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VIERNES 19- 1- 96 ESPECTÁCULOS ABC 197 En la desaparición de Simón Suárez H A muerto Simón Suárez, que preparaba dos espectáculos importantes, uno en la Compañía dé Teatro Clásico, dirigida por Marsiliach, y el otro en el Teatro de la Abadía, dirigido éste por José Luis Gómez. El primero, El gran teatro del mundo de Calderón, y el segundo, un trabajo sobre el músico Monteverdi. Si dos de los más representativos hombres de nuestro teatro, como son Marsiliach y Gómez, hicieron hace poco tiempo a Simón Suárez tales encargos, es porque Simón Suárez era ya, más que una gran promesa, un logro de nuestra escena, alguien al que se le podía confiar espectáculos de esa categoría y, si nuestro teatro no- pasara desde hace algunos años por uri sensible marasmo, hubiera trabajado mucho más. Después de formarse en Francia, este cordobés del teatro volvió a España a principios de los años ochenta. Comenzó a resolver encargos de escenografía y de puesta en escena, que superó brillantemente. Apenas tenía, en este momento, cuarenta y ocho años, pero su tipo menudo y rubio lo convertía en una especie de Peter Pan, sin edad, fijado en el ensueño irreductible del arte. Sus proyectos escenográficos eran soberbios, tenía un gusto muy depurado, muy ecléctico y muy intemporal, era un hombre que respondía a muchas instancias y sugerencias artísticas, abarcaba muchos conceptos, muchos sistemas, y su vida se desarrollaba en un continuo crear teórica y práctico. Sus figurines valían por sí mismos, como cumplidas obras de arte. Su pasión por el teatro no tenía medida. El pasado verano, Simón Suárez instaló en la casa que había alquilado en Villaviciosa de Odón un dieciochesco teatro en el jardín, una graciosa miniatura y un maravilloso juguete para desahogar su personal concepto de lo escénico. Allí obsequió a sus amigos con una representación que tuvo mucho de ceremonia mágica. Sólo una noche, porque a la siguiente- precisamente, a la que yo aslstíllovió a mares y el Manzanares se desbordó. Yo veía caer la lluvia con melancolía, refuMadrid. S. E. giado bajo un El director de teatro y escenógrafo Simón Suá- alero, por las harez falleció ayer en Madrid, a consecuencia de bitaciones de la una neumofistis bilateral provocada después de casa de Simón se una larga enfermedad. Sus restos serán incineapilaban vestidos rados hoy viernes en el Cementerio de la Almude gran aparato y dena. utensilios de esSimón Suárez, que actualmente trabajaba en cena. Así apala puesta en escena de la obra de Monteverdi gaba los elemen Escenas de amor y guerra que se estrenará el tos todo aquel impróximo mes de marzo en el teatro de la Abadía, pulso de su deja pendiente la escenografía de El gran teatro imaginación, para del mundo de Calderón de la Barca, por enencantar a sus cargo de Adolfo Marsiliach para la Compañía Naamigos, para sucional de Teatro Clásico para la próxima tempoperar lo muy prorada. El director de escena, que también se ensaica que es la cargaba de la escenografía, la Iluminación y el vida, iba Simón vestuario de numerosos montajes de teatro y de vestido con una ópera, nació en Córdoba. estrecha levita Titulado por ta Escuela de Bellas Artes de romántica y paParís, estudia Musicología y Artes Plásticas con recía un Puck urRoland Barthes y Pierre Boulez en la Universidad didor y animoso. de París VIII. Como pintor realizó varias exposiCuando amainó la ciones en el Museo de Arte Moderno de París. lluvia, bajo la paEl trabajo conceptual de esa época le haría rra que guarecía salir del plano y reflexionar entonces sobre el esla puerta de enpacio de tal manera que, después de completar trada, músicos y sus estudios con los de escenografía, dedicaría cantantes nos en adelante toda su vida a la ópera y al teatro. dieron una mues- tra de lo que hubieran podido. hacer de no haber estallado la tormenta, l- as gruesas gotas que caían de las hojas empapadas punteaban la música de Monteverdi con una solemnidad ceremonial, llena de vida y de entusiasmo. El cielo anubarrado y denso, el olor a aire limpio y a tierra mojada, la alegría y la melancolía conjuntas que producen los grandes chaparrones cuando cesan eran la compensación sensorial que nos deparaba la proximidad de Simón Suárez. No salí defraudado del fallido espectáculo porque Simón lo superaba todo con su particular y encantadora inteligencia, de gnomo o ser de cualquier otro mundo, que no del nuestro. Sobre su mesa de trabajo rodaban unos figurines asombrosos de todo punto, como he visto pocos en los últimos tiempos. Es un lujo del teatro español tener a Simón Suárez me dije. Entre tanta zafiedad, tan