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JUEVES 26- 12- 96 NACIONAL ABC 2 5 Los Reyes asistieron en el Palacio Real a la misa por el eterno descanso de la hermana de Don Juan Los restos mortales de Doña María Cristina serán inhumados hoy en Tarín Sus Majestades los Reyes asistieron el martes a la misa por el eterno descanso del alma de la Infanta Doña María Cristina de Borbón y Battenberg, hermana de Don Juan III y tía de Don Juan Carlos I, que falleció en la noche del lunes a consecuencia de un paro cardiaco. El funeral corpore insepulto se oflció a Don Juan Carlos y Doña Sofía presidieron, en un sitial de honor, el funeral por el eterno descanso del alma de Doña María Cristina. Al acto religioso asistieron también el presidente del Gobierno, José María Aznar; del Congreso de los Diputados, Federico Trillo; y de los Tribunales Constitucional, Alvaro Rodríguez Bereijo, y Supremo, Javier Delgado, así como varios ministros y familiares y amigos de la Infante fallecida. La misa fue oficiada por el arzobispo castrense, monseñor Estepa, quien en la homilía recordó lafigurade Doña María Crístina y la de su hermano, Don Juan dé Borbón, cuyo fimeral tuvo lugar en la misma capüla. Monseñor Estepa estuvo auxiliado por el sacerdote Boija Álvarez de Toledo Marone, nieto de la Infanta, que tras la comimión pronimció unas emocionadas palabras para dar gracias a Dios por haber permitido a su familia disfrutar de la vida y la persona de Doña María Cristina, que con su súbita muerte- dijo- nos ha dejado a todos descolocados Madrid. S. N. las doce y media de la mañana en la Capilla Real del Palacio de Oriente. Los restos mortales de la Infanta Doña María Cristina de Borbón fueron trasladados a la ciudad italiana de Turin, donde hoy recibirán cristiana sepultura en el péinteón familiar del que fuera su esposo, Enrique Eugenio Marone Cinzano. El presidente del Gobierno cántabro, José Joaquín Martínez Sieso, destacó que el fallecimiento de la Infanta María Cristina supone la pérdida de una gran amiga de Cantabria y especialmente de Cabezón de la Sal, villa de la que era alcaldesa de honor desde 1993. El Gobierno de Cantabria expresó, en una nota oficial, su pesar por el fallecimiento de Doña María Cristina, tan estrechamente vinculada a nuestra región ya desde su infancia Martínez Sieso recordó a la Infanta como una persona sencilla, alegre, vital y con un excelente sentido del humor La Corporación Mimicipal de Cabezón de la Sal aprobó decretar los días 26,27 y 28 jomadas de luto oficial por el fallecimiento de la Infanta. En un pleno de carácter extraordinario y urgente, la Corporación de Cabezón de la Sal acordó igualmente la celebración de una misa funeral por el alma de Doña María Cristina, en la iglesia parroquial, el próximo sábado a las siete y media de esta tarde. por la bandera de España. La banda de música de la Guardia Real interpretó el Himno Nacional durante la rendición de honores y, a continuación, entonó los acordes del Adiós a la vida de la ópera Tosca de Puccini, una de las melodías favoritas de Doña María Cristina. Por la tarde, los restos mortales de la Infanta fueron trasladados a Turín. El embajador de España en Italia, Juan Prat, se desplazó a esta ciudad itaüana para recibir el féretro. En el domicilio de Doña María Cristina en Turín quedó instalada la capilla ardiente. Entierro Los restos mortales de la Infanta recibirán hoy crístiana sepultura en el panteón familiar del cementerio de Turín, inmediatamente después de la misa corpore insepulto que tendrá lugar en la iglesia de San Massimo a las once menos cuarto de la mañana. Está previsto que la Infanta Doña Cristina se desplace hasta la ciudad italiana para asistir al entierro de la tía del Rey. La hifanta María Cristina de Borbón y Battemberg falleció a las once y media de la noche del limes, a consecuencia de un paro cardiaco, cuando se encontraba en la residencia de la Condesa de Barcelona, donde celebraba el cumpleaños de Doña María de las Mercedes. En el momento del fallecimiento se encontraba en la casa de la madre del Rey toda la Familia Real que, como es tradición, se reúne en esa fecha para homenajear a Doña María de las Mercedes en el día de su cumpleaños. Los Reyes, el Príncipe de Asturias y la infanta Cristina, habían acudido momentos antes al Teatro Albeniz, en donde apoyaron con su presencia una función benéfica a favor del Zaire. La Presidencia del Gobierno