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JUEVES 5- 10- 95 ESPECTÁCULOS Crítica de teatro ABC 91 Crítica de cine Un golpe de suerte donde dos personajes encuentran autor y actores Un golpe de suerte de Alonso Millán. Espacio escénico: Enrique Serafini. Efectos: M. Torralba. Música: Manuel Alejandro. Dirección: Juan José Alonso Millán. Intérpretes: Manuel Tejada y Ágata Lys. Teatro Muñoz Seca. Eclipse total Kathy Bates arma la gorda Producción: Castle Rock Enterteinment Dirección: Taylor Hackford. Guión: Tony Gilroy, en adaptación de una novela de Stephen King. Fotografía: Gabriel Beristain. Color. Intérpretes: Kathy Bates, Jennifer Jason Leigh, Christopher Plummer, David Strathaim, Eric Bogosian. Salas de estrenos: Palacio de la Prensa, Carlos III, Palafox, Princesa Plaza Aluche Maravillosa Interpretación de Kathy Bates en esta película sórdida y enigmática en la que se cuenta la morbosa relación entre una madre, una hija, el recuerdo del cadáver del padre, los sentimientos de culpa y una página cualquiera de lo tratado por Freud sobre el sexo entre la parentela. Ha entrado en su noveno mes con una nueva actriz, Ágata Lys, como intérprete, la comedia de Alonso Millán, titulada Un golpe de suerte estrenada creo el 6, no sé si el 7, de febrero último, en el teatro Muñoz Seca. Nueve meses de éxito traen este especie de parto teatral que es ver una mujer nueva, una protagonista diferente, es decir, una Susana, la de Ágata Lys, igual en lo que dice, diferente en como lo dice, a la Susana que puso en pie en febrero pasado y lejano, la brillante actriz que es Victoria Vera. Como las comparaciones son odiosas, no entrará el crítico en comparaciones cuando siente la necesidad de entrar en consideraciones de lo que puede ocurrir en una afortunada representación de un texto brillante, como este de Alonso Millán. Lo primero que parece es la cuestión de si al cambiar el actor, la actriz en este caso, el personaje sigue siendo el mismo o pasa a ser otro. Una gran autoridad en estas cuestiones, Peter Brook, nos decia que el actor que se parece a sí mismo es decepcionante. De donde resulta que el actor, o la actriz, no tiene que parecerse así mismo sino al personaje que debe representar. Pero el personaje que el autor escribe ¿es uno o es múltiple? Me parece que el primero que cayó en la cuenta de que el personaje tiene una disposición cambiante, independiente desde luego de la del autor y, naturalmente, de la del intérprete, fue nuestro grandísimo y modernísimo Valle- lnclán. Reivindiquemos pues el derecho de Susana, esa chica hija del dueño del pequeño hotel del imaginario pueblo galaico Villa de Palee, -a diferenciarse de lo que piensa, y escribe, de ella Alonso Millán y de como la ha sentido un día otra actriz, singular y prestigiosa actriz, Victoria Vera, que la encarnaba hace nueve meses. Esta Susana de ahora ha aprendido mucho en sus viajes a París, a Alemania. No ha olvidado sus pasados amores, pero lo que hay en ella de protectora, de maternal, teñido de sana sexualidad femenina, la impulsa a tomar en todo la inciativa. Seduce al frivolo, variable, en el fondo débil empleado de banca, Emilio, tomando la iniciativa lo lleva a la cama y, sin saberlo, con el mismo complejo con el que el don Juan de Zorrilla que se enamora, al conquistarla, de doña Inés, del indeciso Emilio se enamora. Esta Susana no es partidaria de quedar en nada a medias. Alonso Millán lo ha comprendido. Por eso Susana no deja, en el desenlace de esta comedia, mezclada de realismo crítico y de fantasía poética, que el espectador se quede en la duda de su decisiva intervención con la bruja Remedios para liberar a su amado y flojo amante, Emilio, de la insoportable buena suerte de la que se siente descontento, para reintegrarlo a su legítima condición de hombre vulgar, aunque a ella caro la cueste. Puedo decir, y digo, que el personaje, en esta renovación de ahora, se ha impuesto a la actriz, a Ágata Lys. Ese es el acierto de Ágata. Tres planos de realidad recorre Alonso Millán en esta atrevida estructura dramática. El de los personajes presentes, -Susana (Ágata) y Emlio (Manuel Tejada) solos, pero no aislados, en el cuarto del hotel; el de la prometida del joven, de la que este huye porque es insoportable aunque haga magistralmente el amor, el de la vieja pariente de Emilio, en el lejano Madrid y el del padre de Susana un gallego muy gallego, que desde su despacho de autor todo lo sabe y todo lo consiente, y el ultratelúrico, fantástico territorio, mágico e irónico que es el de las dos brujas, Remedios y la Paquita, útilísima y nunca vista por el público, bruja de Pontevedra. Es ahí, en el ágil deslizamiento permanente de lo real a lo irreal donde el humor de Alonso Millán alcanza el nivel de sus mejores comedias como El cianuro, ¿solo o con leche? o La felicidad no lleva impuesto de lujo a las que en algunos puntos supera. Porque aquí