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92 ABC LA MACABRA AVENTURA DEL ROL Le dije que le cortara la cabeza para que dejara de hacer ruido. Escuché un ñiqui, ñiqui y quejas de amigo de que el hueso era durísimo. Yo recordé que me había propuesto arrancarle la cabeza y besarle así, pero me pareció una mariconada: se suponía que iba a ser una adolescente y no un viejo repugnante y le hacía palanca con una pierna intentando romperle la mano no era capaz de librarse de su presa. Yo encontré mi cuchillo (humm, me parece que me he colado, las cosas no sucedieron así: yo no pude haber perdido mi cuchillo en la caída, porque si no no hubiera podido hacer lo que voy a decir ahora; por otra parte yo acabé sin mi cuchillo en el momento siguiente, por lo que debí perderlo en el forcejeo inmediato; DOMINGO 23- 2- 97 poco más y chilló un poquito, llamándonos joputas diciendo no, no y soltando algo así como que le estábamos matando, que no le matáramos o algo así. No sé. Empezaba a molestarme el hecho de que no se moría ni debilitaba, lo que me cabreaba bastante. Seguí intentando sujetarle y mis manos encontraron su cuello, y en una de las brechas causadas por mi cuchillo momentos antes metí por ella una de mis manos y empecé a desgarrar, arrancando trozos de carne. Esfuerzos por chillar Mi compañero empezó a apuñalarle la pierna, cuando llegó el autobús que estaba esperando nuestra presa, con gran alboroto, renovados esfuerzos por chillar de nuestra víctima y gran preocupación por nuestra parte. Yo agarré a mi presa y le empujé hacia abajo, más o menos al mismo lugar en donde yo había caído antes. Mi compañero se puso a vigilar y a ver si bajaba alguien. Nuestra víctima empezó a gritar, de un modo bastante cutre y ahogado (cdgo habrían hecho mis heridas, digo yo) pero bajó un poco sus esfuerzos, expectante y, supongo, sintiendo sus esperanzas renovarse. Tuvo mala suerte: si no le llegamos a empujar por el terraplén nos hubiéramos quedado al lado de la parada, y si se hubiera bajado alguien hubiera tenido que estar sordo para no oímos. No bajó nadie, gritándome cuando pasó encima nuestro mi compañero (que había subido un El otro condenado, Félix Martínez poco) que estaba vacío. Volvimos a lo nuestro en cuanto lamento la confusión, pero es basse alejó un poco. Yo volví a meter tante difícil de recordar cada uno mis manos, esta vez ambas en la de los detalles de una cosa así; y herida del cuello, que ya debía ser debí estar hasta entonces impresionante. apuñalándole la cara y el cuello mientras le sujetaba con la otra hundí Cansado de apuñalarle mano; lalo siento) y se lo mano, hasta empuñadura en la Me hice una herida a la altura comenzando entonces a aserrar. de la muñeca con algo rasposo, lo que da una idea de lo que estaba Idea espantosa haciendo. Mi compañero ya se había cansado de apuñalarle al Nuestra presa comenzó a chiazar (estaba concentrado en mí) llar en serio (otro detalle que dice y empezó a acuchillarle el estó- que todavía no había metido mis mago. Al cabo de un rato se que- manos en su cuello, y que sólo le jaba de que era durísimo y de que había hecho heridillas superficiano conseguía penetrar. Nuestra les, aunque con posibilidad de víctima se dobló espasmódica- crecer) y a mí se me ocurrió una mente y me arrastró con él, que- idea espantosa que no volveré a dando él boca abajo y yo encima repetir jamás y que saqué de la suyo. Yo seguí un instante hun- película Hellraiser cuando los diéndole mis manos en el- cuello, cenobitas de la película deseaban pero mi compañero me llamó la hacer que alguien no chillara, le atención. Le había agarrado el cu- metían los dedos en la boca. Glochillo por el filo con una mano y, riosa idea para una criatura como a pesar de que se había levantado ellos, pero que hizo que mi presa intentando hacer ruidos, ¡qué asco de tío! Mi compañero me llamó la atención para decirme ¡mira, mira! ¡le he sacado las tripas! vi una porquería blanquecina saliéndole de donde tenía el ombligo y pensé: ¡cómo me paso! Redoblé mis esfuerzos, divertido, y me alegré cuando pude agarrarle la columna vertebral