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SÁBADO 25- 11- 95 ESPECTÁCULOS Adiós a Louis Malle ABC 83 No ha muerto Sólo amor se alza con el premio del festival de Alcalá Alcalá de Henares. Olga Romera La película Living in Oblivion cerró anoche la vigesimoquinta edición dei Festival de Cine de Alcalá de Henares. Durante el acto de clausura se dio a conocer el palmares con los galardonados en este certamen. Sólo amor de José J. Rodríguez, fue el vencedor del premio Nacional de Cortometrajes, mientras que Aquí hacemos los sueños- realidad y Viaje a la luna obtuvieron una mención especial. El trofeo Caja de Madrid a la mejor interpretación femenina recayó en Isabel Ordaz por Sólo amor y la masculina se la llevó Eduardo Noriega por Luna El mejor guión ex aequo lo compartieron Pablo Llorens por Caracol, col, col y Óscar de Julián por Lourdes de segunda mano Tres películas se alzaron con el trofeo a la mejor labor fotográfica: Miguel Llorens se encargó de ¿Te pasa algo? y Si llegas o es regreso y Valentín Álvarez fotografió El artista del hambre El mejor montaje fue para Martin Eller por Pecados capitales y Café Babel con Chus Naves, obtuvo el premio a la mejor música original. El jurado consideró como mejor dirección artística al colectivo de Las partes de mí que te aman son seres vacíos Dentro de este capítulo, El Secdleto de la Tlompleta obtuvo el reconocimiento del público, que ejercía por primera vez este derecho, y la Comunidad de Madrid consideró que El provocador de Fernando Costilla, y Entre vías de Juan Vicente Córdoba, debían recibir su galardón. En la sección de pantalla abierta, destinada a aquellos largometrajes españoles que no se han estrenado en Madrid, se produjo por primera vez la coincidencia entre el público y el jurado. El día, nunca por la tarde se llevó los dos galardones, mientras que Costa Brava (Family Álbum) obtenía la mención especial. La película más premiada fue El día, nunca por la tarde un filme que se rodó con un presupuesto de 140 millones de pesetas. Entre los actores que figuran en el reparto destacan Fernando Guillen Cuervo, Charo López y Emilio Gutiérrez Caba, personas ya consagradas en el mundo de la ficción. El director, Julián Esteban Rivera, explicó que mientras escribía el guión ideó caras para los personajes recordando rostros que conocía de antemano. Después les ofreció los papeles. Asimismo, Esteban recalcó que el 50 por ciento del sueldo de! equipo se destinó a la producción del largometraje José Javier Rodríguez, director de! cortometraje Sólo amor expresó su satisfacción por el galardón, aunque subrayó que el cine es un lujo muy caro y descartó el dedicarse a esta profesión, una decisión que no compartió Fernando Castilla, de El provocador rodada con un presupuesto de 400.000 pesetas, que proyectará su futuro en esta dirección. E S sorprendente cómo las calles, el tiempo, las noticias de los periódicos, los resultados de los partidos de fútbol, en el caso de los chicos: una chica, y en el de los chicos: un chico, e incluso, el olor de un viejo hotel, el metro o un autobús, pueden dejar señal durante la vida entera y hacernos partidarios de alguien, de algunos o de algún sitio: de París, por ejemplo. Yo conocí París cuando mi padre fue corresponsal de este periódoico, allá por el año de 1945, todavía año de guerra. Vivíamos en un buen barrio, en Passy. En nuestra calle Avenue Fremiet, ancha y corta, había una carnicería, una panadería, una tienda de comestibles, una tintorería y dos cafés restaurantes y, como era de esperar en aquellos tiempos difíciles: ni carne, ni pan, ni café, ni azúcar. Tinte sí, tinte negro de huérfanos y viudas. Aquel París, que me fascinó, era una extraña ciudad mezcla de rencor, miedo, de ansias de aparentar victoria, de hambre y de servidumbre. Las calles estaban ocupadas por soldados yanquis, ingleses, australianos y canadienses, y los periódicos cantaban a la Resistencia. Dos tanques entraron en París, uno ponía ¡Viva mi dueño! y otro De París a Berlín, y de Berlín a Madrid Para un mozo que venía de la posguerra, sin pasar por Berlín, París era todo un espectáculo con las chicas de protagonistas, en bicicleta, enseñando las piernas o besándose en las- calles con el novio, algo que no se podía imaginar en el patío de los maristas, de los escolapios o dei Pilar: la libertad. Y las películas y el teatro y las banderas rojas y las coristas del casino... el diablo andaba suelto. Aquella Francia, extraña y rota, era la Francia de Louis Malle y la de su criatura: Lacombe Luden. Louis Malle vivió con nosotros, los niños de la posguerra, al mismo tiempo, apenas separados por un frontera cerrada, fue a un colegio de curas, que un día también invadieron los alemanes. Louis malle era un niño enfermo- como tantos niños españoles de entonces- marcado por un soplo