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S X B A D 0 13 -4- 96 ESPECTÁCÜEOS Crítica de teatro ABC 8 5 Locas de amar de Paloma Pedrero, en el Centro Cultural de la Villa Locas de amar de Paloma Pedrero. Dirección: Paloma Pedrero. Escenografía: Rafael Garrigós. Duminación: Tom Donellan. Intérpretes: María José Goyanes, Juan Ribo, Cristina Goyanes, Miguel Ángel Godo, Juan Carlos Talavera y José Bau. Teatro Centro Cultural de la Villa. Locas de amar es el título de la nueva comedia con la que esa escritora muy personal que es Paloma Pedrero da un nuevo paso en su intensa carrera teatral. Calificar de vodevil esta pieza divertida porque en ella hay mucho ir y venir de personajes enredados en líos amorosos sería un error. No es un vodevil esta pieza, que se alalia en su busca de detalles y de sorpresas. Es ima comedia en la que más que el enredo vodevilesco impera cierto desorden constructivo. Eulalia de la Bellacasa, cuarentona y madre de una jovenzuela, Rocío, está más que desolada, desesperada. Paco, su más que maduro marido, la ha abandonado. La ha dejado por otra mujer, una jovenzuela como su propia hija. Tal es el arranque. Paloma Pedrero plantea la situación como una comedia extremada, como una caricatura del sentimiento normal de la mujer ante el abuso sexual, social, sentimental, de que el hombre suele hacer víctima a la mujer, regularmente sumisa, resignada. O sea, que lo que ha escrito la autora es una comedia bufa y reivindicativa. Lo curioso es que Eulalia, esa esposa mutilada por el abandono de que es víctima, y Cristina, su hija, no son dos féminas de serie. Son dos hembras facilonas, cachondas, como ahora diríamos en lenguaje muy coloquial. La hija le lleva a la madre im psicólogo, Carlos, para que la ayude y la saque de su sopor. Lo que sucede es que pocos, poquísimos días después de empezar el experimento, la niña y la mamá ya se han acostado con el psicólogo y que éste resulta ser un chalao que se enamora de las dos. Paloma Pedrero no hace un estudio serio de esas situaciones. Carlos es mucho más que un chalao, pero eso servirá para una escalada de sorpresas. Paco, el marido, se convertirá en asiduo visitante de su hogar para interesarse por el estado de Eulalia, en conversaciones con la hija, a la misma puerta tras la que Eulalia grita y, cuando peta, hace el amor, como ahora se dice, con el locatis del curioso especialista que la hace descubrir lo que es el orgasmo, ese fenómeno que en más de veinte años de matrimonio jamás había sentido. Humor, caricatura, sorpresitas, todo faciütado por la circunstancia de que no sean realmente tipos normales ni las dos mujeres, madre e hija, ni el seudopsicólogo, ni Paco, el marido infiel, ni Neolino, el criado de la casa, porque para mayores facilidades se trata de ima casa rica, al margen por lo tanto de vulgares dificultades económico- sociales. Pasando por alto tantas facilidades, el diálogo de la autora es fácil, suelto, gracioso y un puntito verderón, y por lo tanto funciona. El gag variante teatral del texto, en otro tiempo llamado chiste, circula ingenioso por la conversación y por las situaciones, atrevidas cuando conviene justificar que Rocío es mas seductora que seducida en sus debates con Carlos, que éste explota la reeducación de Eulaha para gozarla y otros muchos supuestos argiunentos denunciadores del abuso masculino y reivindicaciones para una liberación femenina que en esta frivola y divertida pieza consiste en usar el sexo a calzón quitado y no sentirse por eso comprometida la fémina irredenta, pero redimida. Una escenografía bonita, ingeniosa, sofisticada, facilita la circulación caprichosa de los personajes por la casa y jardín en las que el amor y la jardinería funcionan. María José Goyanes reaparece igual a sí misma, con sus simpáticos toques tonales, con su comicidad sencilla y sugerídora para componer una Eulalia locatis en divertida evolución desde la inferioridad femenil a la independencia y la venganza. Simpático, gracioso juego interpretativo, ágil y joven. Cristina Goyanes está natural, convincente, simpática y logra una sinvergonzona juvenil satisfactoriamente convencional. Juan Ribo tiene un tipo siempre fácil, el del demente, solamente locatis en este caso. Sirven papeles de conjunto con soltura y buen tono los demás actores del reparto. Reivindicaciones más en broma que en serio, en las que Paloma Pedrero, más que corregir males morales sentimentales, se propone hacer reír. Lo