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92 ABC ESPECTÁCULOS Crítica de cine LUNES 8- 9- 97 Air Forcé One una aventura de Indiana Clinton Producción: Radiant. Director: Wolfgang Petersen. Guión: Andrew W. Marlowe. Fotografía: Michael Ballhaus. Color. Música: Jerry Godsmith. Principales intérpretes: Harrison Ford, Glenn CIOSBJ Gary Oldman, Wendy Crawson y Dean Stockwell. Salas de estreno: Palacio de la Música, Acteón, Coliseum, Roxy A, Amaya, Conde Duque Santa Engracia, La Vaguada, Novedades, Benlliure, Peñalver, Aluche, Florida, España, Liceo, Victoria, Albufera, Ciudad Lineal y Luna (v. o. Lo de menos respecto a Air Forcé One es que la película remita a las más elementalmente maniqueas de los años de la presimtamente extinta guerra fría o que reduzca lo que pudo servir de esquema a una interesante historia de política- ficción a pretexto para un cómic de acción. Lo malo de Air Forcé One es que es una película, además de profundamente estúpida a todos los niveles y bastante aburrida, mal escrita y peor rodada. Además de presumiblemente manipulada en el montaje y la banda sonora con pésimos resultados. Porque no es ya que el guión, además de no tener pies ni cabeza, resulte increíble de principio afin, lo mismo que los personajes, sino que en lo que se refiere a sus pretensiones hagiográficas respecto a la figura del presidente USA- altar ego de Indiana Jones y Bill Clinton- al que encama con escasa fortuna Harrison Ford, le sale el tiro por la culata. Porque el personaje resulta, además de impresentable, ridíctüo. Cómo cada secuencia, cada escena y casi cada plano del filme. De un filme, como ya se ha dicho, mal rodado y peor montado y remontado, en flashes en su mayoría discontinuos a los que ima ensordecedora partitura de Jerry Goldsmith, no se sabe si imitación o parodia de la de John Williams para La guerra de las galaxias trata de dotar de cierta imidad, del mismo modo que unos insertos no menos ensordecedores del avión presidencial y los que le persiguen parecen querer, sin lograrlo, la monotonía de la alternancia entre las escenas que tienen como decorado el ab- surdamente reproducido avión presidencial. Y es que Wolfgang Petersen es tm mediocre reahzador sobre el que inexphcablemente se han ido volcando enormes presupuestos que le han permitido rodar películas tan absurdas y mazacotes como El submarino destrozar con imágenes horteras la poesía que pudiera existir en La historia interminable de Ende, convertir en una ciursUada la que pudo ser deliciosa Enemigo mío No había razones para esperar algo distinto de Air Forcé One Que no es que no sea mejor que los títulos citados. Sino que es peor. De hecho, es una de las peores películas de los últimos años, que ni siquiera un actor con la categoría y el carisma de Harrison Ford puede salvar, ya que su misión se reduce a llevar a cabo acciones sin sentido y atizar mamporros como si de Bud Spencer se tratara. A los demás personajes tampoco se les da mucha cancha. Gary Oldman pone cara de malo desde el primer instante y no se la quita de encima, demostrando una vez más que, si se lo propone, puede ser el peor actor del mundo. Glenn Cióse, ya que casi siempre pone cara de mala, en esta ocasión se esfuerza en ponerla de buena, y no le sale demasiado bien. Salen también para que no quepa duda sobre de quién pretende ser retrato, aunque de hecho sea grotesca caricatura el personaje al que encarna Harrison Ford Uno acaba pensando que lo único divertido de la película hubiera sido que su frase final, Bienvenido, señor presidente se hubiese traducido por la de Bienvenido, mister Marshall Harrison Ford, una esposa decidida y emprendedora y una hijita adolescente que no se llaman Hüary ni Chelsea, sino Grace y Aüce. De apellido Marshall. Por lo que uno acaba pensando que lo único divertido de la pehcula hubiera sido que su frase final, Bienvenido, señor presidente se hubiese traducido por la de Bienvenido, mister Marshall César SANTOS FONTENLA Cine de La Flor La película de la semana AS viejas tertulias madrileñas volaron, como la casa de Dorita en El mago de c (Oz y las dos brujas- la del Este y la del C Oeste- celebraron su desaparición, llorada en solitario por el Hombre de Hojalata. El viento se Uevó a contertulios y escritores, que sobre mesa de mármol hacían vainica doble o fantasías literarias, y sólo quedaron hamburgueserías, prisas y el vil metal, que todo lo mueve. Por fortuna, en los meses de verano, hay universidades y cursos que se ocupan del cine y del teatro y donde se