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SÁBAtX) 16- 3- 96 ESPECTÁCULOS Crítica de teatro Por libre ABC 8 7 Testamento morboso, tremendo drama actual de Benet i Jornet Testamento de Josep María Benet i Jornet. Dirección: Gerado Vera. Escenografía: Juan Berrendo, iluminación: Juan G. Cornejo. Intéipretes: Juan Diego, Chete Lera y Armando del Río. Centro Dramático Nacional. Teatro María Guerrero. Pinter, atomentado La representación de una obra de Harold Pinter La penúltima montaje de Roberto Cerda y la compañía Vanguardia Civil sala Cuarta Pared) devuelve al teatro británico la vigencia que en los años sesenta y setenta alcanzó entre nosotros. Es cierto que Peter Brook mantuvo la continuidad de la atención hacia el teatro inglés de mayor audacia, al menos en la puesta en escena, pero hubo un tiempo en que los textos Harold Pinter de los que a sí mismos sé llamaron jóvenes airados llegaban directamente a la sensibilidad de nuestro público por muy minoritaria que fuera su valoración. Pinter es de los pocos modernos británicos que merecen una breve mención de Bloom en su Canon Escribe Bloom que la sombra de Beckett se cierne pesadamente sobre las obras de Pinter En el mismo contexto alude el crítico norteamericano a las obras Final de partida recientemente montada en Madrid, y Como es y piensa que la producción narrativa de Beckett lo conduce al punto final Sin embargo, el teatro de Pinter, como el de la generación nacida a finales de los veinte y principios de los treinta, supone una renovación a fondo de la escena británica, al librarla de convencionalismos formales y abrir las tablas a los problemas y conflictos, sociales o psicológicos, de una actualidad mayor. Curiosamente, mientras Beckett, en París, se desprendía de las influencias que lo enlazaban a Joyce (del que había sido secretario) y a Proust, Pinter, en 1978, no dudaba en afrontar la transformación en guión cinematográfico, por encargo de Moseph Losey, de En busca del tiempo perdido Hay, en efecto, un parentesco muy próximo entre el atormentado contenido de las- obras escénicas de Pinter- por ejemplo, La habitación Tea party El amante Silencio Noche -y su abundante escritura destinada al cine o a la televisión, casi siempre a petición de Losey, con el cual colaboró estrechamente. Basta recordar al respecto las adaptaciones al cine de El sirviente de Maugham, o Accidente de Moseley. Se conoce, por lo demás, que también Losey se interesó en distintas épocas por la dirección teatral, y esta vocación le forzó a exiliarse de los Estados Unidos al Reino Unido. Algunos críticos han tratado de definir la producción teatral de Pinter como comedias de amenaza aunque seguramente quedarían mejor caracterizadas si se subrayara otro denominador común: la expresión de la incomunicación y la soledad, condición que lo aproxima, obviamente, a Samuel Beckett, y justifica, sin duda, el juicio formado por Harold Bloom, acerca de la pesada sombra del autor de Esperando a Godot que se cierne sobre el teatro de Pinter. Eduardo G. R I C O Fiel a sus tendencias aparentemente más profundas, ese personalísimo dramaturgo catalán que es Benet i Jornet propone un drama áspero, violento, morboso, titulado muy escuetamente Testamento Reúne en una acción teatral apretada, concentrada, a varios personajes encastillados en sus vidas individuales que al encontrarse chocan inevitablemente por el contraste de oposición moral, social, humano de los conceptos y caracteres que los oponen. El Profesor (Juan Diego) catedrático universitario de gran altura intelectual, es un homosexual convencido y declarado. Su Amigo (Chete Lera) catedrático también, casado, padre de familia, amigo estrechísimo, de toda la vida, del Profesor, presenta la oposición directa entre dos actitudes sexuales: la suya, tradicional, convencional la llamará él mismo, como una concesión autocrítica que no influye en su comportamiento, y el Muchacho (Armando del Río) es el tipo intermedio: un cínico, un rebelde contra todas las normas sociales, morales o sexuales, ejerce el sexo bisexualmente. Por las noches, contrata sus servicios sexuales, que anuncia en páginas especiales de la prensa, a hornos discretos y exigentes. Es lo que en la jerga actual se llama un chapero Pero además, ha enamorado y preñado a una muchacha que, por casuahdad, resulta ser la hija del amigo del Profesor y, profesor también. dolor que enceste tiempo aflije a la humanidad, incapaz de admitir la síntesis salvadora. Estamos ante un teatro de ideas desarrollado desde un realismo brutal, morboso, agresivo. -El