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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 4 DE JUNIO DE 1996 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA A esperanza es para los cristianos algo que viene de lo alto, algo religioso. Es una virtud teologal, con la fe y la caridad: mucho tiene qué ver con ellas. Y hay la Virgen de la Esperanza. Pero ya antes, en Roma, la Esperanza tenía templos. Su raíz es humana, está en nuestras vidas de cada día. Pero es tanto en ellas, que asciende hacia arriba y se la ve viniendo de arriba. Don Antonio Machado decía aquello de que quien habla solo, espera hablar con Dios un día. Y Rubén cantaba a la divina reina de luz, la celeste esperanza Esperanza es esperar lo mejor, una sahda en situaciones inciertas. De ella vivimos. Hay la espera y la esperanza, que decía Laín. Y nuestra lengua está llena de frases consoladoras sobre la esperanza: mienfras hay vida hay esperanza, dar esperanzas (como hacían las antiguas amadas) estado de buena esperanza. Pero va unida, a veces, a la desesperanza, es decir, a la espera frustrada. La esperanza es lo últimoque se pierde, es otra frase: testimonio que, a veces, acaba por perderse. Solón hablaba de esas esperanzas perdidas de los hombres. Nos regocijamos, decía, con esperanzas volanderas: el enfermo cree que sanará, el cobarde cree ser valiente y hermoso el que no lo es, el pobre piensa que llegará a hacerse rico. No se puede vivir de meras esperanzas: el que espera desespera, ya se sabe. Tiene que ver esta esperanza con la ilusión fallida, con la opinión desmentida por los hechos: la doxa de los griegos, la maya de los indios. Algo opuesto a la Verdad y el Ser, frente a ello se inventaron las religiones, las ciencias y las filosofías. Y es que la vida del hombre es presente, un presente menesteroso: una arista sutil entre el pasado y el futuro. Ya ayudan al presente, ya lo ensombrecen. Pende sobre él el pasado, que a veces consiste en malos recuerdos parahzantes. Claro que se puede exorcizarlo, olvidándolo (en la medida en que se puede) o inventándolo a capricho. Todos nos inventamos un pasado a la medida, aunque a veces ni nosotros mismos nos lo creemos. En cuanto al futuro, lo racional es hacer previsiones o cálculos, pero está tan preñado de incertidumbres que al final casi todo se queda en el miedo o la esperanza. Volvemos así a la esperanza y, también, a la desesperanza. Es radical la solución estoica: Ni esperanza ni miedo era su lema (era el exübris de Antonio Tovar, lo conservo en hbros que me regaló, siempre me hace pensar) Pero ese lema no es humano: sin esa espera de la feücidad, sin esa esperanza no se puede vivir. Es un impulso vital, no racional, un acto de instinto y voluntad inconsciente, después de todo. Elpís la esperan- ABC ESPERANZA za griega, tiene que ver con la raíz que aún está en voluntad Spes la esperanza latina (y nuestra) tiene que ver con soplar, alentar Vivimos, alentamos, anhelamos: luego esperamos. Sin esa flecha hacia el futuro, el presente es miserable. No tener esperanza es no tener ganas de vivir, es esa depresión, ese mal del siglo que se extiende en nuestra sociedad. Hay cifras pavorosas. Para los demás, la desesperanza es provisional. El más desesperado se aferra a la esperanza: a veces algo ha salido bien, volverá esa racha. Logrando una esperanza entre tantas falUdas la de retornar a la patria, dice el heraldo del Agamenón vuelto de Troya. Hasta los enamorados rechazados se aferran a su esperanza aunque nada tengan que esperar, como aquel pastor virgiUano. Y cuando proclaman que, desdeñados por su amada, todo ya puede esperarse ¿qué no se esperará de aquí adelante? se pregunta Garcílaso) buscan sin embargo un nuevo engaño, una nueva razón para vivir, una nueva esperanza. Pero son los conductores de hombres los grandes