Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
MARTES 29- 4- 97 ESPECTÁCULOS Cine ABC 97 Muere Gabriel Figueroa, el fotógrafo que pintó en el cine los cielos de México Discípulo de Toland, trabajó con John Ford en El fugitivo México. S. E El fotógrafo de cine mexicano Gabriel Figueroa Mateos, considerado como uno de los grandes operadores de la historia del cine iberoamericano, falleció el domingo, a los 90 años, en un hospital de la ciudad de México, víctima de un edema cerebral. Figueroa trabajó al servicio de directores de la talla de Luis Buñuel, John Ford o Emilio Indio Fernández, siendo recordado por películas como El fugitivo Nazarín o María Candelaria Gabriel Figueroa creó un verdadero estilo mexicano, en el que sobresalen unos cielos inconfundibles de los que se desprenden, como densos volúmenes caprichosos, las nubes, dotando al paisaje de una fuerza dramática extraordinaria Al decir de la crítica, Gabriel Figueroa se sirvió de la cámara para hacer arte, fiel a la idea de que un fotógrafo es un intérprete y el dueño de la luz. tante de su carrera, La noche de las mayas Con esa realización empezó a buscar su estilo y adquirió una técnica propia para equiUbrar el relato con la fuerza de las imágenes. En Los de abajo dejó ver su percepción épica y apostó por el cine artístico y cultural. Su idea de que la importancia de cada nación es poder mostrar lo que es realmente lo llevó a dedicarse a promover una imagen digna de su país, lo que explica su tendencia a reaüzar un cine nacionalista. Figueroa recibió influencias estéticas de los pintores Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueros. De Rivera tomó la visión de los colores; con Orozco intercambió concepciones sobre el poder del blanco y negro y su relación populista en la fotografía; y de Siqueiros aprendió la base para dotar a las imágenes fílmicas de apariencia tridimensional. Trabajó al lado de cineastas como John Ford, con quien reahzó el que consideró su mejor fUme en blanco y negro, El fugitivo Con el director EmiUo Indio Fernández Figueroa colaboró en películas como María Candelaria La perla Enamorada Pueblerina y Maclovia Con Buñuel hizo Nazarín La relación entre ambos durante el rodaje fue difícil, como Con Luis Buñnel, Figueroa colaboró en Nazarín junto a Francisco Rabal. Su relación fue difícil, como cuenta el de Calanda en Mi último suspiro porque su manierismo fotográfico no cuadraba con la recia estética del director así lo relata Buñuel en su autobiografía: Mi último suspiro El manierismo fotográfico de Gabriel Figueroa disgustaba al de Calanda, cuya estética era recia y sórdida, exenta de adornos y concesiones. De su época en Hollywood destacan La fuga (1943) de Norman Foster, La noche de la iguana (1963) de John Huston, Dos mulas para la hermana Sara (1969) de Don Siegel, y Bajo el volcán (1983) también de Huston. Ésta fue su última película, por la que fue candidato al Osear. Revolución Desde pequeño estudió pintura y música y posteriormente comenzó su formación como fotógrafo en un estudio del centro de la Ciudad de México, donde nació el 24 de abril de 1907. Su primer trabajo fue para la película Revolución (1932) en la que Figueroa hizo las fotos fijas. Después de ser iluminador en el rodaje de María Elena viajó becado a Hollywood para aprender fotografía con Gregg Toland, quien enriqueció la técnica fflmica con su descubrimiento del deep focus que le permitía composiciones muy complejas. De regreso a México, en 1936 Figueroa participó en el filme Allá en el rancho grande En la misma década Figueroa fotografió la película que él consideraba la más impor- Maestro de la mirada La cámara de Gabriel Figueroa captó la imagen de grandes actores y actrices de la época dorada del star- system como Henry Fonda, Richard Burton, Elizabeth Taylor, Toshiro Mifune, Albert Finney, Jacqueline Bisset, María Félix, Dolores del Río y Pedro Armendáriz. Su desaparición ha causado una honda consternación en su país. La Prensa de México le despide con calificativos como el maestro de la mirada hacedor de cielos y príncipe de la cámara El propio