habla, como siempre, de la pantalla, del escenario, de los cómicos, del papel como cebo traidor, del monólogo y de los llamados escritores del 98. Pretextos para discutir, para verse de año en año y acabar diciendo la semana que viene comemos juntos Y nunca más, hasta la próxima tertulia. En los festivales de cine también suele haber tertulias, incluso reuniones forzadas, que ahora dicen mesas redondas. En las ihesas redondas de los festivales se juntan actores, directores, algunas veces productores y casi nunca guionistas y así entre los dos grupos- los que preguntan y los que contestan- se entabla im diálogo, habituahnente monográfico. Si ahora fundimos en negro o damos paso a la publicidad, los posibles espectadores se dirán: claro, se habla de cine. Pues no, señor, se habla d í dinero: sólo de dinero. En las muchas experiencias que tengo sobre este asunto, cuando apenas lo conocía, en Montreal, en Nueva York, en Haifa o en Berlín, pensaba que eran curiosas excepciones y qué acabaríamos tratando de cine. Nimca, sólo del dinero que hace falta producir una pehcula. Ya, a la tercera o cuarta toma- en Mar del Plata o en Arcachon- me atreví a decir: ¿Por qué no hablamos de cine- cine? ¿No se le llama Séptimo Arte al cine? ¿Por qué no nos dirigimos al cine, sin mencionar el dinero? Esta proposición suele ser acogida con alegría y durante unos minutos se debaten temas relacionados con las películas, los actores, la luz o la música. Pero inevitablemente volvemos a la raíz: ¿Cuánto costó la película? ¿Cuánto cobra la estrella? ¿Qué vale el metro de negativo? ¿Cuáles son los porcentajes de los porcentajes? Entonces uno comprende que la batalla está perdida y que tienen razón los de la mesa redonda: lo único que importa es el dinero, porque con dinero podremos construir maravillas y sin dinero, monólogos y la verdad es que nosotros- el cine español- estamos haciendo monólogos desde 1896, aimque á veces ganamos singulares batallas, gracias al curioso ingenio del que fuimos dotados por los duendes y brujas. Es muy cierto que, durante unos minutos, se habló de la intención de la película, de las mañas del director, de la belleza del galán y de la astucia de la estrella, hasta que volvió a la mesa de la innoble pasta: ¿Qué cobra PR en España? Y alguien da la cifra y los malditos extranjeros se matan de risa, porque en Italia VG se Ueva diez veces ese sueldo y en USA, treinta y tres con treinta y tres, el insípido actor WW. Aquí estamos boqueando, pero en Etiopía les va mucho peor, aunque en Francia funcionan mejor. Total, el cine es dinero- un argentino dice plata- y aquí nos metemos debajo del felpudo de pura vergüenza. ¿Qué película se puede hacer? ¿Cuál interesa al público? Quizás a un público niño- como bien ha dicho Manuel Gutiérrez Aragón- un público de quince a veinticinco años. ¿Problemas de juventud? ¿Sexo? ¿Violencia? ¿Droga? Todos los temas juntos, bien revueltos y a poco precio. Cuantas preguntas y ninguna respuesta, hasta que el otro día un presentador de la tele dio en el clavo y dijo algo así: cada siete días, el sábado noche, ofrecemos la película de la semana, el partido de fútbol del sábado. Hace una pausa, tira al aire tres núl millones de pesetas y continúa: una pehcula de acción, donde hay malos y buenos, artistas y técnicos, argumento y emoción, amor y odio, porque el fútbol es mU veces mejor que el cine y le ha ganado la batalla. No habló de dinero, pero revoloteaba alrededor: con lo que vale tm futbolista- pudo deck- se hacen diez peHculas y con tres adelantos, la producción del año y nos sobra para resucitar el No- Do. Triste verdad: un mamarracho se atreve a despreciar el cine y lo compara con el fútbol. Ya estoy viendo el futuro: el Madrid- Barcelona, al Capítol; el Betis- SevUla, al Lope de Vega y el Athletíc- Real Sociedad, al Arriaga. Y en los festivales- como siempre- vamos a hablar de dinero, o sea, de fútbol, o sea, de la película de la semana. Jaime de ARMIÑÁN -Coplas y ripios- El lugar de la poesía (A mi amigo Luis Muñoz) Por salir del lugar donde me meto, no encuentro la ocasión, ni encuentro el trance, llevo un tiempo viciado en el soneto y sin otra salida que el roriíance. Buscaré la experiencia que me lance al verso libre que me da respeto y veo difícil que en mi empeño avance pues soy, como poeta, analfabeto. No aspiro a la lisonja ni al laurel, pero quiero estudiar, pedir consejo a poetas amigos, Rafael... Pasar del madrigal al ovillejo y cambiaría gustoso hasta la piel por ser Ángel González o Vallejo. Francisco RABAL