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52 ABC CULTUR 4 -Desaparece el poeta del Mar Egeo APARTES 19- 3- 96 En el Paraíso ten O DYSSEAS Elytis, nacido Alepouledis, vino al mundo el 2 de noviembre de 1911 en Iraklion (Creta) sexto hijo de una familia procedente de Lesbos. Se hizo famoso cuando recibió, en 1979, el premio Nobel de Literatura, después de haberlo obtenido en 1963 Yiorgos Seferis, su compañero de grupo poético. A raíz de ese premio vino a España: es cuando, por única vez, hablé con él. Antes había estado en España en 1950: en Barcelona, Madrid, Toledo, Andalucía. La poesía griega moderna es un fenómeno verdaderamente importante. Un pueblo que había estado dominado cinco siglos por el turco, a partir de la guerra de la Independencia de 1821 (en la que lucharon no sólo liberales ingleses con Lord Byron al frente, también españoles) echó a andar de nuevo dentro del campo de la literatura. La lengua era la de Homero, evolucionada (pero no demasiado) al rodar de los siglos y escindida en la lengua purista y la popular o timotikí que los poetas hicieron triunfar. La lengua fue un símbolo de Grecia, fue sinónima de su libertad. Canta Elytis en el Axion Esti o Dignum est La lengua me dieron griega, pobre la casa en los arenales de Homero. Mi único cuidado, mi lengua en los arenales de Homero Es, con el chino, la única lengua que sigue hablándose y escribiéndose después de tres mil quinientos años. Y la poesía griega moderna, tras Solomos, Palamás, Sikelianós, Cavafis y la generación de 1930, con Seferis, Embirikos, Ritsos y Elytis, sobre todo, es una verdadera delicia, una de las mayores creaciones de nuestro siglo. Hoy está traducida, en buena parte, al español (y al gallego también, no sé si al catalán) esfuerzo de los neohelenistas españoles. Pero gusto de leerla en el original: ninguna traducción puede alcanzarla. Aunque Cavafis es fácil, Seferis asequible, Elytis muy, muy difícil. En él ha recobrado el griego su flexibilidad, sus creaciones nuevas, sus arcaísmos. Elytis vino a Atenas desde su Creta natal para estudiar, convencionalmente. Derecho. Pero se volvió a la poesía, era de los que escribían en Néa Grammata los renovadores de la poesía neorromántica de sus predecesores. Estuvieron muy influidos por los surrealistas franceses. Elytis vivió muchos años en París, fue amigo de Eluard, Bretón y Camus, conoció a Picasso y Matisse. Fue un europeo: tradujo a Brecht, a Eluard y los franceses, también a Lorca, también a Safo. NIÓ la vieja tradición helénica con la griega popular y con la bizantina: Axion Esti es un giro evangélico que lleva su poema a una esfera más alta. En realidad, comenzó deslumhrado ante las islas del Egeo, la luz, la belleza: El amor el mar abierto y la proa de sus espumas y las gaviotas de sus sueños en su más alto mástil el marinero ondea una canción Pero vino el horror: la guerra con Italia, luego la guerra civil. Hasta 1949 no quedó Grecia en paz. Y luego hubo la dictadura, en 1967. Elytis fue herido en el frente de Albania, cuando Mussolini invadió a Grecia en un ataque de hybris De ahí procede uno de sus más bellos poemas, El canto heroico y fúnebre por el subteniente caído en Albania De las aguas del Egeo a la nieve de Albania. El dolor de una muerte se transforma en el dolor universal: Ahora yace sobre el chamuscado tabardo, con un soplo de aire detenido en los quietos cabellos, con una ramita de olvido en la ceja izquierda parece un jardín del que huyeron de repente los pájaros Y U en Axion Esti creación, pasión, gloria. Toda la creación del mundo humano y del mundo griego, alternativa esperanzada a la desesperanza de la realidad. Loada sea traduce: la luz, la plegaria del hombre, los vientos, el rubio vino, la caca de los niños, las islas, las flores caseras, la nube... Una liturgia antigua y moderna. Ahora ha muerto Elytis, Grecia y nosotros estamos de duelo. Quizá vaya a esa isla que tenía escogida en el Paraíso, en su Monogramma uno de sus últimos libros de poemas (el último fue María Nefeli María Nube de 1979) Salud a tí, tristeza En el Paraíso tengo escogida una isla, igual eñ todo a tí, y una ca sa en el mar. Con amplio lecho y pequeña