la crítica asciende a lo espiritual más allá de lo estrictamente social. Tejada, seguro actor, sedefine con solidez en ese Emilio descontento, contradictorio, en el fondo, egoísta, muy inferior a la generosa, valiente, capaz de sacrificio, Susana, y así el duelo de cama de la pareja acaba por ser un duelo en el que el egoísmo, una vez más, derrota a la sinceridad, incluso al amor. Todo inusual en el que una comedia trasciende por su profunda sustancia, su atrevida estructura teatral. Si los espectadores acuden y aplauden como hace nueve meses, saben lo que se hacen. Que lo sepan y lo demuestren es una consoladora consecuencia en esta crisis de falta de osadía, de carencia de imaginación en la que se debate nuestro teatro, debilitado por una política clientelista de subvenciones que se dan o que se niegan, según. Pero esa es otra comedia. U otro drama. Según usted, lector, guste. Lorenzo LÓPEZ SANCHO Cinescenia una nueva forma de ver el teatro Madrid. Carlos Galindo Esta noche se presenta en la sala Xenón un espectáculo diferente bajo el título- genérico de Ruina creado y dirigido por Tomás Aznar, que no es cine ni es teatro, sino Cinescenia una realidad vital en la que se estrena la realidad tal y como es, combinando elementos cinematográficos con teatro, rodeando a los intérpretes con efectos de luces, sonido inalámbrico, láser, proyecciones, banda sonora y megatrón, con lo que se intenta integrar al espectador en una realidad que supera lo real y es tan apasionante como la ficción de un viaje al interior de uno mismo Este espectáculo, que se estrena hoy en el escenario de la sala Xenón, donde está previsto ofrecerlo todos los fines de semana, es una producción del Foro Artístico Europeo, El montaje cuanta con la participación de ocho actores, entre los que hay que destacar a la top model española Cristina Piaget, que hará su presentación escénica con esta función. El resto de los componentes son José Manuel Carballal, Daniel Diez, Erik Gatby, Sonía Rodríguez, Fernando Ustárroz, Ismael Luengo y Mayte Torres, jóvenes promesas de nuestro espectáculo. Ocho personas que se desdoblan a ritmo cinematográfico en pantalla y escenario simultáneamente en una entrega de actualidad ponen en pie Ruina un texto que enfrenta vida, sentimientos, rebeldías, vivencias... Reconforta ver a alguien como Kathy Bates, tan gorda, tan fuera de catálogo, de estrella en una película. En esta época de pasarelas llenas y estómagos y cerebros vacíos, de modiglianis andantes, de bifus activo, de leches y sus derivados, el encontrarse a Kathy Bates como centro, como puntal, como causa y como efecto de una película, le devuelve a uno las ganas de comer... de pensar. En Eclipse total esta maravillosa actriz que no cabe en un poster consigue una de esas interpretaciones únicas, que se quedan presas e impresas en la memoria del cine. A su lado, Jennifer Jason Leígh, mejor contorneada, se comporta también como una grandísima actriz. Taylor Hackford, el director, lo que mejor dirige aquí es el trabajo de estas dos mujeres, que concentran la casi totalidad de la esencia de esta película. Otra de las estrellas del asunto es el libretista Stephen King, que, en esta ocasión, no trata sobre el pelo negro y largo de los monstruos, sino que se concentra en otras interioridades, aunque igualmente monstruosas. La historia, sin llegar a ser del todo tópica, sí participa de ciertas áreas del lugar común: madre loba y envolvente, padre borrachuzo y asqueroso, hija con evidentes síntomas de haber tenido una infancia complicada... Y ocurre en dos tiempos simultáneos: el presente (la madre es acusada de asesinar a la mujer inválida que cuida, y la hija vuelve tras muchos años de lejanía al pegajoso ambiente familiar) y el pasado (la madre ya fue acusada años atrás de asesinar al marido, aunque no se lo pudieron probar y fue posteriormente absuelta) La historia, digamos, se repite, y ahora madre e hija reviven parte de ese pasado tortuoso. Esto, que explicado suena a hojalata y dan ganar de, en vez de al cine, irse al campo, visto en la pantalla adquiere un notable pulso dramático y enigmático gracias, sobre todo, a la cara de perro de Kathy Bates y a sus modales completamente asilvestrados, que le proporcionan a su equívoco personaje ¿será o no será una asesina? una dimensión, una intriga y un fondo que lo mantienen a uno en un respingo en su butaca. Al haber de Taylor Hackford hay que apuntarle, la disposición narrativa, el no entorpecer el gran trabajo de sus actrices, el mantener espeso el humo de la historia, el combinar varios tiempos y varios espacios sin que el espectador se le quede en el camino... En fin, que Eclipse total mantiene vivo y ágil el interés hasta el final, y lo que es más importante le echa a la Meryl Streep de Los puentes de Madison una contrincante de peso, de una pieza, Kathy Bates, para los próximos Osear. E. RODRÍGUEZ MARCHANTE