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82 ABC ESPECTÁCULOS SÁBADO 28- 9- 96 Flamenco blues Ruidosa fiesta con Javier Vargas y Raimundo Amador Madrid. Luis Martín La noche del pasado jueves, compartida en La Riviera de Madrid con Javier Vargas, Raimundo Amador, La Negra, José el Francés y Velma Powell, era la noche que buscaba confraternización entre dos identidades muy obvias en sus respectivos desarrollos de lenguaje. Blues y flamenco alternando intervenciones en una sola sesión estrenada ahora, tras ser suspendida el pasado mes de mayo debido a imponderables climatológicos. No puede decirse que el sonido y la puesta en escena de los músicos fuesen perfectos y sí, en cambio, que a menudo hubo insuficiencias que hubieran podido solventarse con un buen guión y, acaso, con algunas horas más de ensayo previo. El espectacular aguacero eléctrico de Javier Vargas y su banda arrancó la velada por blues, con nuevo cantante al que, en adelante, preciso será implorar que cese en su empeño de impostar la voz. Sus intervenciones en Ride baby, ride y Brand new blues tuvieron la culpa de que algunos recordásemos con nostalgia a Jeff Spinoza, el anterior cantante en la formación. Y ya, entrados en calorías, saltó a la escena un Raimundo Amador pequeñito y de repertorio bien aflamencado, que, antes, se había extendido con Javier en versión prolongada de Blues latino Una nutrida concurrencia, que aplaudió y voceó versiones fraileras de Gitano y Gerundina recibió con estruendo mayor a esa Negra a quien estos espectáculos no deben coger por sorpresa, pues a ella es a quien vimos hace unos años en aquel teatral Macama Jonda que enfrentaba a flamencos y a músicos de la Orquesta Andalusí de Tetuán. Cantó por bulerías con la mesura que el ambiente le negaba, y, cuando se cansó del alhoroto permanente, abandonó el micro obligando a que el personal redujese el vataje de sus conversaciones. Los más sordos, supongo, bramaron. Era la reacción de quien nada entiende ante un gesto qué pretendía recordar a dueños de la cosa que así de desproporcionadas son las dificultades cuando las cosas se sacan mal de contexto. Y en eso se estaba, cuando salió a la palestra José el Francés. El de Montpellier es propietario de una soberana curda de desatinos, que todavía hace que los que le oímos conservemos desagradable resaca. Menos mal que, antes del obligado número colectivo en Bollera hizo aparición la gran Velma Powell, cuyo poderoso rayo vocal cuajó magnífica versión de Born under bad sign En el final, lástima, muy poca de esa pretendida consanguinidad de caracteres quedó mostrada. Fue una experiencia buena sobre el papel, pero ampliamente desaprovechada en su desarrollo. Acaso, lo único cierto: el tránsito de sedimentos culturales que, desde su aparición mediado el siglo pasado, viene caracterizando a dos idiomas con centenares de años de prehistoria difusa y lejana. e Libertarias en el Festival de Cine de Tokyo. En su novena edición, que se inauguró ayer, presentará al público japonés las últimas producciones cinematográficas del mundo, incluidas películas como Libértarías de Vicente Aranda, La muerte y la bruja del mexicano Alex Cox, Cuestión de fe del boliviano Marcos Loayza, y Pon tu pensamientaen mí del cubano Arturo Sotto. Una esciela española de verso Inglaterra y Francia forman con España el triunvirato de los teatros clásicos de los siglos XVn y XVni; los dos primeros tienen a gala el poseer actores especialistas en dicho teatro debido a haber conservado la tradición del mismo dentro de unos cánones interpretativos del propio verso que aun habiendo sufrido cánones interpretativos del propio verso que aún habiendo sufrido algún tipo de evolución, ésta ha sido asumida por todos, y así las dos escuelas de teatro han podido mantener su personalidad como un dato más de su cultura nacional. En España pudo haber dos escuelas, la catalana y la castellana (Borras y Calvo) cuyos seguidores aprendieron de los maestros sobre las mismas tablas, y cuya diferencia básica estaba en la mayor o menor grandilocuencia derivada de la fonética de cada idioma; la llegada del naturalismo (Trui 11 er) planteó el dilema: verso- verso o verso- prosa, que nunca ha llegado a solucionarse, por lo que los actores españoles no poseen ninguna escuela común acerca del verso, y los directores, pechando con una labor que no tendría que ser suya, tienen que trabajar duro con su elenco para conseguir la unidad actoral con que, a su criterio, ha de decirse el verso; y