en el corazón, y mucho debió reflexionar sobre la guerra, la enfermedad y el sexo, cuando echó al mundo una película tan delicada y extremecedora como Le souffle au coeur ¿Quiénes eran los niños para Louis Malle, su público o sus personajes? El público ideal para mí son los niños, no adolescentes ni jóvenes, sino niños. Me gusta la forma que tienen de ver el mundo, con los ojos muy abiertos y sin ideas preconcebidas Cuando el público, infantil o adulto, se identifica con un director- ahora estoy hablando de mí como espectador- y coincide con él, le rebosa la vanidad y la satisfacción: ese director es listísimo, piensa como yo, y yo lo hubiera hecho así. Les amants las mujeres: el niño enfermizo que quiere a su mamá, el incesto, Le soufle au coeur la guerra que te marcó en la infancia, Lacombe Lucien las rubias despampanantes, ¡Viva María! los gangsters, Atlantic City ías novelas policiacas, Ascensor. para el cadalso Es que lo tiene todo, al menos en la memoria. Louis Malle es París, porque París es Francia, es resentimiento, miedo, amor, risa y espectáculo. Y no puede morir. Para toda una generación, la que buscaba el Ruedo Ibérico, los discos de Le chant du monde y las películas sin censurar, no ha ha muerto. Y en el caso, bien triste, de que así fuera es mejor que nos oculten la mala noticia, porque con ella nos vamos un poquito más allá, siguiendo el polvo que dejó Truffaut en el camino. Jaime DE ARMIÑÁN Más noir que Renoir Hay un momento en su última película, Vania en la Calle 42 en el que uno decide que Louis Malle es el mejor cineasta del mundo, tan bueno como Renoir (más noir que Renoir) tan bueno, a su manera, como Ford. Es al comienzo, cuando los protagonistas de la obra de Chejov se meten en el teatrucho de Broadway y empiezan a rumiar entre ensayos el drama. Sin saber cómo ni cuándo exactamente, Malle funde el polvo triste de aquellos seres escritos por Chejov con el polvillo blanquecino y romántico que alienta el cine. En la primera proyección que vio Europa de esa película, en la Sala Grande del Festival de Cannes, él asistía menudo y quieto. Acabó aquello con la pantalla y la sala desgarrada. Se encendieron las luces y el alma de los presentes estalló con furia entre las manos. Todos arriba... Él, también... Aplaudiéndose mutuamente. La idea, luego, era que Malle había conseguido arrebatarle toda la grandeza y el verdín del tiempo al gran teatro. Y con una simple, casi vulgar, cámara de cine. Puede que otros lo hayan hecho antes, a golpe de petulancia y osadía, caso de Welles. Pero, nadie, nunca, con esa humildad y respeto como lo había hecho Louls Malle. Pero, Louis Malle ya había conseguido mucho antes que mordiéramos la carne dei membrillo. Hay imágenes entre sus películas que están pegadas por dentro, donde se remueve el cóctel de la memoria, para siempre. Cómo se saca uno de los bolsillos del recuerdo a ese viejo perdedor, a ese gángster de recuelo, aparando con los ojos los limones de Susan Sarandon... No se puede ser ni más ácido ni más dulce. O cómo se quita uno de dentro el primer puntazo de la Herida cuando se miran por primera vez en sus vidas Jeremy Irons y J. uliette Binoche, es decir el momento justo en que perciben que lo inevitable no se puede evitar. Aparentemente, es un plano más, una mirada más, como la que lanza huidiza y acusadora ese niño en Au revoir les enfants y que algo te dice de ella que es un vistazo, una confesión, un complejo de culpabilidad que aún arrastra el propio Louis Malle. Este hombre empezó a estrujarse su propia alma desde su primera película, hasta el punto de que en ocasiones, como Un soplo a! corazón convirtió el cine en un confesionario, en un cajón donde purgar sus faltas, sus sobras, la codicia de sus pensamientos, esa cosa densa, húmeda y decididamente prohibida que untaba cualquiera de sus películas. Ese más allá: detrás de la mirada de aquél niño estaba la traición; detrás de los limones estaba la carne de Susan Sarandon. Se ha muerto Louis Malle y, qué duda cabe, habrá nuevas cosechas de limones... incluso habrá nuevas cosechas de Susan Sarandon; pero, ¿quién va a tener el pulso suficiente para sacarle nuevos jugos a eso? Más importante todavía: ¿Quién va a mirarlos? Burt Lancaster, nunca. Y nosotros, ¡Bah! tampoco. Dos películas españolas reciben subvención europea Estrasburgo. S. E. sEI comité de dirección de Euroimages el Fondo de! Consejo de Europa de ayuda a la Cinematografía, acordó conceder dos millones cuatrocientos mil francos (sesenta millones de pesestas) para la realización de dos filmes coproducidos por España. Coproducidas con Francia y Alemasnia, las dos películas: Malena es un nombre de tango de Gerardo Herrero; y A por el Oro de Lucian Segura, que obtuvieron cuarenta y dos millones y dicecisiete millones, respectivamente. E. RODRÍGUEZ MARCHANTE