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ABC Pág. 94- ESPECTÁCULOS DOMINGO 8- 10- 95 Tres miyeres altas gran juego de trampas de un gran Edward Albee Tres mujeres altas de Edward Albee. Versión: Vicente Molina Foix. Dirección: Jaime Chava rr i. Escenografía: M. Julia Bertotto. Iluminación: Eric Teunis. Intérpretes: María Jesús Valdés, Magüi Mira y Silvia Marsó. Un actor: Kim Roura. Teatro Lara. einta y cinco años después del estreno en Nueva York de Historia en el zoo el gran dramaturgo nor- teamericano Edward Albee sigue siendo el intratable inconformista escandalizador cuando vuelve a Madrid con la que ahora es su última obra, Tres mujeres altas en una pulcra traducción de Molina Foix. El título de esta nueva obra, Tres mujeres altas al comienzo del segundo acto, le parecía al crítico un título equívoco. mantener su respiración. Las tres mujeres que la miran y conversan no son sino la aparente secretaria y la aparente enfermera del primer acto y éstas, a su vez, según ceremoniosa, cruelmente va desvelándose, son la misma moribunda, la una antes de los treinta años; al borde de la cincuentena, la otra. El enorme monólogo mortuorio sigue, disfrazado en esos desdoblamientos aparienciales. La señora Albee está ahí, en coma, en el tránsito de la vida a la muerte, y a sus pies, abrumado, silencioso, un muchacho que no es otro que él hijo que hace muchos años abandonó a su madre, ei chico insumiso, vicioso, de malas costumbres al que echaban de los colegios y que un día, hartp de su familia, se fue a vivir su vida lejos de aquella casa. O sea el propio Edward Albee, en persona. La capacidad de Albee para desmenuzar los más secretos recintos de la personalidad humana es asombrosa. Desde la primera palabra de esa mujer, la incomunicación, la incapacidad de comprender para ser comprendida, la trágica degradación física y mental que la vejez trae consigo, la situción del anciano al que el largo vivir acosa y aisla, cantan un doloroso armonium del pesimismo, de la falta de fe en la vida que suele ser uno de los elementos más fuertes de protesta que el peculiar trabajo de este autor admirable y agobiante suscita. Valdés, Mira y Marsó la osadía de dar vida a un personaje dificilísimo, que en el acto absolutamente irreal posterior a la muerte mantiene delicadamente su difícil c o n d i c i ó n de ser, en el fondo, el fantasma de sí misma como antes era el fantasma de un pasado. Retrato sin piedad ¿En correcto inglés, Three tall women significa exactamente, según los buenos conocedores de la lengua inglesa- tres mujeres altas Decir un tanto a la española tres altas mujeres podría ser entendido como tres mujeres importantes, notables por lo menos. Pero lo que estaba sucediendo en escena resultaba ser algo concerniente a una sola mujer. A la nonagenaria, semiparalítica, dominante, amnésica y moribunda dama que en ei profundo trasfondo de la pieza no es otra, según el autor declara, que la madre adoptiva de éste, la turbulenta superviviente del matrimonio, en la vida real, Mira y Marsó Magüi Mira no asume exactamente el personaje psicológico, poético de la mujer, cómo era y cómo sentía en su mediana edad. Una sobria actuación acredita su eficacia aunque no atine en el pleno del carácter, que le corresponde y Silvia Marsó aporta su personal encanto juvenil a la personalidad del personaje único en su juventud. Su monólogo de fuerte carácter erótico, es una difícil prueba de la que sale graciosamente victoriosa. Este dramático terceto consigue la constante, dificilísima transición entre lo real y lo irreal; unifica así la complicada proposición con la que Albee apura la capacidad de entender del espectador. El realismo de un escenario básicamente realista, al que acompañan sutiles notas digamos ultratelúricas, sitúa ese complejo suceso mental en que consiste la acción en la ilusión corpórea, material, que necesita. Trampas En esta gran pieza de su peculiar teatro, Albee hace trampas desde antes de empezar. El título habla de tres mujeres. En realidad sólo se trata de una, la anciana agonizante. Las dos que la acompañan en el trance, o sea la secretaria y la enfermera, primero y luego, en el acto segundo, la joven y la madura, son apariencias escénicas, realmente son dos imágenes de la