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OPINIÓN Panorama
JUEVES 16- 10- 97
EL SUEÑO CAMBIADO
hay otoño público que Nocaliente. caliente. Estoen no arranque Todo otoño, las noticias, es un otoño demuestra no sólo la buena calidad del tópico, sino también una verdad que vuelve, cada año, como la pesadumbre al azul del cielo. Las personas que influyen en las personas, es decir los políticos, las voces de la radio, los que mueven la máquina del mundo, han descansado un mes y pico, o sólo el pico, y regresan con bronceado y con declaraciones, con fuerza y con desplantes. La energía de tanto litoral en bermudas no se crea ni se destruye, sino que se transforma en decisión, en titular de prensa, en perfil memorable contra el aire de la mañana activa y clareada por la brisa del final de septiembre. Es, sin embargo, el momento que otro tipo de ciudadanía, que no influimos ni en nosotros mismos, necesitamos para descansar de la densa actividad del verano. Los camareros y los que se dedican a escribir suelen trabajar más en verano que en otoño, más de noche que de día, cada uno con un qué, un chiringuito de la inspiración, un übro con horario. Y así, al llegar esta época, hay un trozo del censo que tiene la atención un tanto descompensada, poco sujeta a sustos de temporada baja. Que es la alta de los otros. Escribir, por ejemplo, es tener el sueño cambiado, las vacaciones á destiempo, la vida a contrapelo. Es un poco la hostelería del fono. Vuelve el otoño y no es- lo mismo el tiempo para el que vagamente lo teclea, que para el que lo mueve. Para el que lo contempla que para el que no tiene tiempo. Hay quienes está claro que nunca llegare- mos a nada que no sea vivir sin más, exudar de las mañanas como si fueran un tiesto, la memoria como im hondo jardín y la mirada como una mirada. El cardiograma de los días no rige por igual para el que se afana que para el que observa, para el to be que para el not to be Y así se encuentra uno con este error de principio que consiste en que el otoño sea caliente para la actualidad y sencillamente otoñal para la lírica. Nuestra temporada alta, absurdamente, acaba de pasar y ha quedado encuadernada por la luz del verano. Y todo lo que declaran tan de repente, nos viene excesivo. Los camareros de la letra hemos sudado mucho para poder ahora desentrañar sin más el otoño de los teatros o la constelación de huellas de pájaro en la arena. Las playas del país, abandonadas, rumorosas, con el rumor de su propio abandono, están cada mañana caligrafiadas de huellas y sembradas de plumas de las gaviotas que no había en verano. Hace falta entrenamiento del espíritu para entender en esto una cierta protesta de las gaviotas, que no entienden que sin turismo no hay balanza de pagos. Se abre en Madrid una exposición de magia pasada por la realidad de la pintura, o al revés. Y en Londres, un escándalo de encargo: la tediosa provocación que en la Royal Academy coloca instalaciones en aproximada carnicería artística, que se ve que se llevan. En fin, vuelve el otoño. Y hasta en algunos museos la temporada viene agresiva. Miraremos la lluvia y el presente. Alvaro GARCÍA
Planetario
EL TRUCO DEL PADRE APELES
famoso padre Apeles im cuyo resultar ELlibroinclusotítulo aspirahaapublicadollamativo, prometedoramente escandaloso. Cualquiera, usted mismo, suponiendo que fuera tan confiado como yo, olfatearía algo así como un surtido de picardías. Porque el titulito tiene las suyas; El Papa ha muerto ¡Viva el Papa! y, por si. fuera poco, anuncia que va a liablar de los entresijos del Vaticano Los entresijos, piensa uno relamiéndose de curiosidad; los entresijos o sea los redaños. Quedo, mi señor, pasito que llevo desencajado los huesos del entresijo escribía, hace ya siglos. Morete. ¿Será capaz el padre Apeles, de meterse con los entresijos de Juan Pablo n? y meto mano a las trescientas y pico páginas del libro. Saltándome el prólogo y las muchas dedicatorias preliminares, me encuentro con una pregunta morrocotuda: ¿De qué mueren los Papas? Pues sí que empieza bien, me digo y leo: aunque es verdad que Pedro no muere, lo cierto es que Gregorio, Bonifacio, Pío, Clemente, Benedicto, Inocencio o Juan Pablo I mueren y no necesariamente de arrobamientos o sublimes transportes y, citando a nuestro Manrique, concluye Apeles: Así los trata la Muerte como a los pobres pastores de ganados Para empezar, este cura se acoge a la sacra irrespetuosidad manriqueña, a una irreverencia bajo la protección de la cultiu- a. Mucho más que un cura culto resulta ser este escandalizador padre Apeles, que se declara sacerdote, abogado, periodista y muchas cosas más, un tío tremendo capaz de expurgar una tremenda bibliografía. Docenas de libros antiguos y modernos, escritos en lenguas diferentes y pasar a través de ellos por todas las ceremonias, ritos y qué sé yo siguiendo la constitución complicadísima que hace de un hombre un ser impregnado del más grande poder espiritual posible en la organización de la humanidad, mirando cómo se hace un Papa, cómo son los cardenales bajo la leva y otros profundos, curiosos misterios hasta que el Papa se viste de blanco y empieza su austera vida como supremo representante de Dios en la Tierra. Nada de escandalizar y, al mismo tiempo, nada de pararse en respetuosas chinchorrerías. El padre Apeles, con este libro se desmiente. Si usted creía, como creía yo, que era un chisgarabís, incluso que, como creen otros, Apeles no es cura, ni nada, lo que explicaría el hecho incomprensible de que ningún obispo le haya metido mano, puede irse despertando. Este tío es un empollón. Para saber lo mucho que sabe ha tenido que pasar días y días, incluso noches, leyendo, investigando, lo que no le ha impedido organizarse el truco de ser un escandaloso, un camelista que se ha abierto camino en esos sitios de ahora donde si eres famoso, famoso de verdad como el padre Apeles, te pagan las conferencias, los números montados en milloncete casi como si fueras un futbolista, que me parece que en este país o países es el oficio que se paga más. Libro sumamente curioso, planeado con original e inconformista manera, que constituye una curiosa información Uena de sorprendentes revelaciones sobre los entresijos del Vaticano, que son de no te menees, tío. La ¡próxima vez que yo vaya a Roma, no iré de vacío. Me llevaré este libro del padre Apeles para ver el país del Papa con mejor punto de vista. Apeles, de camelista nada. No estoy seguro de si es mejor cura que escandalista. Lorenzo LÓPEZ SANCHO