consigue. Pieza menor quese escapa del constumbrismo critico y bordea el disparate. El ritmo cómico está conseguido. Disculpemos sus trampas. Lorenzo LÓPEZ SANCHO Insólito Brecht, La boda de los pequeños bm gaeses en el Albéniz La boda de los pequeños burgueses deBertolt Brecht. Mont ge del Teatro de la Danza. Dirección: Luis Olmos. Traducción: Miguel Sáenz. Corec raña: Alicia P. Mantaras. Escenografía: Gabñel Carrascal. Iluminación: Sergio Spinelli. Intérpretes: Raúl Pazo, Paco Ojea, Alicia P. Mantaras, Marta Molina, Roberto Enríquez, David Lorente, Amelia Ochandiano, Pedro G. de las Heras, Ernesto Alterio. Teatro Albéniz. En la fiebre brechtiana de esta temporada, otra obra, un insólito, de Bertolt Brecht bajo el título de La boda de los pequeños burgueses de la que se confiesa traductor Miguel Sáenz y de cuya música me parece que no dice ni mú el sucinto programa repartido esta noche del estreno en el escenario del Albéniz. Cuarenta años después de la muerte de Bertolt Brecht en Berlín el año 1956, se ha dicho todo lo que decirse podía de las creaciones innovadoras del genial autor alemán, de la distanciación, del teatro épico, de las posteriores aportaciones de su viuda Helene W el, de sus grandes intérpretes y de sus directos colaboradores escénicos, los músicos Weill, Hindemith y Hanns Eisler, lo que me parece que no se había hecho todavía era omitir cuidadosamente en el programa, como se hace aquí, los nombres de las partes musicales que oímos y vemos bailar en esta divertida, innovadora producción del Teatro de la Danza. Desde la especie de prólogo musical y danzante al comienzo de la acción puramente dramática, el suceso escénico es poco más o menos un saínete costumbrista en el que unos parientes y unos amigos de los novios asisten a la comida de bodas en tomo a una mesa y unas sillas, de construcción casera, que se derrumban incesantemente en una catástrofe doméstica que hace ñ- acasar lafiesta, descubre los ca- racteres de los personajes, con sus pasiones, defectos y enfrentamientos, y pone al punto del fracaso de los enamorados que se salvarán finalmente por la mutua atracción sexual que los ha hecho adelantar los acontecimientos a la ceremonia nupcial y da pie al escandalazo que los charlatanes de los invitados llevarán al día siguiente por toda la población. Estamos muy lejos del teatro didáctico de Brecht. Estos actores danzantes cenan con bulimia protegida por la mala cocina de la madre del novio y lo hacen con eficacia sin pararse en problemas como el realismo en sentido estricto. Son todos excelentes. La acción progresa con ritmo creciente al compás de las sillas, mal pegadas, que se cae, de los cuentos del padre, que nadie escucha, y de la música, a cuya interpretación danzante se entregan con brillantez evidente. En ese aspecto, Alicia P. Mantaras se muestra bailarina entusiasta, joven, diestra en pasos complicados y brillantes, en los que arrastra a todos los personajes. El humor costumbrista del texto resulta en esta traducción muy alejado del que podríamos llamar estilo Brecht. Estamos ante un español directo, coloquial, de frases cortas en las que los caracteres se van dibujando en percutentes réplicas cortas mientras la madre saca platos de bacalao y postres suculentos de cocina y to- dos beben como descosidos hasta que la inocente orgía desemboca en una serie de rupturas que dejarán a los recién casados en una soledad que resultaría dramática si la atracción sexual no lo remediara todo. El moralismo, el educatorio sentimiento brechtiano pasan a unas simpáticas formas de costumbrismo español en la que el equipo de intérpretes se entrega a una acción coral que permite al crítico abreviar declarando que todos están bien, que el juego funciona y que este Bertolt Brecht entendido Ubérrimamente es algo así como una comedia musical, colocado como un cachete cariñoso y famiüar al autor de piezas como El círculo de tiza caucasiano La ópera de tres centavos o Terror y miseria del Tercer Reich a los que esta fiesta danzante y musical del Teatro de la Danza no se parece nada. Más que la escenografía, que en sí misma es poca cosa, el utillaje colabora activamente con la acción. La iluminación, como ahora se lleva y es mala costumbre, es oscura, mala, inadecuada, que es lo que actualmente entusiasma a los señores directores. Todo, sin embargo, unifica un espectáculo al servicio de un Brecht absolutamente insóUto, un Brecht que sorprendería a Brecht, y no como otros. L. L. S