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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 1 DE NOVIEMBRE DE 1995 ABC PODER YPOLÍTICA más fuerte, pasión autojustificativa, pasión de dos caras, benéfica y temible. Por eso han venido los intentos de racionalizar el poder. Insuflándole moralidad en las antiguas teorías, continuadas en los libros de Consejos al Príncipe O uniéndolo a la voluntad divina o a supuestas políticas científicas. A veces, todo esto no ha sido sino cobertura para un poder más descarnado. Y luego está la suprema racionalización: la democracia. El intento de sustituir la violencia, que a veces llegaba a la revolución o al crimen (sistema frecuente de sucesión y no sólo entre los godos) por el veredicto de las urnas. Consenso en ciertos temas fundamentales, cediendo en los demás, sin protesta violenta, ante quien tenga más votos. Intento de conciliación, en ese clima, de tantas cosas difícilmente conciliables: derechos del individuo y de la sociedad, de las mayorías y las minorías, de la igualdad genérica de los hombres y su desigualdad real y respetable, de las tradiciones de una sociedad y las innovaciones, de la nación total y los grupos humanos. Y de conciliar todo esto con situar a la nación en un lugar respetado dentro de la comunidad internacional. No Cabe duda de que la democracia es un progreso, aunque no Ignoremos sus trampas. Que un partido como el de Pujol, que ni en el censo catalán tiene mayoría y es una minoría ínfima en España posea la clave del poder en ella, es una de estas extrañas paradojas. Hay otras muchas en una democracia en la que ya no sabemos quién de verdad nos representa ni cómo se distribuye ese mágico poder a través de los cuatro escalones de los municipios, las autonomías, el Gobierno, Europa. En que funcionan tantos grupos de presión, Poder para muchos, pero juego demasiado complicado y ambiguo. Al menos, así lo vemos los que somos subditos de tantos. Con todo, así es, es mejor que las otras alternativas. Después de todo, queda abierta la puerta para el cambio pacífico, que es la esencia de la democracia. Pero la esencia del poder, aunque con las aristas limadas, viene a DOMICILIO SOCIAL J. I. LUCA DE TENA, 7 28027- MADRID DL: M- 13- 58. PÁGS. 120 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA E N un reciente viaje a Grecia leía yo en un periódico las últimas declaraciones de Papandreu, presidente del Gobierno griego y jefe del PASOK. Es la hora del realismo, decía. Pero nada de elecciones antes de dos años. Todo esto, después de tanta política ¡rrealista, me parecía reconfortante, al tiempo que, como a cualquier español, me hacía sonreír, y no hace falta que les diga por qué. Recordaba la primera campaña de Papandreu con su lema de la allagé el cambio, lema que también tuvo éxito por estos pagos hasta que llegó el cambio del cambio Por cierto que eso del cambio no es tan nuevo: ya lo proclamaba Ciro el Grande y lo proclamaba Augusto. Más atrás en mis recuerdos- y vuelvo. a Papandreu y a Grecia- me vienen a la memoria las grandes movilizaciones de masas que él propiciaba y que provocaron la caída de Constantino y la dictadura de los coroneles, antes del retorno a la democracia. Tantas vueltas y revueltas para llegar al final al neocapitalismo y las privatizaciones. Pero no quiero insistir en Papandreu, que personalmente cae bien a muchísimos (a mí mismo, un par de veces que le he saludado) igual que, pese a todo, Felipe González, su doble en varios aspectos. Quiero hablar de la última y dura entraña de la política: el poder, el hambre de poder, que es lo que da unidad a tantos cambios de postura. Aquí la derecha tuvo el poder mucho tiempo y la izquierda, y la que es menos izquierda, tuvo hambre de poder atrasada otro tanto tiempo. El poder es necesario y no sólo para afirmar la personalidad de individuos y grupos, sino también, para hacer algo beneficioso para ellos y, a ser posible, para todos. Es un derivado de la acción, que tiene sus riesgos, pero es necesaria. El ideal del asceta indio, vestido de aire sobre un puñado de hierbas, no es para todos. Ni siquiera el del mártir. Y ya sé ha visto que era mentira aquello de que vendría la disolución del Estado, el verdadero socialismo. Y aquel otro utopismo en Aristófanes, ahora que tanto se habla de las, mujeres, de la paz que su reinado traería si las mujeres mandaran... es una