Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
94 A B C ESPECTÁCULOS Crítica de teatro DOMINGO 4- 2- 96 Después de la lluvia modernidad y simbolismo de Belbel Después de la liuvia de Sergio Belbel. Dirección: el autor. Escenografía: Ana Garay. Iluminación: Juan Gómez Cornejo. Intérpretes: Alfredo Alba, Luis Merlo, Amparo Larrañaga, Maribel Verdú, Ana Labordeta, Natalia Dicenta, Ángel Pardo, Paloma Paso Jardiei. Teatro Albéniz. Después de la lluvia original de Sergio Belbel, estrenada el viernes en el teatro Albéniz, es una pieza de teatro literario. Eminentemente literario con clara vocación de novedad. Belbel, ya más que un notable nombre nuevo en el magro tejido de la nueva promoción de autores teatrales en los años últimos, explora un terreno en la forma teatral que va más allá del simple realismo. Sus personajes no tienen nombres, tienen oficios. Son, pues, seres representativos de un estatus social del que forman parte y en el que se distinguen por sus empleos, en primer plano; en el segundo, por sus filias y sus fobias personalizadas, que, en gran parte, son secuelas de una sociedad estresante como ahora es moda decir. El carácter personalizante de cada uno de estos personajes, al reunirse semiclandestinamente los unos con los otros en la altísima azotea de un rascacielos comercial, es, ya está dicho, una filia una fobia. Una forma de manía para décirio en forma coloquial. Una chica cree que posee po- deres mágicos; oirá, angustiada por un grave defecto hormonal, quiere ser madre; la de más allá es una mujer débH pero autoritaria como consecuencia de su cargo; todos son víctimas del método opresivo de la empresa en la que están empleados y lo que a todos ellos reúne la azotea es un impulso de transgresión que se escuda en un viciorigurosamenteprohibido: el vicio de fumar. Bien. El autor trata una colectiva situación, realista convirtiéndola en simbólica. La terraza es el símbolo de una humanidad oprimida. La necesidad de invasión impone a estos personajes una tendencia suicida. Las tentadoras esquinas de la terraza ofrecen una forma de escape que es la Inuerte. El trabajo, pues en la empresa, es la vida. Separarse de esa vida que es el trabajo en la empresa, que es la sociedad, significa el suicidio. Digamos algo tan temible cotno ia muerte civil. oprimida y, por tanto, ansiosa de transgresión, que conspira, se rebela, sueña, fracasa... Texto cuidadoso, complicado, rico en matices al servicio de una estaictura carente de conflicto directo, porque si el agonista son todos, o sea la sociedad, el antagonista, el culpable, es la empresa, o sea el sistema. La estrella es claramente Amparo Larrañaga, en ejercicio dificilísimo, casi. circense, que arrastra un tanto a todos los demás a cierta aceleración en el decir, no reprimida por la dirección eficaz de Belbel al sen icio de una situación única, enriquecida por muchas variantes. Todos dan vida, movimiento, a las muchas situaciones secundarias que entretienen el suceso escénico en la temible cadena espacial que constituye la precisa escenografía, atormentada por la presencia de la tormenta simbólica en la que los atormentados personajes deberán encontrar su liberación. Ambicioso, interesante suceso teatral en el que Belbel acredita talento y valentía en este Después de la lluvia que más bien es un antes. ¿Qué clase de lluvia liberadora espera el autor? Jugando acertadamente con la prolongada se- Amparo Larrañaga y Sergio Belbel quía qUe aquí hemos padecido estos años, el autor pone su esperanza en un chaparrón liberador. Lo que se calla es qué clase de liberación ha de traer a esa humanidad simbólica de la comedia, a España, después. Y ahí, en esa indefinición, en esa concatenación de indicios contradictorios, es donde Después de la lluvia deja que el agua ideológica de su brillante pieza, se vaya a perder en el mar a donde van las aguas indecisas. La crítica es buena. La consecuencia, aplazada. ¿Cuál será el padre salvador que esa fémina ansiosa de maternidad anhela? La solución, mañana. Lorenzo LÓPEZ SANCHO -Festival de Música de Canarias- Una breve pero gran vida Víctor Pablo Pérez y la Sinfónica de Tenerife cerraron ayer una polémica, que incluso amenaza el festival, con la mejor de las armas: la calidad. Comentaba a la salida con mi compañero y amigo Enrique Franco, a cuyos se- tenta y cinco años se dedicaba el concierto, que nunca había escuchado una Vida breve de tanta enjundia. Una- me respondió él- con Toldrá y una jovencísima Victoria de ios Ángeles Probablemente, dentro de tres