puerta: he lanzado a la profundidad un eco para mirarme cada mañana cuando despierto. Para verte a medias cuando entras en el agua, y llorarte a medias dentro del Paraíso Así de fácil y difícil. Francisco RODRÍGUEZ ADRADOS de la Real Academia Española La nueva voz de siempre M UY cerca de mi interés y de mi sensibilidad, en sintonía con lo que yo considero que es la poesía, se hallan algunos de los poetas griegos que abren el presente siglo. Hay uno de ellos que, de manera emblemática, tras el precedente de Cavafis, iniciaría un maravilloso lirismo con su nacimiento en 1900: Yiorgos Seferis. Nueve años después, en 1909, nacería Yannis Ritsos, el cual aportaría a la visión extremadamente pura y esencial de Seferis una fuerza brillante y torrencial con sus largos versículos. Vino luego, en 1911, Odysseas Elytis, el poeta que nos acaba de abandonar. En unos tiempos como los presentes en los que la poesía tiende a reflejar una cotidianidad repetida, plana y vacía, sorprende la emoción y la plasticidad, la autenticidad y el vigor que la palabra adquiere en las obras de esos tres poetas. Ellos son, ante todo (y más allá de la experiencia histórica que les tocó vivir) tres poetas de la tierra, es decir, fidelísimos a las raí- ces de su país, a la presencia de los mitos y de esos otros símbo los más borrosos, pero no menos importantes, que la naturaleza ofrece. Si hiciéramos esa lectura cronológica que el nacimiento de los tres autores citados impone, ¿qué podría aportar la tercera de ellas, la de la obra del más joven, Elytis? La prueba que suponía su creación era ingente después- o a la par- de la de textos tan originales y profundos como los de Seferis y Ritsos, en los que clamaba a la luz con libertad y la libertad en la luz. Pero si tuviéramos que responder con urgencia y con la voz del tópico diríamos que Elytis es el poeta más moderno de los tres. En los dos primeros autores destaca con fuerza la vida, la Historia y cierto grado de modernidad- recordemos algunos poemas en prosa de Seferis o un texto como Helena de Ritsos- pero en el poeta que nos acaba de abandonar, además de esa segunda corriente renovadora que ha señalado la crítica, hay un lenguaje menos tradicional, más acorde con las vanguardias y con otras formas del arte. En ese lenguaje, uñ notable grado del automatismo surrealista, la imaginación, el estallido de palabras y frases, el voltaje del significado en los nombres comunes y propios, están muy presentes. Se diría que Elytis se esforzó en ser la voz verdaderamente nueva del tiempo que le tocó vivir. Para ello tenía que superar el mensaje de la riquísima tradición de su país y, a su vez, ir más allá de la interpretación ejemplar que de ella habían dado los mejores de sus coetáneos. ¿Nos encontramos ante algo más que ante ese intelectual, tan frecuente en nuestro siglo, que pasa por Francia- él fijó su residencia en el París de 1949- para entusiasmarse por el surrealismo y parafrasearlo, que traduce a Lautréamont? Yo creo que sí. Y es que en su palabra, más allá del afán de cambio, el estallido formal, de los saltos de las frases en sus versos y estrofas, se escucha siempre la vozde su tierra de origen, lo mejor dei mensaje de sus antepasados. Hay poetas que respetamos y poetas hacia los que sentimos una especial predilección. Elytis se encuentra para mí entre los primeros. Seferis y Ritsos entr estos últimos. Sin embargo, debo reconocer que en Elytis hay ese coeficiente de novedad, de fulgor, sin el cual la palabra poética no progresaría, no iría hacia adelante para seguirnos salvando. Hay tantas poéticas como poetas valiosos. Esta afirmación, contraria a la actitud de los dogmáticos y de los guerrilleros de la escritura, es especialmente cierta en la poesía griega que nació en las primeras décadas de nuestro siglo. Manaba la palabra nueva de un tiempo de mensaje antiguo y sabio. Odysseas Elytis, además de ser sensible a los hallazgos contemporáneos, también supo apresar esa eternidad de la voz del Tiempo, Así se recoge en los versos finales de ese poema de poemas que fue su Dignum Est Loada sea la luz y la primera plegaria del hombre grabada en la piedra... Antonio C 0 Li 3 AS