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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 26 DE OCTUBRE DE 1995 ABC PROPUESTAS ESPAÑOLAS tara la esperanza que nunca debió perderse. El reverso de esta actitud mayoritaria, más que deseable, exigible, es el respeto por parte de las minorías de toda índole que actúan sobre el conjunto de la sociedad. Políticos, escritores, periodistas, dirigentes de todas las organizaciones, tienen el deber primario de respetar a los demás, de no aprovecharse de ellos, de no mentirles, prometerles en vano, usar la fuerza de su número para fines particulares e interesados. En suma, tratarlos como personas que es lo que son, aunque a veces lo olviden o los convenzan de que son otra cosa. Como vemos, en el fondo se trata de lo que se llama una cuestión personal que los más se comporten como personas, y los menos y más activos- y con más recursoslo tengan presente y obren en consecuencia. Sin embargo, hay que dar un paso más. Los problemas de una sociedad, por ejemplo la española, son múltiples, complejos y delicados. Están además trabados con los que van más allá de nuestras fronteras: europeos, hispanoamericanos, occidentales en su conjunto- los más reales y más frecuentemente desatendidos- a última hora, humanos en general. Y hay que ver en qué medida se puede actuar sobre ellos de una manera efectiva, que no sea utópica, abstracta y que desemboque en intereses particularísimos. Esto quiere decir que hace falta algo que parece desdeñable: competencia. Siempre me ha asombrado lo que llamo capacidad de nombramiento Con pocas excepciones, todos se sienten capacitados para desem, penar cualquier cargo, aunque no tengan la menor idea de lo que reclama. Personas sin ninguna cualificación ejercen funciones rectoras sumamente difíciles, con los resultados previsibles, y poco después pasan a otros poderes, que les son igualmente ajenos. Esto es algo que no se debe aceptar, que DOMICILIO SOCIAL J. I. LUCA DE TENA, 7 28027- MADRID DL: M- 13- 58. PAGS. 136 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA L título de este artículo es el del programa de un curso de conferencias que la Fundación de Estudios Sociológicos (Fundes) va a empezar dentro de unos días. Pero no pienso primariamente en eso, sino en lo que podría ser la actitud de los españoles en los próximos meses. Se comprende muy bien que los que están en el poder y están seguros de perder las primeras elecciones se resistan a convocarlas lo más posible. Lo que no acabo de entender es que los demás no aprovechen el tiempo de que disponen para preparar el porvenir y asegurar que, cuando sea, se inicie una etapa interesante, civilizada, atractiva, si es posible creadora. Y no pienso sólo, ni mucho menos, en los que confían en alcanzar el poder y ejercerlo. Por supuesto lo que voy a decir vale para ellos, ya que su responsabilidad será muy grande- mayor de lo que piensa- España, tras una etapa de esperanzas fundadas, a las que tenía derecho si vale la expresión, y que empezaron a realizarse, ha sufrido una tremenda decepción- y es la palabra más suave que se me ocurre- Me di cuenta de ello muy pronto, y lo advertí con la mayor claridad y energía, en medio de una indiferencia general, mezclada con evidente hostilidad. Pues Cien, creo que España no puede soportar otra decepción, porque ello significaría un peligroso desaliento y la obturación de su futuro próximo. Por tanto, los políticos tienen el deber de plantear los problemas en su verdadero alcance, más allá de las innumerables minucias que suscitan y acaso absorben su atención. Es menester que imaginen lo que puede y debe ser España en el mundo real que la rodea, que hagan el recuento veraz de sus recursos y posibilidades y convoquen a los ciudadanos para emprender con esfuerzo y ánimo- como Don Quijote- la tarea pendiente. Pero, más allá de la política y los políticos, ¡as propuestas que me interesan y creo indispensables tienen que proceder del conjunto de la sociedad española. Y es menester tener presente la articulación de ésta, que no es un conjunto amorfo e indiferenciado. La primera propuesta, en definitiva la más importante, tiene que brotar de la totalidad de los españoles, y consiste, para decirlo en pocas palabras, en que no dimitan de su condición de personas y la ejerzan en todo momento. No parece excesivo pedirles que sean lo que son, que, por tanto, no sean inertes, pasivos, que reaccionen desde sí mismos a lo que pasa y a lo que se dice; que tomen en sus manos su destino persona! per modeste que sea- para cada uno es lo decisivo- y no se dejen manipular, embaucar o reducir a rebaño. En rigor, bastaría con esT. p para que se conjuraran ios mayores peligros y se resud- E l debe suscitar la inmediata repulsa de la opinión pública, que ahora tiene medios de expresarse y hacerse valer. Pero en España hay un número bastante crecido de personas sumamente competentes- cada una en una parcela de lo que hay que hacer- Hay que pedirles que no se extravasen, que no vayan más allá de los límites de sus posibilidades, pero que ejerzan estas, que no se ahorren, que no escamoteen su opinión, su autoridad, su esfuerzo intelectual, para poner en claro las cuestiones que verdaderamente importan. El silencio de los que tienen la obligación de hablar se complica con la garrulería, de los que hablan sin parar de lo que no conocen, de aquello que no entienden. El resultado es la desorientación, el desamparo de los que aspiran a vivir con verdad y decencia- esas dos condiciones inseparables- los que esperan en vano una palabra responsable de quienes podrían pronunciarlas pero prefieren callar. Tengo una larga lista de desíderata de orientaciones sobre asuntos graves, que regatean los que podrían proporcionarlas. ¿Por qué tantos que saben Historia no muestran la falsificación constante de que es objeto en los últimos años? ¿Cómo- se entiende que no digan ni una palabra sobre al aborto y la manipulación de que es objeto muchos que tienen muy precisa autoridad? Se deja que circulen críticas irresponsables en todos los campos, que exaltan a figuras mediocres, o gastadas y periclitadas, o simplemente lamentables, mientras se cubren de silencio tantas obras y personas valiosas. No se muestra a la opinión la imposibilidad de medidas económicas que tienen las más graves consecuencias. No se analiza lo que han significado las jubilaciones anticipadas que tanto recuerdan la depuración de 1939 y han descabezado todas las profesiones superiores, privándolas de lo mejor de que disponían, en el momento de la cosecha, y han provocado un inquietante corte de generaciones. La conservación del territorio, el mantenimiento de la figura de las ciudades, la arquitectura responsable y conciliable con su entorno, la humanización de la enseñanza, de la medicina, de las relaciones personales, todo eso debe ser tratado con rigor e imaginación. Reformas irresponsables de la liturgia, de efectos religiosos decisivos, se imponen sin que se sepa por qué, sin que digan nada los que las encuentran desacertadas y tienen autoriad para decirlo y, lo que es más, corregirlas. Espero, con una confianza inquieta, ias propuestas que pueden devolver a España su verdadera realidad y con ella su porvenir. Julián MARÍAS de la Real Academia Española GRAN VIA, i 5 TEL. 521 69 25 VELAZQUEZ 43 TEL. 431 46 50