perseguidores de la esperanza. A Alejandro, que en vísperas de partir para conquistar Asia había empeñado en la empresa todo su dinero, le preguntaba Perdicas que qué le quedaba. La esperanza replicaba. Y Eneas en Cartago simulaba en su rostro esperanza, guardaba en el corazón su dolor profundo Ésta es la misión del poUtico, dar esperanza: va a doblarse por fin el cabo de la Buena Esperanza, va a verse la salida del túnel, nos repiten. Es el famoso cambio (cierto o falso) de Ciro, de Augusto, de Papandreu, de Felipe González, de Aznar, de que hablé otra vez. Entre tantas frustraciones algo tienen de oxigenante, de esperanzador los períodos de DOMICILIO SOCIAL J. I. LUCA DE TENA, 7 28027- MADRID DL: M- 13- 58. PAGS. 176 L C O L E G I O UNAIMUNO HABITACIONES CON BAÑO COMPUTO Y AIRE ACONDIOONADO INTERNADOS CURSO 9 6- 9 7 E. G. B. -B. U. R- C. O. U. RECUPERACIONES Julio y Agosto O B i I: I Enseñar a estudiar al alumno. 0 Enseñarle a planificar su trabajo. Atención individual del alumno que tiene falta de base. S Crear en él hábitos de estudio. Sf Darle seguridad. 0 Entusiasmarle con los libros y la práctica de los deportes. elecciones. Casi todo va bien, irá mejor es un mensaje. Casi todo va mal, ahora irá bien es el otro. Esperanza. El político tiene que inspirarla y que canalizarla. Hay algo dentro del hombre que le obliga a seguir, que le hace parar con su voluntad los peores golpes, al menos imaginativamente: con esperanzas. Si no obra así, es que está muerto. Mientras hay vida hay esperanza Y si no hay esperanza, no hay vida. Pero siempre la hay para los más, aunque se esconda muy en el fondo del corazón. En el apólogo indio que recoge nuestro Calila el hombre que está a punto de caer al fondo de un pozo se aferra trabajosamente a las ramas de un árbol que crece en él. Bestias inmundas le acercan sus cabezas desde sus cuevas, dos ratones roen el tronco y están a punto de cortarlo, en el fondo aguarda una serpiente con las fauces abiertas. Pero por encima del hombre hay una colmena, de la que un hiliUo de miel fluye a su boca. Es la esperanza, el dulce gusto de la vida. Quizá el árbol resista, después de todo. Quizá a un hombre le han traicionado aquellos a los que tenía por hijos. Quizá se han alejado de él mujeres a las que quería. O quizá ideas que seguía se marchitan en un ambiente miserable. O quizá la poh tica que ve y sufre en este país le desazona. El mundo no es como quisiéramos. ¿Qué hacer? Quedan la vida y la esperanza, esos sinónimos (así en el übro de Rubén) Queda el perseguir lo que, a pesar de todo, queda. Queda la divina, celeste esperanza. Tras la tempestad que arrviina la esperanza, dice Solón, el viento de la primavera de nuevo muestra a la vista un tiempo sereno y brilla un sol ardiente, hermoso, sobre los fértiles campos y ya no se ve ninguna nube. Después de las peores tormentas, vuelve la luz. O así es nuestra esperanza. Y en todo caso, la esperanza es un recurso noble para seguir viviendo, a veces hay que obrar como si, simplemente, en ella se creyera. Y hay que contar con las esperanzas encontradas y comprenderlas. La Odisea es el poema de la esperanza: el héroe llega a ítaca, triunfa así su esperanza pasando por encima no sólo de las olas y los monstruos, también de la esperanza de las ninfas que le aman y quieren retenerle. Pero él y ellas se comprenden y se ayudan, aunque sus vidas y sus anhelos sean opuestos. Fue más lejos el poeta Kavafis: Cuando emprendas el viaje a ítaca, procura que sea largo dice. Y habla de la alegría de los puertos descubiertos y de los corales y ébanos que harán rico al navegante cuando llegue ya viejo. Rico en sabiduría. ítaca- la esperanza- te dio el hermoso viaje Francisco RODRÍGUEZ ADRADOS de la Real Academia Española Urb. Miraflores del Palo MALAGA; Tels. (95) 229.06.85- 220.12.38 Fax: 229.93.98