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94 ABC ESPECTÁCULOS Crítica de teatro LUNES 16- 12- 96 Un gran paso de Valle- Inclán al nuevo siglo El yermo de las almas Dirección: Miguel Narros. Escenografía: Andrea D Odorico. Iluminación: Juan Gómez Cornejo. Asesor musical: Víctor Pagan. Músicos: Elisa Mateu (vioín) y Saulo García Diepa (piano) Intérpretes: Victoria Vera, Sonsoles Benedicto, Ramón Luknár, Ángela Elizalde, Helio Pedregal, Joaquín Hinojosa, Milena Montes, Berta Riaza, Amanda Cascajosa y Dionisio Salamanca. Teatro María Guererro. Estamos ante la primera obra de Valle- cuando se enfrenta con las normas. El día en Inclán, y esta pieza nos retrotrae al siglo pa- que la joven hermosa, apasionada y tísica sado. Tiene Valle- Inclán treinta años y en su Octavia acude por primera vez a la casa de primera versión la obra se titula Cenizas su amante, asustada porque su marido ha Fue impreso este texto en 1908, y cuando se descubierto unas cartas que demuestran su representa el 7 de diciembre de 1899 en el es- amor adúltero, no sospecha que va a enfrencenario del Lara por la compañía Teatro tarse a todas las normas que funcionan y sé Artístico en la que colaboran actores como hacen respetar todavía intolerablemente -Francisco Morano y escritores como Bena- con el adulterio. El comienzo del drama provente y Martínez Sierra, es en una función a duce una primera escena magistral, de beneficio de Valle- Inclán, para fabricarle un enorme violencia de situación dramática. Su brazo artificial para sustituir al izquierdo, amor va a ser combatido ferozmente desde que ha perdido a causa de un mal bastonazo todos los puntos posibles. La religión, que en una gresca personal con otro escritor. La no tolera otra solución contra el pecado que actriz Josefina Blanco, Martínez Sierra y Be- la rotura de la relación amorosa con el navente representan esa noche una piececi- amante. El amor, por vehemente, por puro 11 a corta de Benavente, titulada Despedida que sea, no puede oponerse a la fuerza sucruel que amplía la duración, entonces prema del matrimonio. Tampoco podrá recorta, de Cenizas primer título de El sistir a la condena social que todavía a principios de este siglo no soportaba la formayermo de las almas Es El yermo de las almas esencialmente ción de parejas irregulares. La familia una pieza de adulterio. En el tránsito entre opondrá al amor de la adúltera el amor a su finales del siglo XIX y principios de este si- hijita, la autoridad de la madre que, fortale glo, podemos decir que el tema del adulterio cida por su fidelidad y su decencia, preferirá estaba de moda. Echegaray, el de El gran la muerte de la pobre Octavia, gravemente galeoto y Mancha que limpia a mediados enferma, a continuar el amor ilícito que tordel XIX era un gran especialista de amores tura y destroza, también, al indefenso, al déocultos. El Benavente de La malquerida bil amante. tampoco se anda con disimulos para enfrenValle- Inclán no discursea, no toma, apatarse con los muchos problemas de los amo- rentemente, partido. Se limita a describir res prohibidos. El joven Valle- Inclán que es- unos sucesos en los que el amor es aniquicribe y según su costumbre corrige Ceni- lado por las normas. Es mucho más atrevido zas camina en esta su primera obra teatral este Valle- Inclán treintañero que su amigo por el tema del adulterio con una decidida, Benavente, que no obstante actúa ya como enérgica actitud en la que muestra con rigu- un autor de este siglo en obras primeras, roso realismo el tremendo conflicto del amor aún, como El nido ajeno que cronológica- Por una vez, Narros ha sido respetuoso con un clásico, quizá no considera El yermo de las almas ni como un clásico ni como un modernista, aunque Valle ya supiera convertir en simbólicas no pocas situaciones, conmmovedoramente reales Música clásica Waltraud Meier en un magnífico recital de Lied alemán El ciclo Orquestas del Mundo de Ibermú- están en una visión más intimista que sica hizo ayer domingo un paréntesis, tomó dramática más interiorizada poéticamente aire, al presentar un hermoso, denso y sustan- que narrativa cial programa de música vocal alemana con el En cambió, el firmante de estas lineas no qué Waltraud Meier demostró estar en la me- conoce ni sueña una interpretación mejor de jor forma y manejar con madurez técnica y los Wesendonck Lieder de Richard Wagmusical una de las más grandes e interesantes ner. Hondura, grandeza vocal, sabia gradavoces