presidente Ernesto Zedillo dijo que el país ha perdido al fotógrafo que mayor proyección dio al cine mexicano y, sin lugar a dudas, a uno de los más importantes creadores de la cinematografía mundial Crítica de cine Todo está oscuro el ídolo caído Producción: Igeldo Komunikazioa Euskal Media Teleset MGM ICAIC. Directora: Ana Diez. Guión: Ana Diez, Carlos Pérez Merinero, Ángel Amigó y Bernardo Belzunegui. Fotografía: Teresa Medina. Música: Pascal Gaigne. Principales intérpretes: Silvia Munt, Diego Achury, Klara Badiola, Moisés Rodríguez, Valeria Santa y Robinson Díaz. Duración: Noventa y cinco minutos. Salas de estreno: Princesa y Renoir Cuatro Caminos. Tras siete años de silencio, Ana Diez vuelve al cine con una segunda película que, como su opera prima la más que notable Ander eta Yul tiene como base la reflexión sobre la violencia en cualquiera de sus manifestaciones y como eje argumental, desarrollado en clave de thriller la caída de un ídolo y la consecuente pérdida de ilusiones Es antes que nada Todo está oscuro pese a lo que acaso puedan inducir a pensar las breves líneas anteriores, una película intimista, centrada en la pérdida de la ilusión y, sobre todo, de la seguridad en la que se creía instalada de una manera definitiva, de una ejecutiva agresiva, que cuando se siente agredida por la realidad exterior- concretamente la muerte primero física y luego moral de un hermano que era para ella el espejo de lo que ella no se atrevió a ser- deja de creer en todo y, para empezar, en sí misma, a través de un doloroso proceso. Todo esto, y muchas cosas más, porque Todo está oscuro es película, además de tremendamente dura, enormemente rica y enriquecedora, nos lo cuenta Ana Diez con tanta sinceridad como pudor y con tanto rigor como emoción, como si al igual que su fascinante y desasosegador personaje, Marta Zaldívar, soberbiamente encarnado por una Silvia Munt que nunca ha estado mejor, fuera, tras la desorientación inicial, y a medida que va atando cabos, siendo presa del horror pero, al propio tiempo, de ir hasta el final de un viaje interior que comenzó siendo exterior y que la conducirá hasta el fondo de sí misma, al que acaso antes nunca quiso llegar, aunque ello le parta el corazón que posiblemente creía haber dejado aparcado. Con idéntico pudor al que había recurrido para tocar en su opera prima el tema del terrorismo en Euskadi, Ana Diez se acerca ahora al de la miseria y la corrupción que, en una nación como Colombia, pueden hacer mella incluso en un personaje idealista y, en apariencia, sin problemas de supervivencia, como es Juan, el hermano de la protagonista absoluta, misteriosamente asesinado. Y lo hace utilizando, con singular aciert: o y admirable sentido dé la elipsis, la mecánica del thriller pero sin caer en las trampas a las que siempre invita el género. Ni tampoco en las de tipo sentimental que pudiera introducir en el relato la presencia en el mismo de más de un personaje infantil o adolescente, sujeto activo en el crimen que se pretende esclarecer. Rueda Ana Diez con la misma precisión con que Marta Zaldívar lleva a cabo su investigación. Sin dejarse atrapar con la emotividad más que cuando no hacerlo sería de mala entraña. Centrar su puesta en escena en la dirección de actores le lleva al logro de momentos tan absolutamente magistrales, independientemente de su sólo aparente marginalidad, como el en que Silvia Munt y Klara Badiola, hundidas y al borde de la borrachera, se echan a reír tras confesarse mutuamente que nunca se han caído bien la una a la otra, uno de esos momentos estelares que dan el punto alto de una realizadora y, en esta ocasión, dos actrices. Una película, en suma, que aunque, ni mucho menos, responda todas las preguntas que sus personajes se hacen y o nos hacen, sólo por plantearlas ya merece la pena. Como la merece el esfuerzo de Silvia Munt por no romperse, igual que lo hace su personaje. Es decir, una película que merece verse. Y oírse, aunque en algún momento- nadie es perfecto, ya lo dijo Billy Wilder- el. sonido directo deje un tanto que desear. César SANTOS FONTENLA