vega, que logrado más que renovar renacer, un gran centro del mundo del teatro musical y de la deprimida Gran Vía de estos tiempos algo así como un Broadway de este Madrid del que hace años un gran escritor norteamericano dijo que era un Nueva York. Más allá de estas puntualizaciones digamos que procervantinas el montaje de este Hornbre de La Mancha produce un espectáculo que merece y probablemente conseguirá un gran éxito de público. Tal vez Paloma San Basilio se haya ganado el derecho a que le permitan renovar su extraordinario triunfo, hace años, de su Evita inolvidable. Esta aventura primera del nuevo Teatro Lope de Vega constituye, y justo es proclamarlo, una noche sensacional de la vida teatral de Madrid. Lorenzo LÓPEZ SANCHO Aldonza y Dulcinea Probablemente, estos treinta años nos han acercado mucho a las peculiaridades culturales norteamericanas, y por otra parte este nuevo montaje de la obra de Dale Wasserman trata de hacer admisible el desvergonzado atrevimiento de Wasserman al convertir a la figura imaginaria, poética, que Don Quijote tenía de su Dulcinea en una desorejada prostituta de taberna de finales del siglo XVL Este digest visto y oído ahora nos hace pensar que si Wasserman había leído detenidamente la genial narración cervantina, no se paró un pelo para transformar a la mujer que Sancho Panza describía como moza robusta y forzuda, de pelo en pecho, habituada a los trabajos del campo y nada melindrosa. Es justo admitir que la presencia de este virago que es la Aldonza de Wasserman a la finísima Aldonza poetizada de Gastón Batí, moviliza la pobre acción teatral de este digest musical con una serie de escenas bruscamente sucesivas que dan la gran paliza a la locura soñadora del Caballero de la Triste Figura y más aún a esa moza, que Quijano llama Doña Dulcinea del Toboso, porque de ese pueblo era nativa y vecina, hija de Lorenzo Corchuelo y de su esposa, Aldonza Nogales. Todas las escenas en que interviene Aldonza o, si se quiere, Dulcinea, son puro desvarío de Wasserman, y aniquilan los mejores inventos cervantinos sin por eso hacer de este musical un buen musical de los grandes años, aquellos setentas, de los mejores musicales norteamericanos. La acción desmadrada, alborotada, de estos números, proscribe decidi- -Casino Gran Madrid -Ruleta Francesa y Americana Bacará- Ohemir d e Fcr Black Jack Pxxnto y B a n c a M á q u i n a s cié A z a r R- u. fó (2- 675 p e a s p o r p e r s o n a) (Bc- biaa n o ijicKiida) R e s t a u r a n t e- a la c a r t a Oonvcnciontrs y Bodas viernes y sábados a p a r t i r d e las 0 0 3 0 H tnúsica en directo (Oonstiltc nuestra programación) nicnto para SOO vchíciii 56 1 1 0 0