Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 7 DE DICIEMBRE DE 1995 ABC ALGO VIVO AL CABO DE SESENTA Y DOS AÑOS Había visible emoción, una fraternidad recordada y que no se había disipado; una alegría de volver a encontrarse y encontrar que la lejana juventud había dejado un poso absolutamente real. Han pasado sesenta y dos años, y todo aquello seguía siendo vivo, recordado con extraña viveza, con minuciosidad. Había sido un momento de esperanza, de confianza en el porvenir, de concordia. Todos nos sentíamos españoles sin restricción, participantes de una larguísima tradición histórica y cultural, de una fase creadora, de esplendor intelectual, en que todo nos parecía posible. Todo está por hacer, y se sabe cómo hay que hacerlo: inmejorable situación para un intelectual -esto solía decir yo por entonces, al empezar a vivir en aquel mundo- Si alguien hubiera dicho que podía haber en España una guerra civil, nos hubiera parecido un loco. Al año siguiente nos habría seguido pareciendo inverosímil y absurdo, pero ya no habríamos pensado en la locura como única explicación. Estábamos todavía en la concordia- en el Crucero, perfecta, plena, aunque algunos de los que navegaban en el Ciudad de Cádiz se abandonaron después a la tentación de la discordia- ¿Por qué? ¿Cómo no se evitó? Me sorprendió encontrar la permanencia de lo que había sido el Crucero en los supervivientes; todos recordaban hasta los menudos detalles que fueron evocados; volvió a pasar ante sus mentes la imagen ilusionada de aquellos cuarenta y ocho días, entre la salida del puerto de Barcelona y el regreso a Valencia, después de recorrer Túnez, Malta, Egipto, Creta, Rodas, Turquía, Tierra Santa, Grecia, Italia, las Baleares. ¿Era posible? La DOMICILIO SOCIAL J. I. LUCA DE TENA, 7 28027- MADRID DL: M- 13- 58. PÁGS. 176 memoria, al cabo de seis decenios largos, palidece; se van olvidando las cosas; las imágenes suelen hacerse borrosas o confusas. Sería interesante averiguar qué ha persistido con análoga vivacidad en los que estábamos reunidos en la Residencia de Estudiantes, con el excelente catálogo que ha preparado uno de los nietos del Crucero, Juan Pérez de Ayala, en las manos. La única explicación es la intensidad con que fue vivida aquella experiencia. Y esto nos lleva a pensar que la vida no se vive porjgual, sino con grados de intensidad muy distintos. Sobre grandes porciones de ella se resbala, y apenas dejan huella. En ocasiones se las niega, se las pone entre paréntesis, se las da por nulas- la siniestra tentación de los mal llamados, años al olvidar que todos, mejores o peores, son años, ios de nuestra vida- El Crucero, ahora lo comprobamos, fue vivido maravillosamente, hasta el fondo, con todas las potencias, desde un clima de fraternidad, concordia, curiosidad intelectual, capacidad de entusiasmo. Por eso está vivo, y lo descubrieron, creo que con sorpresa agradecida, muchos de los que se reunieron el viernes pasado. He empleado una palabra que importa retener: gratitud Creí percibirla en muchos, que agradecían que se les hubiera recordado quiénes fueron en un momento ya tan lejano: que algunos hubieran evocado lo que (levaban, oscurecido, en el fondo de la memoria; que se les permitiera volver los ojos a un periodo recubierto por tantas cosas, en el fondo del cual se encontraban a sí mismos, quizá con más verdad que en la vida cotidiana y en la imagen que tenían de sus propias trayectorias. Al pensar esto, me he preguntado: ¿por qué no se vive todo con esa intensidad? Si se hiciera, cada momento permanecería, delicioso, doloroso, ilusionante, penoso, refulgente, todos reales, propios, nuestros, ingredientes de nuestra realidad. Si así fuera, sería difícil la infidelidad, la incoherencia, la tentación de dejarse manipular y falsear, la traición a nosotros mismos. No sé si me equivoco, pero tengo la impresión de que unas cuantas decenas de personas, cronológicamente viejas, biográficamente acaso no, volvieron a sus casas sintiendo que habían recobrado parte de su juventud, que eran más ricas de lo que creían, que el largo tiempo había pasado, pero había quedado depositado en su realidad. Lo más interesante sería que esta recuperación no fuese un mero recuerdo, sino un estímulo para seguir. Porque siempre, a cualquier edad, se vive hacia delante, proyectivamente, y se cuenta desde el futuro. Julián MARÍAS de la Real Academia Española FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA A Residencia de Estudiantes ha tenido la feliz idea de recordar el Crucero Universitario que en 1933 organizó la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid, por iniciativa de su Decano, don Manuel García Morente, Una exposición ha reunido recuerdos varios del viaje- a última hora encontré y llevé el salacot que compré en Túnez el día de mi cumpleaños- diecinueve- como casi todos los viajeros, y con el cual han jugado después mis hijos y mis nietos. Se ha inaugurado con una mesa redonda en que hemos intervenido María Elena Gómez Moreno, Fernando Chueca y yo mismo, en representación de los supervivientes. Éramos algo más de ciento ochenta, entre profesores- que ya no están entre nosotros- y estudiantes de nuestra Facultad de Madrid, algunos de Barcelona y Valencia, y un grupo de ia Escuela de Arquitectura. A bordo del Ciudad de Cádiz -hundido durante la guerra civil por un submarino italiano- dimos la vuelta al Mediterráneo durante mes y medio. Para muchos fue nuestra aventura juvenil, la presencia de todas las raíces de nuestra cultura en sus huellas reales, la experiencia de pueblos diversos. Fue una convivencia próxima y continua de personas de diversas edades, muchos de nosotros amigos de antes, y los demás que se fueron incorporando a las amistades previas. Sin una sombra, sin que las divergencias de cualquier tipo enturbiaran la incesante compañía, con la aportación del saber de los profesores de una Universidad única, que no había existido antes ni, por desgracia, ha vuelto a existir. Llenos de curiosidad, absorbíamos lo que oíamos y lo que veíamos, y todo se iba agregando a nuestras lecturas, a lo que habíamos aprendido en las aulas y en innumerables horas de soledad entre los libros. Aquel Crucero fue una experiencia decisiva, que ha seguido actuando, más de lo que puede imaginarse, en nuestras vidas. Uno de los factores fue la convivencia entre varones y mujeres- más de la mitad de los estudiantes eran chicas- lo que creó ese campo magnético propio de la convivencia humana, con la tensión, la complacencia, ia ilusión que ello lleva consigo, y con un respeto y una estimación personal que daba lugar a la amistad, en algunos casos al amor que terminó en matrimonio, pero a ninguna otra cosa. Pero lo que me parece particularmente interesante es el nutrido grupo reunido el 1 de diciembre para inaugurar la exposición y revivir el Crucero. Buen número de expedicionarios- la inmensa mayoría entre los ochenta y los ochenta y cinco años- en distintos estados de conservación, sin que faltaran bellas abuelas o bisabuelas. Y consortes de los expedicionarios; y amigos, asociados a lo que fue España, y sobre todo la Universidad, en aquellas fechas. recision movements RAYMOND WEIL GENEVE TONCHO S. A. Alcántara 3. 28006 Madrid. t l 5754444 4645. la 5754425 e.