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DOMINGO 23- 2- 97 LA MACABRA AVENTURA DEL ROL nante. Mis sentimientos al hacer el asesinato en sí mismo no existían en absoluto. No sentí remordimientos ni culpas, ni soñé con mi yíctima ni me preocupaba el que me pillaran. Todo eso eran estupideces. Comparé todo esto con mi compañero y coincidimos punto por punto, excepto que él se mostraba más alegre y sí soñó con la víctima, a la que llamamos Benito para referirnos a ella de un modo simple. Nos dijimos que no estaba mal para unos amateur y nos sentimos realizados. Nuestra mejor baza es que no conocíamos de absolutamente nada a la víctima, ni al lugar (al menos yo) ni teníamos ningún motivo real para hacerle algo (ni siquiera nos llevamos todo su dinero, que era muy superior a las tres mil pesetas que nos dio el cabronazo) por lo que era difícil pensar que nosotros pudiéramos siquiera tener que ver algo con su muerte. ABC 9 3 mino a casa. Mi ropa no valía para nada, por lo que la dejamos aparte. Mi compañero me dio su abrigo, que me abroché, y él fue solo con la camisa. Salió a ver si no había nadie y me dijo que así era, por lo que corrí a la fuente y me lavé la cara y el pecho ¡cuánta sangre, mi reino por un espejo! Recogimos la ropa y nos largamos, hablamos animadamente del tema. A la mitad del camino (el puro se nos había roto y lo tiramos tras dar uñ par de caladas a los pedazos) pregunté a mi compañero la hora y descubrimos que se nos había caído el reloj con el forcejeo. A lo bestia Nuestro punto débil era que me había dejado lleno de heridas, especialmente con su increíble mordisco, lo que me resulta muy difícil de explicar a mis conocidos y familia (a mi familia se lo he ocultado por espacio de tres días ya, pero ninguna ha desaparecido y el pulgar se me hincha) Si tienen dudas de si he sido o no yo (sólo podrían conseguir mi nombre por huellas dactilares, lo que es siempre mi mayor preocupación) un vistazo a mis queridas manitas Un reloj perdido Al día siguiente repasé las posibilidades de ser descubiertos. Nos habíamos dejado un reloj, que mi amigo se había encontrado hace unos días en Torrévieja, Alicante, mientras andaba por la calle. Encontré y me llevé un trozo de El crimmal siempre vuelve Con un sentimiento de irrealidad total volvimos a la escena del crimen (el criminal siempre rente ya que conservaba todo su dinero y documentación. Se lo encontró a las nueve de la mañana el conductor de un autobús, le habían dado seis ¡ja. ja, ja! puñaladas entre el cuello y el estómago. Era el segundo asesinato que se cometía en el mismo lugar (ole) en el mismo sitio, encontrándose el anterior sin ojos y con 70 puñaladas (mira que hay gente bestia) no se cree que estén relacionados pues el otro se cree murió por motivos sexuales. La hora fue a la una de la madru? gada (sopla, vaya metedura de pata; a la una yo estaba con un tío jugando al ordenador, y mi coartada era perfecta; ¿error o mentira aposta? y sus compañeros, a esa hora, le acompañaron hasta la parada. Humm. La próxima, una chica ¿Qué estuvo haciendo el tío desde la una que él salió hasta las cuatro y cuarto que fue a la pa- Félix Martínez continuó acuchillando al hombre por todo su cuerpo. Cuando todo acabó, ambos se felicitaron: No ha estado mal para unos amateur iT -v vuelve) y registramos la zona, volviéndome a olvidar ya de todo lo de antes ¡imperdonable de nuevo! y no encontrando el dichoso reloj por ninguna parte. Nos cansamos de buscarlo y nos fuimos. Llegamos a casa a las cinco y cuarto, por lo que el asesinato debió de durar... ¡veinte minutos! ¡Joder! ¡Qué timo el de las películas y libros, macho! Nos lavamos bien, decidimos tirar mis pantalones (también se habían manchado y no salían) brindamos, nos felicitamos, nos reímos y me fui para mi casa, donde me cambié de pantalones y metí los viejos en una bolsa que escondí en un cajón. Mis sentimientos eran de una paz y tranquilidad espiritual total: me daba la sensación de haber cumphdo con mi deber, con una necesidad elemental que por fin era satisfecha. Me sentí alegre y contento con mi vida desdé hace un tiempo repug- guante, pero era posible que hubiera otro trozo que no encontrase. El forcejeo le llenaría de datos sobre nosotros, pero de poca importancia. Era posible que hubiéramos dejado alguna huella, pero difícil debido precisamente a nuestros guantes. La ropa la tiramos a un contenedor el sábado, después de contárselo todo a un posible futuro ayudante, de ideales parecidos pero posiblemente con menos sangre fría. Ya veremos si colabora en posteriores trabajos. echa por tierra mi credibilidad, ya que es evidente que me he peleado muy a lo bestia. El mordisco en especial no puede ser ocultado. No salió información en los noticiarios, pero sí en la Prensa, en El país exactamente. Se llamaba Carlos Moreno Fernández, de 52 años, trabajador de limpieza de unas oficinas de la empresa Bull. Dejaba mujer e hijos que no se explicaban los motivos de la muerte de Carlitos. Encontraron el reloj y huellas de un forcejeo. Creían que había sido alguien (una sola persona) armada con un machete, y no existía motivo apa- rada? ¡Ah! Vivía en Carabanchel. Muy interesante. Pobre hombre, no merecía lo que le pasó. Fue una desgracia, ya que nosotros buscábamos adolescentes, y no pobres obreros trabajadores. En fin, la vida es muy ruin. Calculo un treinta por ciento de ique nos atrapen, más o menos. Si lo hacen será por huellas dactilares o por irse de la lengua. Si no nos atrapan, la próxima vez tocará a una chica, y lo haremos mucho mejor. Que tengan un buen día No ha estado nada mal para ser unos principiantes. No, nada mal. Que tengan ustedes un buen día. Visitaremos el lugar de los hechos cuando las cosas se enfríen un poco, y seguiremos rebuscando información. ¿Causa de la muerte? ¿Estaba ya muerto cuando mi compañero lo degolló? ¿Dónde lo enterrarán? ¿Nos admitirán en el funeral? Le di la vuelta y le metí ambas manos en el cuello, desgarrando cartflagos- ¡qué duros estaban! -y haciéndole sangrar como el cerdo que era. Me había cabreado bastante. Aproveché el momento para echarle un vistazo: tenía toda la cara empapada en sangre, los ojos desorbitados y la boca moviéndose