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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 25 DE FEBRERO DE 1996 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ONZÁLEZ ha limitado en el Bachillerato, hasta casi eliminarla, la asignatura Historia de España Difícilmente los jóvenes sentirán en el futuro el orgullo de ser españoles. A nuestros niños apenas se les enseña la Historia de su patria, que es una de las tres grandes de Occidente. Les preparan para desconocer cuando no para avergonzarse, de las glorias históricas españolas. -Durante el V Centenario, el Gobierno González, atento sobre todo a distribuir entre los suyos suculentas comisiones, conmemoró la epopeya del Descubrimiento de América pidiendo perdón por la gran hazaña. De seguir con la actual educación, las ñituras generaciones carecerán del sentido nacional de España. De todos los desastres delfelipismo, éste, que se alza sobre los muros desmoronados de la patria, es probablemente el más espeso y preocupante. González ha permitido, además, que en dos regiones españolas- Cataluña y el País Vascose eduque a los niños no ya para desconocer sino para despreciar o para odiar a España. Estremece leer lo que se enseña a nuestros adolescentes en las escuelas públicas catalanas o vascas. Son las siembras de Caín sobre los surcos doloridos de la España desvertebrada, junto a las oquedades de la Historia. González, pues, ha comprometido gravemente la unidad de España. Las tormentas que azotarán a los futuros gobiernos se derivarán de los vientos soplados por el Kder socialista. González ha astillado la moral púbüca. Ha sangrado la savia, honda del viejo tronco del pueblo español. Ha desarrollado con tenacidad una política sectaria para descristianizar la vida popular. La degradación se pone de relieve día a día en las calles de las grandes ciudades y en cierta televisión basura, que es una vergüenza nacional. González, desde su erguida insolencia, ha corrompido la democracia produciendo el desencanto de una buena parte de los que la acogieron con esperanza. El Estado democrático para González no ha sido el instrumento para mejor conseguir el bien común de los españoles, sino la agencia recaudadora de impuestos para repartirse luego el botín entre afiliados y simpatizantes. Durante los últimos trece años los amigos del Gobierno, los depredadores del bien común, raída la honradez, izado el cinismo, larga y vareada la mano, se han entregado al festín fugitivo de las comisiones, las prebendas, los enchufes, las trampas, las mercedes y los pelotazos. González, al que sería injusto negar considerables éxitos y realizaciones de envergadura, ha puesto en marcha, para asegurarse la victoria electoral, el más gigantesco caciquismo de Estado que recuerda la Historia de España, dedicando los recursos públicos extraídos del bolsillo de los españoles a la descarada compra de votos a través de los más varios subsidios, subvenciones, ayudas, pesebres interminables. Como ha escrito Racionero, ni siquiera ha pensado en hacer prosperar a Andalucía y Extremadura. Deliberadamente las ha mantenido en la pobreza para subsidiarlas y asegurarse el voto cautivo. ABC González, con su falta de gallardía para asumir la responsabilidad del GAL, ha desbaratado la eficacia de la lucha contraterrorista, ha desmoralizado a la Guardia Civil y a la Policía, ha descuartizado los servicios de inteligencia, ha engallado a los etarras, ha perdido el control de las calles en el País Vasco, se muestra incapaz de mantener allí el orden público, mientras se extiende la dictadura del miedo en aquella región española. González hafi: acturadola Universidad, que tardará generaciones en recuperar su prestigio y robustez; ha quebrantado los cuerpos profesionales más prestigiosos de la Administración; ha hecho una política cultural desdentada, sin aliento, dedicada a pesebristas y ainiguetes; ha escarnecido a los medios de comunicación, ha maniobrado para su control y sometimiento, ha pretendido aplastarlos con su rencoroso calcañar. González ha zarandeado la Justicia, comprometiendo su independencia; ha reducido la investigación científica a mínimos tercermundistas; ha arruiíiado la agricultura y la pesca; ha situado la sanidad pública y las prestaciones sociales, con sti poMca de irresponsable peronismo, en im descontrol casi insalvable para las futuras generaciones; ha vendi- do España a pedazos a las multinacionales. González deja una pavorosa herencia económica. De los 5,8 billones de Deuda Pública en 1982, ha pasado a los casi 50 reconocidos en 