como esos criterios son muy diversos, sigue favoreciendo la diversidad de estilos y desfavoreciendo la concreción de una escuela generalizada. En serio- broma siempre he procurado hacer ver a mis alumnos o a mis actores la obligación que tiene el teatro de resaltar ante el espectador no sólo el genio de los clásicos en cuanto a conflictos tratados o a caracteres descritos, sino el ingenio para hacerlo rimando obligatoriamente en -ar o en -ente Decir el verso es respetar el lenguaje del autor, y al igual que a O Neill no se le puede aplicar la técnica del lenguaje coloquial, tampoco se puede hacer creer al público que Lope escribía en prosa, como la mayoría ha llegado a creer de Shakespeare. Me ha parecido observar que, a medida que se han ido sucediendo los estrenos de la Compañía Nacional de Teatro Clásico ha ido menguando la costumbre crítica, hacia consecuencias constructivas, de enjuiciar aparte de la interpretación dramática la forma de decir el verso los actores, hasta no hace mucho motivo especial de elogios o detracciones personales, e ignoro si es debido a que su director, con loable esfuerzo, ha hecho partícipes a todos de sus particulares teorías sobre el Teatro Clásico o que, en evitación de mayores males, los críticos han acordado no embarullar más el tema con sus también particulares opiniones sobre la forma de decirlo. En resumen, que sin detrimento para los estudios básicos que sobre el verso se imparten en la Escuela Superior de Arte Dramático (donde muchos aprendimos de Manuel Dicenta, Mercedes Prendes o Carmen Seco, no todos en la misma onda, pero sí magníficos maestros para dar ejemplos prácticos) habría que dar lugar a unos Estudios de Especialización para grupos de alumnos con voluntad y aptitudes para el verso (no todos los actores las tienen) que fueran proyectando a la escena valores con igualdad de cánones en la interpretación del mismo, que yo propongo a grandes rasgos como: ni verso- verso (sujeto férreamente a la declamación) ni verso- prosa (destruyendo los valores intrínsecos del verso) sino una declamación capaz de sacrificar ciertas reglas en aras de la interpretación dramática, y una interpretación dramática capaz de dar al verso la cadencia que el poeta le imprime, de forma que la rima pueda golpear más fuerte que lo que el verso le permite al autor y extasiar de música cuando el autor se deja arrastrar por el verso. Si la más elemental regla de conservación no admitiría la restauración de una pintura de Mengs con colores acrílicos, la conservación de nuestro patrimonio artístico literario, legislada constitucionalmente, incluye el respeto por la forma de expresión de nuestros clásicos: EL VERSO. Carlos BALLESTEROS X ja Danza José Antonio triunfa en San Petersburgo Moscú. S. E. La coreografía Goya divertissement puesta en escena por el bailarín y coreógrafo español José Antonio, obtuvo un gran éxito en el Teatro Mariinski (antiguo Kirov) de San Petersburgo, cuna del mejor ballet ruso en el que emergieron estrellas como Rudolf Nureyev. El éxito acompañó a José Antonio en el estreno de su coreografía, con música del ruso Mijail Glinka y escenografía y vestuario del español Roger Salas, como demostró el público que llenaba el teatro al recompensar a los autores del espectáculo con quince minutos de incesantes aplausos e infinidad de flores, según informa Efe. El propio ex director del Ballet Nacional de España (1986- 1992) afirmó a la prensa tras el estreno de su obra que estaba encantado con la fantástica acogida del entrañable público del viejo Kirov. Los cinco bailarines que interpretan los principales personajes del ballet son Faruk Ruzimatov como Goya, Julia Majalina como la duquesa de Alba, la joven promesa del antiguo Teatro Kirov Uliana Lopatkina como la Muerte, Irina Yelonkina como la Pintura, y Kmitri Komeyev como la Guerra. La maja virtuosa de Goya es Olga Chenchikova, y el propio José Antonio, en las dos funciones en las que participa, interpreta el papel de maestro de baile en el cuadro final. Es un honor para mí trabajar con un reparto de lujo en el que destacan bailarines de la talla de Faruk Ruzimatov comentó José Antonio, quien resaltó que esta obra se complementa con Un tapiz para Goyesca que estrenó el pasado día 5 en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. El centro de esta obra estrenada en San Petersburgo es la influencia que tuvo en la vida de Goya su entorno y que está representado aquí con símbolos como la pintura, el amor, la muerte y la guerra. la