con una mano, me agarrara con los dientes el atrapándola, empecé a tirar de pulgar de mi mano izquierda, ha- ella, notando nuevos pinchazos ciéndome auténtico daño (aún que luego descubrí eran nuevas conservo la cicatriz) heridas, y no cesé hasta descoIntenté liberarme de varios mo- yuntársela. dos: metiéndole un dedo en el ojo, Miré mi obra (se la había saperforando su cuello, tirándole de cado prácticamente por la garla nariz, etc. Al final pasé (no me ganta) vi que todavía estaba vivo parecía que pudiera librarme de y me acordé de mi cuchillo. Le modo alguno) y metí mi mano de- solté dos patadas en el cuello, recha por el cuello en una labor apoyándome después en él y tide exploración que esperaba yo le rando hacia abajo. Me reí interioracabara causando la muerte. ¡Qué mente de sus asquerosos calcetiva! ese tío era inmortal. nes baratos (no sé muy bien por Tras un buen rato me cansé qué) y le dije a mi compañero que (había llegado al hueso y el tío no cesáramos, dejándole morir por sí me soltaba) y le pedí ayuda a mi sólo y dándonos tiempo para buscompañero. Nada, ni así. Al final car el cuchillo perdido. Mi com- decidí hacer algo que yo sabía que pañero le soltó una patada en los me iba a causar daños: le metí la cojpnes. con todas sus fuerzas y otra mano en la boca y tiré hacia me ayudó. abajo, mientras que con mi pulgar atrapado tiraba hacia arriba, Aún se movía desgarrándomelo. Liberé así en parte mi pulgar, reaccionando él Nuestra presa seguía viva y a tiempo para volver a cogérmelo emitía un sonido similar a las gárjusto por la uña donde también garas, insistentemente y a cada me causó daños pero donde no poco tiempo. Una mano aún se pudo sujetarme mucho tiempo. movía pero no parecía tener capaAl fin me liberé, y supongo que cidad para hacer nada que nos nuestra víctima perdió la única perjudicara. Le dije a mi comambición que le quedaba: porque pañero que le cortara la cabeza de aqiu al final no hizo nada espe- para que dejara de hacer ruido y cial. me puse a buscar el cuchillo. Escuché un- ñiqui ñiqui y quejas de que el hueso Ambas manos en el cuello de mi amigofinalencontré mi era durísimo. Al cuLe di la vuelta y le metí ambas chillo y mi compañero desistió de manos en el cuello, desgarrando seguir intentando cortarle la cacartílagos (qué duros testaban) y beza. Yo recordé que me había haciéndole sangrar como el propuesto arrancarle la cabeza y cerdo que era. Me había cabrea- besarle así, pero me pareció una do bastante. Aproveché el mo- mariconada: se suponía que iba a mento para echarle un vistazo: ser una adolescente y no un viejo tenía toda la cara y el pelo empa- repugnante. Llamé la atención a pados en sangre, roja a rabiar y mi compañero sobre la apariencia fluida. Los ojos desorbitados y la tan curiosa de la cara del tío: paboca moviéndose todavía inten- recía una máscara, dando la sentando chillar. Mis dos manos den- sación de que había un consideratro de su cuello, haciendo un ble hueco detrás de ella (por bulto apreciable. Fue entonces donde daba la sensación de que se cuando me percaté de que yo no podía meter una mano: ¡jo, jo, jo! debía tener mejor aspecto, ya que A la luz de la luna contemplamos notaba toda mi cara pegajosa, a nuestra primera víctima. Sontenía mis gafas empañadas y el reímos y nos dimos la mano. tío seguía sangrando de modo bastante notorio. Bañado en sangre Aquello no me importó lo más mínimo y seguí desgarrándole el Me miré a mi mismo y me descuello, proponiéndome a mí cubrí absoluta y repugnantemismo cosas del estilo de mente bañado en sangre. A mi ¡conseguiré arrancar este compañero le pareció acojonante, cartílago en menos de tres y yo lamenté mucho no poder intentos! ¡llegaré a las cuerdas verme a mí mismo o hacerme una vocales y dejará de hacer ruido! foto. Uno no puede pensar en Era espantoso: ¡lo que tarda en todo. Me olvidé de coger un trozo morir un idiota! para guardármelo, de registrarle Era algo increíble y portentoso: para ver si tenía más dinero ¡qué llevábamos casi un cuarto de fallo, qué fallo! imperdonable) y hora machacándole y seguía me concentré en preparar mi ca-