copla nuestra de igual significado) Pues bien, de Hapsepsut a Isabel de Inglaterra y a la Thatcher y a la Ciller y a tantas otras, las mujeres hacen igual política que los hombres. En lo esencial, somos iguales. Es la política de lograr cosas en el ejercicio del poder. Cosas como defender la integridad de la nación o como hacer prosperar a clases menos favorecidas- o defender la sociedad tradicional- Y aferrarse al mando. Pero el poder tiene una entraña muy dura: descontrolado, llega a todo para afirmarse. Además, tiene una naturaleza misteriosa. Se impone como algo mágico por el prestigio, la Imagen, el temor difuso, la esperanza. Nadie puede poner un guardia a cada ciudadano y un guardia a cada guardia ¿quién guardará a los guardianes? se preguntaba Juvenal) Nadie puede sentarse sobre las bayonetas. Tan misteriosamente como llegó al poder, apoyado en un estado de espíritu, en un anhelo, en una necesidad, se desvanece su prestigio, se ve obligado a la violencia o a la trampa. Otro poder va a sustituirlo. Y el que lo tiene, se resiste, hace lo que sea por mantenerlo. Es, sin duda, en el hombre, la pasión áPrrectston PTS 9 6 0 0 0- movements RAYMONDWEIL GENEVE TONCHO S. A. Alcántara 3. 28006 Madrid. ser siempre la misma. Nunca es racionalizable del todo. La gente vota a los políticos tanto o más que por su programa, por su figura y su sonrisa, que encubren a veces tanta insustancialldad. Y recuerdo aquello que decía Marañón a propósito del Conde Duque de Olivares: que los más acogen bien, en ciertas circunstancias de crisis, a las dictaduras, que luego pierden popularidad, crean oposición, tienen o que disolverse o que endurecerse- lo que es peor- Pues bien, dentro de las democracias la esencia del poder no ha cambiado, pese a las diferencias en cuanto a cómo llega y a cómo se ejerce. Hay las grandes expectativas: todo hay que cambiarlo. Los triunfadores están eufóricos, son los grandes salvadores. Todo es un tanto desmesurado, irracional. Después, sus éxitos ya no interesan a la gente (ellos hablan de ingratitud) y las promesas incumplidas pesan, surgen imprevistos desastrosos. Hay en el aire algo que propicia el cambio. No el cambio del cambio: el cambio a secas, que consiste a lo mejor, paradójicamente, en el intento de volver a la añorada estabilidad. Hay un ritmo alternante, también en la democracia, aunque los gobernantes del momento no quieran reconocerlo, se agarren a los mecanismos a su alcance; que ya no conectan con el pueblo. Hay ciertamente, los hechos: lo que un Gobierno ha logrado o no ha logrado. Pero se añaden factores psicológicos sutiles, difíciles de calibrar y más de modificar. A partir de un momento, la magia del poder apunta en otra dirección. Esa magia del poder es el desplazamiento de la esperanza, su cambio de lugar. En el antiguo lugar de la misma sólo queda el vago temor a que el cambio haga daño, perjudique á intereses. Algo, al final, insuficiente, El político, como el antiguo guerrero, como el deportista, es el supremo representante de la acción humana, con sus éxitos y riesgos. El intelectual le envidia, desde Platón viene proponiendo nuevas construcciones de poder lideradas por él, a veces detestables. Marx fue el ejemplo más notable: la filosofía está para cambiar el mundo, no para comprenderlo, decía. Como el político envidia al intelectual, se pone a veces las plumas de aquél. Pues bien, esa acción humana de que hablo culmina en el ejercicio del poder. ¿Para qué lo busca el político? Para demostrar que es el mejor, que triunfa. Pero, además, para hacer cosas para el grupo y para todos. Es un juego con efectos que se sostiene recíprocamente. Pero no hay que engañarse. Siempre en realidad, pero más en un Estado democrático, sólo un apoyo muy amplio sostiene a la larga a una opción política. Y ese apoyo amplio se reduce cuando deja de ser capaz de despertar esperanza. Esperanza: esa es la clave mágica, misteriosa, más que los hechos, que pueden entenderse de muy varias maneras. Después de todo, es admirable que nunca se apague, aunque salte a otro lugar lejano. Esperanza: es lo que debe generar el político, si quiere poder. Pero cuando una esperanza se desvanece, justa o injustamente, es inútil aferrarse a recursos formales, aunque sean democráticos. No son más que un puro aplazamiento. Francisco RODRÍGUEZ ADRADOS de la Real Academia Española tel. 5754444 4645. fax 5754425