del momento, la suya. ción de intensidades... Sensacionales Meier y El programa- todo miga- trazaba un gran Carthy en lo que seguramente fue el climax arco sobre el Lied romántico germano, de de un gran recital. Después de que el AuditoSchumann a Berg, pasando por Wagner y rio se hubiera hecho Teatro en el tiempo wagMahler. Se asomó también Brahms, en la úl- neriano, volvimos a la sala de conciertos para tima y aclamada propina: la célebre Wiegen- degustar tres deliciosos Lieder de los Wunlied Con la compañía pianística pulcra y derhorn de Gustav Mahler. musicalmente intachable de Nicholas Con buen criterio, Waltraud Meier alteró el Carthy, Waltraud Meier cantó admirable- orden anunciado, para comenzar con la pura mente los siete Lieder juveniles de Alban delicia de la Rheinlegendchen y dejar para Berg, dando a cada uno de ellos la justa inten- el final el emotivo y en cierto modo teatral, sidad y su carácter de hondos minidramas. Wo die schónen Trompeten blasen El Vino luego la maravillosa expresión de lo termómetro de la calidad y la calidez interfemenino que Schumann quiso y supo plas- pretativas estaba ya lanzado y, finalmente, la mar en su ciclo Amor y vida de mujer La reacción del público se puso a tono. Otro señora Meier hizo de la obra una parábola Mahler San Antonio predicando... y el recasi teatral con punto culminante en el ferido Brahms fueron la conclusión definitiva sexto Lied, dicho con lentitud y sentido de para una tarde de gran música y gran línea h- trágicas premoniciones. Versión seria e inte- de canto. resante, aunque las preferencias personales José Luis GARCÍA DEL BUSTO mente aparece todavía en el siglo pasado, 1894 si mi memoria no me escaquea algunas semanas. Ya es Valle- Inclán, cuando escribe esta primera pieza, un autor que viene con fuerza renovadora, aunque su diatriba contra las coerciones religiosas, familiares, sociales que tienen el poder de menospreciar la licitud moral, la libertad de los sentimientos sinceros, es todavía el alegato de un rebelde joven contra un mundo viejo. Las escenas son cortas, secas, llenas de sinceridad. Los personajes o son apoyados por la intransigencia de lo establecido o no pueden ser otra cosa que víctimas de una organización social sofocada por preceptos. Diálogos claros, frases en que la alta calidad del lenguaje no se permite lo altisonante, lo que puede ser llamado frase de autor. Valle- Inclán nó frasea. Son sus personajes los que hablan y son piezas humanas enteras, agudamente puestas en pie, como el Padre Rojas, con su despiadada autoridad eclesial; el médico, disimuladamente inconformista; la criada, testigo conmovedor, humanísimo, de la legitimidad sentimental de la pobre adúltera, de la enferma condenada a muerte por la intolerancia ideológica. Doña Soledad es la dura estampa sincera, incapaz de desmayos, de una sociedad a la que Valle- Inclán sólo mostrándola, acusa. Por una vez. Narros ha sido respetuoso con un clásico. Probablemente porque no considera al Valle- Inclán de El yermo de las almas ni como un clásico ni como un modernista que, en cierto modo, en aquella primera comedia lo era todavía, aunque ya supiera convertir en simbólicas no pocas situaciones conmovedoramente reales. Utilizando una escenografía ingeniosa, bella, eficacísima, al fin bien iluminada, con una iluminación suavemente realista, concede a su equipo de actores un cierto grado de autenticidad, de modo de sentir sus personajes. Deja a Victoria Vera, -magnífica actriz, pasarse un poco a la teatralidad en las escenas finales. A Berta Riaza dar calor sincero a su personaje. Es imposible averiguar por qué Narros confió a un actor sobrio, que sonaba un tanto extranjero, el papel del pobre enamorado adulterino. En conjunto al crítico le plació, le convenció el desvalimiento, la sumisión de enamorado sácrifi- cado de su personaje. Valle- Inclán está muy cuidadosamente servido aquí por Narros. Esta versión de El yermo de las almas no resulta teatro antiguo. Es una puerta sencilla, tranquilamente abierta al nuevo siglo que llegaba. El esperpento llegaría poco tiem jo después. Valle- Inclán, sobria, profundamente indignado, no veía en la angustia, el sacrificio, en la muerte de Octavia, la enamorada, la sacrificada, lo mucho que ya había de esperpéntico. Mantener la obra en su Clima social, psicológico moral, en pocas palabras, en su tiempo, es la base del gran acierto como director, en este caso, de Miguel Narros. Lorenzo LÓPEZ SANCHO