primera y única, en dos momentos de su edad. Vistas así, es forzoso admitir que esta obra es un monólogo, un desesperado dramático coloquio de una mujer consigo misma, con su pasado, con las sombras mentales de las personas- marido, hijo y hermana- que participaron antes de su vida. No puede ser más desoladora esta imagen de la vida que ei gran talento de Albee materializa en imágenes aparentemente reales. No ha escrito Albee una obra realista. Ha escrito un analítico espejo de la condición humana desde el más impecable pesimismo. Joven airado La carrera de este autor que en los años 50- 60 fue el más llamativo angry young man (joven airado) de una corriente teatral que brotando en el teatro inglés se generalizó en el teatro de Occidente, ha llegado a su cima. Cuando Albee, no comprendido en Estados Unidos, tiene que estrenar Historia del zoo en Berlín, año de 1959, para ser acogido al fin, triunfalmente, en Nueva York en 1960, Lo que trae Albee en esta obra no es rigurosamente nuevo, lonesco, 1950, en París con La cantante calva Beckett, el irlandés, estrenando Esperando a Godot 1953, en el teatro parisiense Theatre de Babylone se le han adelantado. Albee, con matices personales, lleva a una aguda situación trágica el encuentro de Peter, el tranquilo padre de familia que vive bien, y Jerry, el marginal vagabundo angustiado, al encontrarse en un parque de Nueva York experimentan la terrible incapacidad de la comunicación que separa a los hombres. Jerry, que provoca a Peter y se arroja desesperado sobre su propia navaja, es un ser aislado, terriblemente solo, como esa mujer que agoniza en una lujosa casa de estas Tres mujeres altas que es la casa de su soledad pues su marido, rico, bajito y tuerto, que se perdía por las mujeres altas, como ella, ha muerto, y su hijo adoptivo, en la realidad, no en la ficción, el propio Edward Albee, incapaz de someterse, la ha abandonado. Reed y Francis Albee, a la que su hijo adoptivo retrata sin piedad y, si es cierto io que él mismo dice, sin rencor. Arriesgada estructura En lo dicho esté la raíz viva de esta estructura dramática que rompe las más permanentes reglas de la construcción teatral. En escena al alzarse el telón, tres mujeres: la vieja dama añorante de un pasado que huye de su memoria, dispuesta a mantener su intransigencia, su absoluta libertad de acción mientras tenga un soplo de vida. Al lado de la señora, dos mujeres que la cuidan. Una, de mediana edad. Muy joven la otra. Ahí está el gran truco inicial de la estructura que organiza Edward Albee. Esas dos aparentes mujeres en rigor no existen. Son la misma dama en dos diferentes momentos de la vida de la moribunda. De modo que vemos a tres figuras humanas de las cuales sólo una, ia anciana, es una persona real: la contrafigura, el retrato, de la madre adoptiva del autor. Es pues, el primer acto, un soliloquio. La señora no conversa sino consigo misma. Gran sorpresa en la construcción del segundo acto. La dama yace en su cama, envuelta la cabeza en artificio para La dirección Todo está medido, bien medido, en la estricta dirección de Chávarri. La introspección refinada que es esta obra, algo así como una marcha exploradora por el interior del alma humana, está conseguida. La atención del espectador cae feliz en todas las trampas que el autor le tiende, Y ese es el gran juego de un gran teatro. Titular esta obra sencilla, sinceramente, Una mujer alta sólo una, y representar cómo se presenta esta historia radicalmente esencial, sorprendería igualmente al espectador. Tal es e! gran juego de este gran dramaturgo norteamericano, brillantemente realizado en el recuperado y de nuevo precioso, histórico, teatro Lara. Lorenzo LÓPEZ SANCHO Valdés María Jesús Valdés es esa terrible anciana a la que vemos agonizar, yacer en coma en su lecho y también, en fantasma de sí misma, después, multiplicada por sus mentales contrafiguras. Enorme trabajo de extraordinaria actriz el que realiza en ese primer acto. Los matices de la voz, entre la dubitativa expresión de un pasado que se le escapa, las fluctuaciones entre la rabiosa voluntad y el desmayo. Seguridad en las dificultades de movimiento con las que s identifica físicamente, con esa vieja desesperada que agoniza, María Jesús Valdés ha triunfado en 1