1995, que tal vez sean 60 ó 70 reóiles. Sólo los intereses de esa deuda suponen más de 12.000 millones de pesetas al díaGonzález ha hecho pasar a España de ser ima robusta nación industrial a un entumecido país de servicios. Casi todos los indicadores económicos se han venido abajo. El peso de nuestra industria en el PIB ha descendido doce puntos. González ha llevado el desempleo al paroxismo. En lugar de reducirlo eñ 800.000 puestos en la primera legislatura, lo ha hecho crecer, en sus cuatro periodos legislativos, en 1.400.000. Mientras tanto ha incrementado la cifra de empleados púbücos en un 42 por ciento: desde el millón y medio de personas que en 1982 formaban la plántula dependiente del Estado, a los 2. Í 48 000 trabajadores públicos actu es, a los que habría que sumar los 300.000 asesores yfiíncionarioslaborales. Los 700.000 empleos públicos creados son innecesarios y, en ocasiones, contraproducentes. De haber mantenido la austeridad eii la Administración sin la creación artificial de empleo público, el número de parados, medido en términos de población activa, se elevaría hoy a 4.200.000. La situación es tan alarmante que los expertos sitúan en 640.000 empleos anuales la cifi: a necesaria para acercamos en diez años a Europa. González ha hecho crecer la presión fiscal del 31 por ciento en 1982 al 42 por ciento en 1994. En ningún país de nuestro entorno se ha producido una subida tan acentuada. La fiscaHdad lia aumentado en España, desde 1980 a 1994, más del doble que en la UE. La llamada presión fiscal empresarial, que es del DOMICILIO SOCIAL J. L LUCA DE TENA, 7 28027- MADRID DL: M- 13- 58. PAGS. 212 G LA DESTRUCCIÓN DE ESPAÑA 9,1 por ciento del PBB en los veinticuatro países de la OCDE, alcanza en España el 12,3. En pesetas constantes, el gasto púbHco se ha multiplicado por 3,28 mientras el PIB lo ha hecho por 1,3. Los impuestos que asolan a los españoles con carácter casi confíscatorio, no han servido ni para eliminar el déficit, ni para reducir el paro, ni para reindustrializar el país. Se han despilfarrado en im gasto público desmesurado y en la compra de votos a través de los subsidios. De cada veintidós españoles, doce cobran del sector público y diez del privado. Estos últimos tienen que producir para vivir ellos y para que vivan los que chupan con delectación de las ubres del Estado. González, aunque las lluvias torrenciales de las últimas semanas maqioillen el desastre, deja una España sedienta y desertizada. Durante trece años no ha sido capaz de poner en marcha una política hidráulica. Ocho millones de españoles han padecido restricciones de agua en el consumo doméstico. Eso sólo ocurre, según los expertos, en las ilaciones tercermundistas. González se ha aptmtado el gran éxito europeísta de no cumplir ima sola de las condiciones de convergencia acordadas en Maastricht, lo que deja una herencia altamente preocupante para el Gobierno Aznar. González, el de las mercedes, ha regado con dinero de todos los españoles a muy varias naciones, algunas de ellas dictaduras protectoras de etarras, haciendo préstamos incobrables. Cuba- ha recibido más de 100.000 millones de pesetas y su dictador se ha permitido, a cambio, abofetear reiteradamente el rostro de González, siempre dispuesto a presentar cristianamente la otra mejilla a Fidel Castro. González ha reducido la competitividad española hasta extremos de pavor. Hoy estamos ya en el veintiocho lugar del mundo, según el último informe del Foro Económico Mundial, por detrás incluso de países como Chile, Malasia, Islandia, Tailandia y Egipto. González, en fin, ha conseguido la hazaña semántica de que hablar de la España felipista sea lo mismo que hablar de la España de la corrupción. El felipismo no ha sido un Gobierno mejor o peor, al que se cambia con los votos y asunto solucioriado. El felipismo ha sido un estilo de gobernar que es necesario erradicar de la vida española. El felipismo ha erosionado la democracia, ha herido la transición, ha colocado a España al borde de la destrucción. Si Ortega y Gasset viviera para contemplar el espectáculo tristísimo de la cadaverización de González, escribiría ante la convocatoria a urnas: Hemos padecido una incalculable desdicha. Nos han sustraído una ñusión colectiva. Españoles: regenerad vuestra democracia, haced una segunda transición, reconstruid la idea profunda de España, apagad el esplendor del incendio. Es conveniente para el Estado democrático que en el futuro exista un partido socialista vigoroso y honrado. El felipismo debe ser, por eso, destruido. Luis María ANSON