lustros, hayamos de referimos a esta Vida breve al compararia con la que entonces escuchemos. Se da en la batuta de Víctor Pablo el imprescindible equilibrio en la ligazón entre las raíces folcióricas, la creación original a partir de aquellas, los ambientes ensoñadores, el canto enamorado y el desesperado, el reflejo de los colores a través del sonido... Ciertamente, quien no pasa por ser un director de ópera, ha sido capaz de impregnar de desgarro ja tragedia de Salud, y ello, he ahí el mérito, sin menoscabo del lirismo ingenuo de mucho de su canto. Me atrevería a decir que a muchos nos puso la carne de gallina la inteligencia y la sensibilidad coD la que planteó la tragedia, que se iba mascando in crescendo nota a nota, aun cuando todavía no sucediese realmente nada. Hubo tensión de principio a fin en una partitura que se presta a lecturas deslavazadas y bien reciente se halla el ejemplo de Theo Alcántara en Madrid. La Orquesta de Tenerife respondió con ganas y brío, amén de esa calidad que la crítica viene considerando como la primera de España. Se percibía el interés de quedar a través del arte por encima de la polémica desatada. Y en ios solistas se encontró la colaboración deseada. María Oran no sólo fue Salud, es la Salud de nuestros días. Quien posee una ya dilatada carrera se encuentra en magnífico momento vocal e interpretativo. La voz, de emisión amplia, segura y firme, el color homogéneo y la expresión madura para proyectar una Salud enamorada y ardiente, tierna y desgarrada, pero siempre digna en su ultraje. Admirable hasta en la economicidad de gestos, cuando, en la escena de su muerte, musita ¿a mí? ¿tú? me ahogo, me muero. Paco sin un solo gesto, que emociona precisamente por el recogimiento vocal y escénico. Una de las grandes sopranos españolas, con méritos aun no reconocidos al nivel que merece. Junto a ella triunfaron el resto de los solistas: Antonio Ordóñez, valiente y con brillo en el registro alto; Mabel Perelstein, vibrante, arriesgando y audible en un papel que frecuentemente no lo es. Baquerizo, Cid y el cantaor Gabriel Moreno, éste con más línea que ya medios, completaron el excelente reparto al qué se- unieron el Coro Polifónico Universitario y lá Coral Reyes Bartiet, en intervenciones, de redondez y empaste, que nada tuvieron que envidiar a las de agrupaciones profesionales. Previamente fue justamente aclamado el saxofonista John- Edward Kelly como solista de la corta, pero bella rapsodia escrita por Debussy para este instrumento. Dominio técnico, pulcritud y sonido aterciopelado fueron sus bazas en una página cuyo ambiente impresionista sirvió de buena introducción a Falla; Quizá, efectivamente, hubiera sido difícil alcanzar el mismo nivel en la Vida breve obra de montaje realmente complicado, si hubiera tenido que compartir programa con el estreno de Macías. Inacabado hace apenas tres meses e inicialmente programado, fue finalñienté rechazado por Víctor Pablo ante la incomprensión de algunos, justa o al menos opinable si se quiere, pero expuesta por cauces de discutible, oportunidad. Enfúndense las espadas y olvídense actuaciones poco afortunadas por unas partes y otras. ¡Que esta magnífica Vida breve triunfe sobre todo ello! Gonzalo ALONSO Personajes Estos personajes individualizados por sus defectos, por sus más hondos impulsos cohibidos, cuando se encuentran en ia azotea, que es la transgresión, tienen fuerza; son interesantes. Su humanidad supera a su simbolismo y sus encuentros son los mismos que se producen en cualquier otro ambiente, ajeno a éste, simbólico de la empresa, en el que su categoría humana está marcada por la categorfa del cargo que desempeñan. El tratamiento que les da Belbel, siendo eminentemente literario, se humaniza por unos modos de expresión altamente vitales. Los incidentes son numerosos y en ellos se mezclan las realidades y los sueños, lo que da una cierta inseguridad al espectador que a veces duda si lo que ve es real o imaginario. La fuga incita a la curiosidad. Es muy divertido el carácter de la secretaria rubia (Amparo Larrañaga) una alocada que devora aceleradamente las palabras y tiene una carga de casi ciencia- ficción; la personalidad de la secretaria pelirroja (Maribel Verdú) el costumbrismo casi sainetero del mensajero loccJ (Áigel Pardo) tiene su contrapunto en el Programador informático (Luis Merio) que íífendrá a ser la esperanza de la secretaria que anhela ser madre (Natalia Dicenta) en el simbólico desenlace, esperanzados de toda ese complicado ir y venir de esa humanidad frustrada.