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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 27 DE ABRIL DE 1996 ABC INDIA OTRA VEZ explosión y explosión. No ha invadido a nadie: y ha experimentado invasiones varias de pueblos extraños e influjos que van de los persas y los griegos a los musulmanes y los británicos. Se ha divido en cinco naciones: India, Nepal, Sri Lanka, Pakistán y Bangla Desh, que guardan, pese a todo, una innegable comunidad. Y sufre fuertes tensiones nacionalistas, en Cachemira y otros lugares. Pueblos y reügiones diversas se reparten su territorio. Y entre el campesinado tradicional y las modernas clases medias y la alta civilización tecnológica hay abismos. Todo lo une, en la medida en que lo une, una democracia de tipo occidental. Algo han hecho los colonizadores: sentaron la base para que ello fuera posible con su administración centralizada, sus ferrocarriles, su lengua común de las clases altas: el inglés. India es absorbente. Son muchos los que van de fuera, de España por ejemplo, y se sienten arrebatados, asimilados dentro de la diversidad. Ese sentido de respeto a lo diferente, de comunidad, de unión de lo sagrado y lo profano, no se encuentra ya en casi ninguna parte. Vemos los cultos más antiguos- a las diosas crueles, al árbol, a las aguas sagradas- al lado de los modernos fetiches tecnológicos. Yo he tenido discípulos que allí se han quedado. Y en Pondichery, en el Ashram de Aurobindo, son más los europeos que los indios. Si son graves en España los problemas con las nacionalidades, piensen lo que serán allí. A veces los periódicos nos traen explosiones: conflagraciones con los sikhs, con los musulmanes, en el Assam. Hay odios soterrados. Pero de momento, salvo en Sri Lanka, todo, parece, queda bajo la superficie. La superficie es el progreso, el neocapitalismo, la tecnología, la democracia. Unen cosas muy distintas y, sin embargo, imbuidas de un extraño espíritu de hermandad. ¿Triunfará? ¿O las DOMICILIO SOCIAL J. I. LUCA DE TENA, 7 28027- MADRID DL: M- 13- 58. PÁGS. 136 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA TRA vez India, esta vez el Este y el Sur: entre Delhi y Bombay, Bhuvaneshwar y los mil lugares y templos junto al eje Madrás- Madurai. Pasando junto al lugar en que Indira Gandhi- que honró nuestro Congreso de sánscrito en una ocasiónpronunció su último discurso antes de ser asesinada. Pasando junto al lugar, en que ahora erigen un monumento, donde Rajiv Gandhi, su hijo, fue asesinado a su vez. Por lugares ominosos junto a otros de arrozales y aldeas, de templos y valles y montañas, de monos y de vacas. La India es todo un continente. India es grande y terrible, con estratos que mezclan centenares de lenguas, con culturas que van del neolítico a hoy mismo, a las sociedades y tecnologías más modernas. Avanzábamos a treinta y cinco kilómetros por hora entre vacas escuálidas (a veces tiernas, hermosas) caminantes, bicicletas, camiones renqueantes. Y esto en la más avanzada democracia de Asia, si se exceptúa el Japón, tan diferente. ¿Qué pensar? íbamos camino de Puri, en el Sur profundo, el santuario Visnú, centro de peregrinaciones. Unos días antes de Uegar nosotros, se había celebrado la gran fiesta: los tres enormes carros (todavía estaban allí) de Visnú y sus hermanos Balabhadra y Subhadra, carros de catorce metros de altura y dieciséis ruedas, son en ella arrastrados por cientos de indios, en el gran cortejo, por medio de maromas. Ahora veíamos a los peregrinos: descalzos, con su balancín que llevaba dos calabazas de agua, con su indumentaria colorista. No tan distintos, después de todo, de los que vi pocos días después de mi regreso en el Camino de Santiago. Estos calzados y con mochila, hombres y mujeres. Ni tan distinta su procesión de las nuestras. Lo sagrado y lo profano se mezclan todavía en la India, sin duda aquí también, pero el proceso de laicización es entre nosotros más profundo. Y el Sur es lo más arcaico de la India. En Rameshvaram, en la isla en la punta Sur del Continente, enfrente de Sri Lanka, que nosotros