envió una corona defloresy im telegrama de condolencia a la Familia Real por la muerte de la Infanta. Rendición de honores Los Reyes se situaron bajo im dosel en el lado del Evangelio y, a su derecha, se colocaron el Príncipe de Asturias, los duques de Lugo y la Infanta Doña Cristina. Frente a la Familia Real se encontraban las cuatro hijas de Doña María Cristina- Giovanna, Victoría, María Teresa y Ana Sandra- Frente al altar, se situó la Condesa de Barcelona, Doña María de las Mercedes, y sus hijas las Infantas Doña Püar y Doña Margarita. El coro de las madres Benedictinas de Canillejas acompañó con sus cantos los distintos pasajes de la misa. Tras el acto rel oso, una sección de Infantería de Monteros de Espinosa adscritos al cuartel de la Guardia Real del Príncipe rindió honores a la Infanta, cuyo féretro iba cubierto miramos E 1 NlosSantander, cuando la Magda hacia e! Palacio de lena que tenemos muchos años, Alcaldesa honoraria El alcalde de Cabezón de la Sal, Santiago Ruiz de la Riva, y el concejal de Cultura, Antonino Pellón, se desplazaron a Madrid para despedir los restos mortales de Doña María Cristina antes de su traslado a la ciudad itaüana de Turín. Doña María Cristina fue nombrada alcaldesa honoraria de Cabezón de la Sal el 30 de juho de 1993 por imanimidad de todos los grupos municipales. Ese mismo año pronunció el pregón del Día de Cantabria, en el que destacó que su nombramiento le unirá aún más a esta noble región porque desde muy niña aprendí a amarla de todo corazón, en el seno de mi famiha La incomparable península de La Magdalena fue siempre para nosotros un verdadero y entrañable hogar señaló Doña María Cristina. talgia de su adolescencia; y Santander, La Magdalena, eran un recuerdo dulce. Un destino misterioso la trajo de nuevo a Cantabria, hace unos años. Pasaba el verano en Comillas, al borde del mismo mar que, unas millas al este, baña La Magdalena. Y ese destino enigmático, aliado a la cortesía entrañable de un municipio antiguo y hospitalario, la convirtió en Alcaldesa honoraria de Cabezón de la Sal, capital de mi Valle familiar, cercano a Comillas. Desde entonces, pienso que en Cantabria quizás ha podido reencontrar retazos de las alegrías de su adolescencia en Santander. Ese pensamiento me alivia algo de la tristeza que me produce la muerte de esta gran Infanta, gran señora, mujer extraordinaria y llena de encanto, que me honró con su amistad y cuyos restos yacían, en la mañana de esta Nochebuena pasada, en la Capilla Real del mismo Palacio en que nació, un día de diciembre de 1911. Varios anillos del destino se cerraban. Alfonso DE LA SERNA La Infanta en Cantabria de Inglaterra, del otro lado del mar. En el mapa de España, con el mar de azul pintado, Santander, entre los faros vecinos, con sus luces de situación bien puestas al atardecer, señalaba que era ciudad abierta, y que allí, mientras el azul se desvanecía hacia la noche, se encalmaba, como en un paréntesis de paz, uno de los últimos períodos de la historia de España, antes de la tragedia. En aquel marco, recuerdo yo la imagen lejana de una muchacha adolescente que tenía los ojos azules y el mismo perfil de su madre, la Reina. Era la Infanta doña María Cristina de Borbón y Battenberg. La entreveo, en la memoría distante, con su gran belleza alegre. Un día, el pendón morado de Castilla fue arriado en el palacio; y ya no volví a verla en muchos años. Cuando la encontré de nuevo, fuera de España, estaba en el otoño de su vida, bello como todos los otoños. Guardaba la nos- nos acordamos de una época que yo llamaría azul como esos tiempos primaverales de los poetas y los artistas. Eran unos días en los que en la torre del homenaje del palacio ondeaba al aire de la mar el pendón morado de Castilla: señal de que había llegado el Rey. Era los años 20. La Familia Real española pasaba el verano en Santander, y allí, en aquella península de La Magdalena, al borde del abra de la bahía, frente a la Isla de Mouro, escarpada ya en la mar abierta, transcurría su vida. Cuando soplaba el nordeste, el viento limpio del Cantábrico, todo se volvía azul. Azul de la mar y del cielo bajo la brisa que agitaba velas, pendones, gallardetes y grímpolas; azul, la bahía, que iba a cantar en versos inolvidables Gerardo Diego; azul, en las franjas de los uniformes blancos de los marinos; azul juvenil y deportivo del veraneo. Y azul en los ojos de la Reina que un día nos había llegado