desinflados experimentos, tan insuficientes propuestas de teatro, todo esto parece que viene del área que, en los años veinte y treinta de este siglo, imaginaba el mejor teatro y producía novedades auténticas, osadas y a la vez certeras propuestas escénicas, hasta que se produjo una manifiesta decadencia tras la última guerra. Y así era, en efecto, Simón Suárez. En París, absorbió mucho de lo que aún había quedado de una gran tradición de vanguardia si se me permite la paradoja. Tenía ancestros culturales de muy clara prosapia, influencias de lo más deportado del teatro occidental. Aunque su carrera profesional ha sido corta pero intensa, imaginamos cuánto y maravilloso teatro hubiera podido crear en los diez años que aún le quedaban de madurez Qué cortas son las vidas de algunos hombres tan bien dotados para cosa tan difícil como el arte, qué frágiles son, qué ásperamente los tratamos, cómo complicamos su existencia, cuántos obstáculos le ponemos á su voluntad de regalarnos con los productos de su ingenio. En España, la desaparición de Simón Suárez debiera ocupar muchos titulares condolientes en los periódicos, pero la política y las flamencas las revistas del corazón y los escándalos mundanos y bancarios ocupan toda la atención Puede que no se duela de su muerte sino una minoría bien enterada, pero esa minoría tiene memoria y es una memoria que se transmite y se abre un pasadizo en el tiempol La escena española de este finales de siglo ha podido gozar, por, poco tiempo, aunque el suficiente para no olvidarlo, la pulcritud estética de Simón Suárez, su profunda y entusiasmada reflexión sobre el teatro, sus ideas de montajes, sus figurines y decorados. Ha sido como un duende furtivo, que iba sem- brando sensaciones, incitaciones y sugerencias, enmarcadas todas por la caja de un teatro. Simón era un pequeño, gran hombre, que ha dejado una estela de admiración en muchos de los que le conocimos. Su conocimiento y pasión por la riiúsica, denotaba también cuan preparado estaba para la dirección escénica de óperas. Hubiera podido ser un número de fuerza en el futuro dei Teatro Real. Pero el evanescente y travieso duende ha muerto repentinamente, tras sólo un primer ensayo de su espectáculo sobre Monteverdi en el teatro de la Abadía. Una vida en el teatro A desaparición de Simón Suárez ha sido un luctuoso suceso para el teatro es. paftol. Éramos pocos y aún quedan meI- -p nos. Siempre se fundan esperanzas en la renovación generacional, pero es muy de lamentar la desaparición tan temprana de alguien que, como Simón Suárez, enriquecía nuestra escena de un modo inusitado, alguien que juzgamos, como Irrepetible y alguien a quien, por otra parte, no hemos festejado ni agradecido bastante su generosidad intelectual, su Imaginación, la agudeza de sus implantos teatrales. Un escenario de Simón Suárez era un receptáculo de inteligencia teatral, el agujero por el que se veía nuestro propio mundo transformado, convertido en lenguaje escénico y Sus trabajos en España comienzan en RNE 2 en una visuallzación con colaboraciones en programas sobre el Bade lo inefable teatral, rroco y Música Contemporánea. de lo que sugesComo escenógrafo y en muchos casos tam- tiona y nos rapta sin bién como figurinista y diseñador de luces, ha que apenas nos departicipado en numerosas montajes, entre los mos cuenta de por que se pueden destacar, en teatro, Carta al paqué. dre de Franz Kafka, El hombre deshabitado de Rafael Alberti, Romance de lobos de Me he apresurado Ramón María del Valle- Inclán, La señorita de en enumerar todas Trevélez de Carlos Arniches, Don Juan de las virtudes de este Zorrilla y Espectros de Ibsen. monumental hombrecito del teatro esTambién ha trabajado en los montajes de las pañol, que vino hace óperas Hlnd und Zurük de Hindemlt; El telépoco más de diez fono y La médium de Menotti; La sonámaños a brindarnos bula de Bellini; La zapatera prodigiosa de J. J. Castro; Francesca de Aracil y Luz de os- toda su experiencia y cura llama de, Pérez Masea, entre otras mu- su gran sentido del juego escénico, por- chas obras. que lo merecía y no Ha dirigido La Qementlna de Boccherini y dudo de que, quieRamón de la Cruz; Sin demonio no hay fortuna de Fernández Guerra; Fígaro de José nes más implicados Ramón Encinar; ELviajero indiscreto de Luis se sienten en nuestra escena moderna, le de Pablo y Belisa de Miguel Ángel Coria. brindarán desde Hoy, También ha dirigido Jondo Edipo Rey y El la fecha de su ruiseñor Simón Suárez era profesor invitado desde muerte, cuantos homenajes se le deben. 1992 de la Facultad de París VIH (Musicología) para impartir un curso sobre puesta en escena. Francisco NIEVA