seguimos llamando Ceilán, hay todavía el baño sagrado en el mar y, luego, en los veinte pozos del inmenso templo, que hay que recorrer descalzos sobre im suelo encharcado. Y en Madurai tuvimos el privilegio de presenciar el ritual fálico, algo que viene del neolítico: el gran Linga de Shiva era llevado procesionalmente a dormir con su esposa Parvati. No algo para turistas: algo vivido hasta el paroxismo por los fieles. Son los tamiles, mayoritariamente, los pobladores del Sur de la India: pero están indianizados, son shivaitas o vaishnavas. Igual en Sri Lanka, donde las gentes de raíz indoeuropea son budistas. En la India unos y otros están en paz, por el momento: aunque los tamiles mandan suministros a los suyos de Ceilán y organizan manifestaciones a su favor. Había concentraciones en Madras, protestas consistentes en ayunar. ¡Ya las quisiéramos aquí! Y, en tanto, en Sri Lanka, una lucha feroz. ¿Quién lo entiende? La India, por definición, es tolerante entre O Viajes marsans EN AVIÓN DESDE MADRID H. B A H Í A D E PALMA pensran H. B A H Í A P A R K AO i fifí Completa l I U U H. SOL MAGALLUF Somata 4 5 9 0 0 H. SOL CLUB BARBADOS ctmífta Pensión Jj JQQ 902 30 60 90 Todo para sus Vacaciones antiguas tensiones, tensiones de clases, de riqueza, de religiones, explotarán? De momento, todo parece pacífico en la India. Shiva y Visnú conviven (se combatieron en tiempos ferozmente) e igual, salvo en los momentos dramáticos, indios y musulmanes. Conviven, el campo y la ciudad, el neolítico y el siglo XXI. Si hay un lugar en que el viejo experimento, tantas veces fracasado, de la convivencia, puede tener una oportunidad, es la India. Porque desde antes de la democracia viene practicándola. Pese a invasiones y a violencias pasajeras. Es un lugar extraño el que ocupa la India en la cultura universal. Un pueblo de raíz indoeuropea edificó aislado una cultura, recibió luego influjos de iranios y de griegos y exportó el todo al Asia. India es la Grecia de Asia, influida desde luego por Grecia: ésta tiene mucho que ver con las imágenes de Buda, con las pinturas de Ajanta, con la fábula, con el teatro indio seguramente. India fue el trampolín que exportó todo esto y mucho más a Ceilán, Birmania, Indochina, Bali, China, Corea, Japón. Y mantuvo esa mezcla confusa, asimilando invasiones, indianizándolas, favoreciendo una convivencia que parecía imposible. Esto pensaba yo cuando transitaba, con nuestro autobús, por aquellos caminos imposibles, rodeando vacas, hendiendo multitudes. Conservo las imágenes superpuestas: el río inagotable, trepidante de la ruta; los gritos excitados de los fieles de Durga o de Minesha; la mezcla de lo sagrado y de los vendedores en los templos inmensos, ciudadestemplo más bien. Es un estupor, un sentirse llevado por una marea extraña, que seduce y repele, un encontrar una resistencia que fatiga. Pero algo más que ese banal comentario sobre la miseria y los mendigos. Los hay, claro que sí: pero en un contexto que los admite, que los ve como propios, como un recurso para hacer méritos con la limosna, incluso. De ahí que el extranjero necesite ese refugio que son los modernos hoteles, muchas veces continuación de los británicos, lejos de la ciudad, en el cantonment Allí hay confort internacional y hasta, a veces, indios decorativos de película. Descansamos en lo conocido. Pero aún en estos modernos, occidentalizados refugios, se introduce, no se sabe cómo, a veces, el caos eterno de la India. Sin descomponer su figura. Difícil reencontrarse en la India, reconciliarse con su caos, con sus mendigos, con sus multitudes. Y, al tiempo, con la burocracia, la superficial occidentalización. Y con su espiritualidad. Pero en esa mezcolanza, en esa imposible (posible pese a todo) convivencia, quizá esté una imagen, un anticipo del futuro. Mejor que en esa banal, monótona, dogmática igualación que tememos en nuestros peores sueños. ¿Podrá no evaporarse ante un poco más de progreso, eficiencia, nivel de vida occidental, que la India absorbe con avidez? Francisco RODRÍGUEZ ADRADOS de la Real Academia Española