lenguaje de estos tres personajes no rehusa las palabras más obscenas. Las situaciones llevan la violencia moral hasta más abajo de todo límite admitido. Es mariconazo el maricón, grosero; cínico el chapero que vende placer a los maricas telefónicos a cambio de dinero, pero que será vencido por el profesor que le impone una misión que le es contraria y por la niña que le hará ser lo último que ser quería: padre y amante tierno de su futuro hijito. Dramatismo eficaz El talento del escritor establece un juego de situaciones cortas, muy duras, en las que los tres personajes ayudados por la presencia agobiante del teléfono, van cambiando poco a poco. Drartiatismo eficaz. Lo vivo devora rápidamente a lo ideológico. Lo convierte en vida. O sea en mutación continua, imposible de frenar. Los tres actores están eminentes. Seco, sangrante, el cinismo del Del Río; trémulo, cargado de reflexiva intimidad el pesar enfermo de Juan Diego en alta madurez de su oficio; irritado, confuso, estremecido en lucha con una sociedad que le desborda, Chete Lera. Para abreviar, el crítico identifica aquí a los actores con los personajes que interpretan. Tan bien lo hacen. Apasionado autor de esas escenas analíticas cargadas de realismo, Benet i Jornet ha desnudado el todo. No hay, propiamente, escenario. Mínimos índices, unos asientos, diferencian tres escenarios más pensados que producidos. La necesidad de decir muchas cosas que estarán, que están, más allá, de los pensamientos, en ellos mismos encerrados, de los tres sincréticos personajes, introduce como ámbito sonoro de la acción simbólicas voces descriptivas, exphcativas, más lejos más antiteatro que las viejas coaciones del autor. Sincretismo Admitamos esa forzadísima casuahdad. Benet i Jornet siente la necesidad de concentrar el complejo problema temático, en ese triángulo en cierto modo, simbólico. Cuando este autor estrenó en este mismo escenario su pieza Motín de brujas (1980) traducida al castellano, hablamos aquí de su sincretismo. La necesidad de enfrentar, cotejar doctrinas diferentes, opuestas, de asumirlas, unificarlas en una consecuencia unitarizadora común. Eso que pasaba, con toques de tarot de ciertas formas de magia, entre aquellas mujeres o brujas de la lejana pieza dramática, se produce ahora, más apretadamente, entre estos tres grados opuestos: el profesor sexualente normal, algo concesivo puesto que se define como convencional y no como natural; el homo apasionado entregado a su sexualidad, no menos convencional, si rechazamos calificarla de anormal o contra natura, y el muchacho amoral, que recusa toda norma y desea viviB- y actuar con absoluta libertad. El sincretismo del autor encontrará una solución sincrética al triple conflicto que une, opone, a los tres personajes. El profesor normal, que quiere que su hija aborte al ser que el chapero ha puesto en su seno, decidirá perseguir despiadadamente al culpable, pero acabará sometiéndose a la voluntad de su hija de llevar felizmente su embarazo hasta sufinnatural. El otro profesor, impondrá al muchacho al que ha intentado seducir, como herencia, un ensayo que sobre fundamentales problemas literarios y morales relacionados con la poesía medieval, condenan áeste personaje cínico que acelerará su muerte, y el gran enemigo de las normas, se rendirá, aceptando ese hijo que en principio condenaba, suponiendo que generaciones tras generaciones, lo que hoy es considerado nefando será asumido como una liberación de ese Oscuro drama Todos estos datos denotan un hacer dramático, exigente, seco, algo tremendista, que golpea al espectador, lo subyuga, lo deja indefenso ante lo que el suceso comunica que a uno está lejos de parecerle optimista. Que la vida sea más fuerte que la muerte no resulta claro. Es, en el fondo, una falacia. Si estos tres seres pueden significar en síntesis el mundo en que vivimos, el autor padece algo así como un daltonismo psicológico y moral. Hay chaperos, ciertamente, cuando antes, ¿cuándo? sólo notábamos que había prostitutas; hay personas de talento, culturalmente valiosas, destruidas frente a su sexo que convierten en destino: hay, en fin, otros, si podemos decirlo así, pura, anticuadamente considerables como unisexuales, pero aquí se ve que están cediendo, que van a entregarse. El optimismo, salvo que las cosas se miren variamente, no se ve por parte alguna. Oscuro drama, siniestro, agobiante, tratado con talento y sólidamente interpretado. Perversa forma de teatro bien hecho que no es lo mismo, quizá, que decir buen teatro. Lorenzo LÓPEZ SANCHO