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EDITADO POR DOMICILIO SOCIAL J. L LUGADETENA, 7 28027- MADRID DL: M- 13- 58. PÁGS. 200 PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA II DE ENERO DE 1996 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUGA DE TENA Jp OVERA e r- i uda vai, L Filosofía escribió Petrarca. No es lo peor que le puede pasar a la filosofía, ir pobre y desnuda. Cuando de verdad existe, suele acompañarla la soledad; con frecuencia, la desatención; en ocasiones, la persecución. Siempre, la escasa importancia social. He recordado a veces que los filósofos, cuando lo son, no pasan de ser cuatro gatos metidos en im rincón. Pero pueden suceder otras cosas, por ejemplo la inflación. No se olvide que el origen de esta palabra, antes de la economía, es el verbo inflar La bibliografía filosófica ha crecido de manera espantable; hace ya medio siglo me pareció aterradora, y no ha hecho más que crecer: libros, artículos, revistas; es imposible leer los títulos, simplemente los títulos. El numero de profesores de filosofía es elévadísimo; se convocan congresos y más congresos, a los que acuden centenares, a veces millares de filósofos Y sin embargo... Si yo tuviese espíritu polémico, habría dedicado gran parte de mi esfuerzo a fiüaí lo que se podría llamar la voladura controlada de lafilosofi a, iniciada hace cosa de cuarenta años, realizada por sucesivos equipos de expertos. Como creo que la polémica es primariamente estéril, y esteriüzadora para el que la practica- casi siempre revela escasa vocación para hacer lo que parece interesarle- he preferido no colaborar a esa destrucción, recordar lo que ha sido y es la filosofía y acaso añadirle algo, por poco que sea. Hace sesenta años no había ima filosofía vigente, pero había tma extraordinaria vigencia de la filosofía. Entonces, precisamente entonces, experimentó una gravísima crisis, que fue el triunfo del nacionalsocialismo en Alemania. Se dirá que fue algo extemo y ajeno. Cierto, pero no. enterar mente: había defectos constitutivos en el ejercicio intelectual, que hicieron posible el origen de lo que fue, antes que toda otra cosa, ün colosal error intelectual, al que habían precedido y siguieron otros que tenían la misma raíz. Hubo, pues, cierta complicidad interna- diversas complicidades- en esa voladura controlada, que hoy parece haberse consumado, por lo menos a efectos sociales. En mi libro Razón de la filosofía he mostrado en sus líneas generales ese proceso, que coincidió con el genial pimto de inflexión que la filosofía había experimentado a comienzos de este siglo y que fue la raíz de un florecimiento intelectual que hoy parece increíble. Se ha conseguido ahogar en exceso la filosofía, haciéndola inabarcable. Lo que está vivo en la del pasado, aquello que constituye el sistema de alteridad de que se nutre el presente, ha quedado sepultado a fuerza de erudición y desdén, en hábil combinación. Ya no se puede leer a un filósofo en los textos que escribió, publicó, se leyeron y tuvieron influjo. Son necesarias N POBRE Y DESNUDA sapientísimas ediciones llenas de datos, correcciones, suposiciones, variantes, notas; algo, en suma, ilegible. Pero a esto, que parece respetuoso y acaso reverencial, se añade lo más grave que se puede hacer ante un filósofo: desentenderse de si es verdad lo que dice. Es el modo más seguro de matar su obra, quiero decir de reducirla a algo que nada tiene que ver con la filosofía. La enseñanza de la filosofía es tenazmente eliminada o reducida a mera erudición. La fragmentación, la supresión de la secuencia, de los encadenamientos, todo eso hace imposible lo que es el núcleo mismo de la actitud filosófica: la justificación la mostración de por qué se ha llegado a pensar algo, y por qué es verdad. Esta actitud, que la filosofía exige con máxima pureza, se ha extendido a todas las disciplinas, y es rarísimo encontrar una palabra de pretensión teórica que se moleste en justificarse. Hoy existe, entre los universitarios mismos, una asombrosa incultura filosófica, un desconocimiento casi total de los pasos por los que el pensamiento ha llegado a nuestro nivel, y de en qué consiste ese nivel mismo. Lo grave es que eso que se llama teoría, ciencia, vida intelectual, en Occidente se ha organizado siempre en tomo a su forma más radical y exigente, la filosofía. Si ésta se ha enajenado, su descenso arrastra todo lo demás. No conozco, por supuesto, el panorama total de las disciplinas intelectuales, y no me atrevería a formular una opinión sobre su estado; pero no ocultaré que me llegan con demasiada frecuencia muestras de lo que podría llamar irresponsabilidad, en todo caso ausencia de justificación. Esto, unido a la inmensa extensión de la producción actual, lleva a la imposibi- Stmholo de distinción fSdnc ie ¿Sortero AUTOMÓVILES P San Francisco de Sales, 12 Madrid- Tel. 442 83 99 üdad de ejercicio de la estimación racional: la ciencia se está convirtiendo, a pasos agigantados, en asunto de creencia Y esto es lo más hondo e importante de la vida, pero en su lugar propio y como tal. Lo peor que puede ocurrir es que se haga un uso credencial de las ideas, de la ciencia, de la teoría, en simia. Es lo que empezó a ocurrir en el siglo XVIII, no antes, y todavía estamos pagando las consecuencias. ¿Qué se puede hacer? No es empresa fácil. Lo primero es darse cuenta dé la situación en que estamos y medir su alcance; hay que adivinar adonde nos lleva. En segundo lugar, creo que habría que devolver su pobreza y desnudez a la filosofía; por eso he puesto al frente ese conmovedor verso. Lafilosoñ atiene que renunciar a ser otra cosa, pero nunca a ser lo que es, lo que siempre ha sido. La visión responsable así la denominé hace muchos años. Es visión, y si deja de mirar deja de existir; y tiene que justificarse y responder a las pregxmtas que se hace o le hacen. Tiene que conocer de dónde viene, por qué ha Uegado a ser lo que es, por qué no ha podido contentarse con lo que han pensado los filósofos pretéritos, aun siendo verdad, porque no era toda la verdad y hay que seguir pensando. Y tiene que pensar que lo que piensa ahora, aunque sea verdad, tampoco la agota, no puede ser algo cerrado, tiene que permanecer abierta a un futuro que no existe todavía; tiene que prever su propia superación, que, si la ha previsto, no la anulará, sino que la confirmará y atestiguará su parcial y modesta verdad. Si se logra que algunos, por pocos que sean, ejerciten con pulcritud y rigor la operación en que consiste el pensamiento filosófico, los hombres de nuestro tiempo, de este final de siglo y del que ya está llegando, sabrán dónde están y acaso quiénes son; es decir, quiénes pretenden ser, con inseguridad y dificultades, con capacidad de descubrir el error y enriquecerse con ese descubrimiento, que es una verdad adquirida. La filosofía es muy poca cosa; los filósofos ignoran casi todo, pero son capaces de hacerse las preguntas radicales, irrenunciables, desde un afán insobornable de verdad. Esa perspectiva puede aplicarse a todo lo que inquieta y peocupa, a todo lo que es cuestión. Se trata de mirar las cosas, cualquier cosa, desde el pimto de vista de su realidad, del puesto y la función que tiene en ella. Es, si se mira bien, un instrumento de orientación, que ayuda a saber dónde se está y adonde puede ir. Algo así como una brújula. No olvidemos que gracias a ella se hicieron los grandes descubrimientos y se dilató el mundo. Julián MARÍAS de la Real Academia Española