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Gente Sobre estas líneas, Ana Duato y Julia Gutiérrez Caba, protagonistas del filme de Mario Camus, ayer, en San Sebastián. A la izquierda, una escena de la película francesa Yo iré al cielo porque el infierno es esto Abajo, Pedro Barrejón y Adis Suijic, los niños de El color de las nubes Mario Camus presentó el color de las nubes San Sebastián. E. Rodríguez Marchante YER, entre directores de cine, músicos, cantautores y tonadilleros, no habría menos de medio centenar de lumbreras del panorama artístico español en el festival. Faltar, lo que se dice faltar, sólo faltaron Rappe l, que quizá no adivinó la trascendencia del asunto, y Mario Camus, que más que falta era delito, pues se presentaba su película El color de las nubes a competición. El tiempo era bueno, las condiciones favorables, la película esta muy bien... ¿por qué, entonces, no ha venido Mario Camus y sí Sabina o Carmen Sevilla? Pero, en fin, nosotros a lo nuestro, resumir. El color de las nubes tiene lo que algunas de las mejores películas de Camus y otra cosa más: humor. Un humor leve, humano, ingenuo, infantil... procurado por dos personajillos escuetos y desdichados, un niño madrileño que abandona a sus padres por imbéciles y un niño bosnio tan huérfano o masque el anterior. Un humor fresco, encantador y a botepronto que lo trae pegado a las costuras de sus perfectos pantalones vaqueros el A personaje que interpreta Ana Duato. Un humor sabio, irónico y salado de un viejo y solitario lobo de mar que organiza una de las pequeñas intrigas que pueblan la película. Y junto al humor, la tristeza de una mujer que le habla a la tumba del hombre que amó y que defiende su hacienda de los em- bargos y sin embargos de la vida. Camus tiene una historia pillada con alfileres, pero la cuenta y la rueda como si se la creyera a pies juntillas. Él, y por lo tanto, nosotros. Todo lo que hay allí existe por separado, y la película lo junta y remueve con la muñeca de un buen barman Todo cabe, la cornisa cantábrica, el alijo perdido, el niño encontrado por uno de esos programas de televisión que rozan lo anticonstitucional, el don de lenguas o el don, sin más, de la infancia, los amores conservados en formol y el amor de sopetón. Y entre estas cosas y otras, en un ambiente lluvioso y gris tristorro, cOmo de anuncio de jabón que huele a antes, y con unas interpretaciones magníficas de Julia Gutiérrez Caba, Ana Duato, José María Domenech y todo el resto del reparto, en espe- cial los niños Pedro Barrejón y Adis Suijic, Mario Camus ha cometido la imprudencia de poner un título más, el suyo, entre los varios que ya están pujando por llevarse la Concha de Oro. Y uno de los favoritos antes de empezar el concurso, el francés Yo iré al cielo porque el infierno es esto se quedó, una vez visto ayer, en ese terreno intermedio entre el gusto y el disgusto. Es uni película de gángster que- no tienfr ningún inconveniente en beber ruidosamente de aquí y de allá: de Scorsese, de Tarantino, de Reservoir dogs de Uno de los nuestros de cualquier sitio donde sti director, Xavier Durringer, haya puesto el morro. En cualquier caso, el retrato gangsteril es duro y violento, aunque se dirija a un desenlace más caprichoso que un niño malcriado. Lo reventamos como si le quitáramos una espinilla: el mafioso protagonista, un chulo de los de carnet, se acaba haciendo de una ONG. No sé si lo cogen... O sea, que se vuelve, bueno, como este articulito a partir de este punto, y final. ABC 129 MIÉRCOLES 24- 9- 97