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EDITADO PRENSA POR ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 12 DE OCTUBRE DE 1995 ABC ACASO EN PEKÍN proyectado hacia la otra forma de vida personal, y se es mujer en la misma situación respectiva. Puede haber formas de instalación sexuada claramente inmorales: una de ellas es el abuso de la condición propia frente a la otra; no menos, el descontento de la propia condición, de aquella que constituye la realidad. En ambos casos, se trata de una supresión o atenuación de una de las dos formas de instalación sexuada; si se tiene presente que la relación entre ambas es intrínseca y necesaria, se ve que en todo caso se produce una debilitación de la tensión proyectiva en que la condición sexuada consiste. Por el contrario, la moralidad de esa instalación es la intensificación de cada una de sus dos formas para la otra Con otras palabras, la máxima realidad de ellas y por tanto de su proyección mutua Todo esto se hubiera podido decir en Pekín en cinco minutos. Pero no es probable que se haya dicho nada semejante, lo que habría significado un planteamiento distinto de la cuestión. Y es notorio que la mayoría de las cuestiones verdaderas y graves tienen difícil solución, pero que el primer paso es un planteamiento adecuado. En filosofía y en ciencias, casi todos los avances consisten en la formulación correcta de los términos de los problemas. No es probable que esta manera de ver las cosas haya tenido lugar en Pekín. ¿Por qué? Porque el supuesto de esta perspectiva es la convicción de que hombres y mujeres son personas Pero ¿no es evidente? Así se dice y se repite, pero en realidad no se piensa. Desde hace más de dos siglos, y de manera creciente, hay equipos muy activos y que actúan en relevos, empeñados en DOMICILIO SOCIAL J. I LUCA DE TENA, 7 2 8 02 7- M A D R I D DL: M- 13- 58. PÁGS. 120 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA A tenido enorme resonancia el congreso sobre la mujer que se ha celebrado hace poco tiempo en Pekín. Sobre todo, porque ha sido una reunión multitudinaria, en la que han intervenido millares de personas. En realidad, fueron dos congresos, uno oficial y otro que a mi parecer también lo era, aunque con representaciones de otra índole. Mi escepticismo sobre el valor y la eficacia de los congresos es considerable, y cuanto mayores son dudo más de que lleven a algo que pueda aclarar las cosas. Cada vez creo más en las acciones individuales, no mediatizadas, plenamente responsables, y exentas de partidismo. Los problemas graves reclaman, sobre todo, pensamiento, y no conozco otra forma de ejercerlo que la meditación en soledad. Hay una operación que ahora se rehuye casi siempre, y que consiste en entrar en últimas cuentas consigo mismo. No he seguido en su detalle los interminables debates de los congresos de Pekín, pero me ha quedado una impresión desazonante: temo que el planteamiento inicial ha sido ya un error en sí mismo. La razón es que me parece problemático que tenga sentido preguntarse aisladamente por las cuestiones referentes a la mujer. Tal vez eso impide que puedan tener respuesta coherente, no digamos solución adecuada. ¿Es inteligible la mujer por sí sola? ¿Lo es el hombre? Es evidente que no. Y si esto es así, si decir mujer significa la inexcusable referencia al varón, si hablar de varón es ya incluir necesariamente a la mujer, el aislamiento de uno de los dos términos elimina toda posibilidad de entender y de encontrar soluciones. Al hojear, para dar una conferencia en la Argentina, mi último libro, Tratado de lo mejor he tropezado con unos párrafos, unas cuantas líneas, cuya brevedad me ha hecho pensar si hubiera tenido algún sentido que se hubieran dicho en Pekín. No resisto a la tentación de copiarlos, porque caben en cualquier parte, incluso en un rincón de un artículo. Si se admite la dignidad que pertenece al ser hombre hay que advertir que no hay hombres en general, sino varones y mujeres dos formas de vida humana, igualmente personal, pero en dos formas inseparables e irreductibles, La dignidad, en su forma real, afecta a cada una de esas dos condiciones: la de varón o la de mujer. La moralidad de la instalación en la condición humana no basta: se extiende a las dos formas en que existe. Esa dignidad del varón o de la mujer no puede entenderse a expensas del otro sexo, sino al contrario: proyectivamente hacia él. Se es varón en cuanto referido y H áPrrecision movements RAYMOND WEIL GENEVE TONCHO S. A. Alcántara 3 28006 Madrid. t l 5754444 4645. fax 5754425 e la empresa de borrar de la mente humana su condición personal. Una buena parte de lo que se dice y escribe escamotea o niega expresamente que el hombre y la mujer sean personas. Se los interpreta como organismos, a última hora como cosas se olvida esa condición única, original y extrañísima que se expresa con palabras como quién yo tú Repárese en lo que con mayor insistencia se oye o lee a diario: ni rastro de eso tan inconfundible y evidente, que se desliza inevitablemente en las vidas de todos cuando se abandonan a su espontaneidad, pero que se invalida en las formulaciones con que se nos martillea incansablemente. Pero se dirá que hay otros que no pierden de vista que se trata de personas, que afirman enérgicamente la personalidad, que en todo caso la suponen. Es cierto, la suponen pero la tienen recubierta por una espesa costra de interpretaciones recibidas, de pretensiones científicas, que se imponen a la misma evidencia, que desdibujan la conciencia de persona que nos acompaña sin cesar. Y cuando se intenta pensar lo que quiere decir persona se encuentra que, a lo largo de un par de milenios, se ha hecho muy insuficiente e inadecuadamente. Una de las grandes sorpresas intelectuales con que uno se encuentra es la escasez de pensamiento consagrado a la comprensión de lo que es persona. La evidencia espontánea lo suple: el hombre se siente y vive como persona cuando no lo piensa; pero cuando intenta teorizar y formularlo, lo asaltan interpretaciones desorientadoras, que lo apartan de eso mismo que era tan claro para él antes de reflexionar. Sospecho que esta situación ha sido la dominante en Pekín, porque es la que impera en la superficie pública del mundo, y no veo por qué Pekín- algo tan público- iba a ser una excepción. Pero creo que unas cuantas palabras, casi insignificantes, perdidas en una página reciente, habrían llamado la atención sobre algo que los millares de participantes en esos congresos sabían -sin saber que lo sabían- simplemente cuando se dedicaban espontáneamente- me atrevería a decir inocentemente -a vivir desde su condición de persona masculina o persona femenina, con la necesaria inclusión de cada una de las instalaciones en la otra. Si se piensa que la mayor parte de los grandes problemas que nos atosigan en este momento tienen como causa principal el intento de destrucción o el olvido involuntario de lo que somos, es decir, personas, se cae en la cuenta de que acaso en Pekín se ha jugado una parte importante de nuestro destino. Julián MARÍAS de la Real Academia Española I