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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 3 DE OCTUBRE DE 1995 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ODO el mundo recuerda la famosa frase de Ortega, I que siempre me ha s hecho pensar en aquello de Arquiloco de que pienso según las circunstancias con que me encuentro ¿lo conocía Ortega? Y aquello otro del perspectivismo, de que las cosas son según la perspectiva con que las mire cada uno. Todo ello definía una relación entre el hombre y el mundo exterior: el hombre limitado por él, el mundo distinto para cada hombre. Viene a equivaler esto, en cierto modo, a aquella antigua oposición entre naturaleza y educación: ¿cada uno es como nació, hasta el final, o le han hecho los demás, la sociedad? Hay respuestas para todos los gustos, muchas son eclécticas, conciliadoras. Pero la cuestión del grado es esencial: ¿Hasta qué punto nos dejan ser nosotros mismos? ¿En qué medida comprendemos el mundo en su totalidad, fuera de nuestra cultura, nuestras vivencias, nuestros intereses? Estos problemas han sido siempre graves, ahora son más acuciantes que nunca. Y eso en una época en que se ha roto con los dogmatismos y con las Ideas: no sólo conviven pacíficamente, sino que decaen. Hay mucha más libertad en muchos aspectos. Y, sin embargo, nunca la sociedad ha sido más unificadora, más opresiva, más dogmática si cabe. Cierto: toda cultura y circunstancia histórica es opresiva, hasta que de algún modo todo cambia, viene una liberación que es también, luego. una opresión. ¿Quién nos liberará de los liberadores? Pero, fuera de consuelos históricos, esta época en que vivimos nos obliga tanto como la que más al conformismo y a una discreta autocensura. Hay el progresismo concebido como progreso económico, hay la libertad en unas cosas, el tabú y la marginación social o la doble vida para quien no está de acuerdo. Hay cosas que están en foco, y con las que nos martillean los medios de comunicación, otras que pasan en silencio, sin altavoces. Pero no quiero acusar ni a éstos ni a los políticos: es el modelo de sociedad que hoy existe, en el que estamos todos, el que los empuja, tienen pocas alternativas. Buscan el mínimo posible y necesario. Quizá nosotros operáramos igual. Es difícil romper las circunstancias, modificarlas: la gran tarea del político. En tanto, el individuo humano en general, nosotros, al tiempo que ve crecer sus medios materiales, aunque entre altibajos y temores, cada vez se ve más reducido a sí mismo. Se integra de mejor o peor grado en el sistema y todo lo que pide es que éste resista y no se hunda, corrija sus aristas. Pero, con todo esto, el hombre medio está un tanto perdido. Si no le absorben la familia o la profesión o la religión o algún ideologismo, busca evasiones en el deporte (más bien como espectador) en el mismo partidismo político, en el voyerismo de la TV o las revistas, én los viajes. Pero todo esto es pasividad, o acción de segundo grado, a través de intermediarios, en todo caso: así para la gran mayoría. Y el hombre necesita la acción y el pensamiento. Las circunstancias son más que el yo, cada vez más. Claro que siempre hay quien sabe creárselas. Pero si se quitan ciertos brillos efímeros en la vida pública o la economía, siempre dentro de niveles y tópicos comunes, cada ABC vez estamos más sometidos a la. uniformidad, a la simplicidad de ideas, a la idolización del presente y de un futuro que se desea como esencialmente igual, pero con más volumen, menos sobresaltos. El futuro, el cambio dentro del no- cambio: ése es el gran aliguí el nuevo paraíso. Distante y dudoso. ¿Y la cultura? ¿Y la creación? Hay mucha más cultura general, qué duda cabe, pero a niveles cada día más bajos. La antigua cultura, ese vivir en nosotros los logros de la especie humana, con ojos críticos desde luego, usándolos de trampolín para comprender, sentir, crear, queda cada vez más lejos. Es patrimonio de pocos. Hay, eso sí, mucha cultura especializada, qué duda cabe, aunque a veces bastarda, cultivada para hacerse un curriculum y no por deseos de saber. O puramente utilitaria, al servicio de la técnica. Y disminuyen los grandes creadores, los que rompen los moldes, hacen triunfar el yo contra las circunstancias: esperábamos que surgieran en campos diversos al caer la Dictadura y, salvo excepciones, no ha sido así. Lo ha dicho Buero hace poco. Domina el tono medio. El creador- artista, poeta, hombre de pensamiento, inventor- vive o vegeta en pequeños círculos, especie de guetos endogámicos en que crecen flores perfumadas, flores venenosas a veces. Flores vistas con indiferencia. O es un marginado o lleva una doble vida muy difícil. O es ignorado o tiene que mendigar la atención de los medios. Pero, eso sí, si un día un premio o una circunstancia fortuita lo señalan, se convierte en un héroe, en un famoso Queda, cierto, el retirarse a contemplar, a estudiar, a sentir, a ver, a comprender. A estudiarse a sí mismo, a los demás hombres, a la sociedad: un fascinante espectáculo. Pero el hombre aspira a comunicar, a extender sus ideas, su círculo íntimo. Y hoy no es fácil. Mejor que, con las trágicas excepciones que se sabe, haya quedado fuera el viejo fanatismo, que hoy los problemas se resuelvan (bien o mal) en elecciones y en aburridas conferencias, que nos den resueltos los grandes problemas DOMICILIO SOCIAL J. I LUCA DE TENA, 7 2 8 02 7- M A D R I D DL: M- 13- 58. PÁGS. 136 V YO Y MI CIRCUNSTANCIA áPrrecision movements RAYMOND WEIL GENEVE TONCHO S. A. Alcántara 3, 28006 Madrid. cuyas implicaciones, a veces, nos rebasan. Algunos, ciertamente, no se resuelven nunca y vivimos en una especie de resignación universal. Mejor que se eleven los niveles económicos y de educación (si es que se elevan) Pero a veces parece que de ahí sale un conformismo que ve con miedo todo lo que es innovador, todo lo que es crítico, todo lo que es creador. Que condena a la disensión o al silencio precavido o a una marginación que, para mayor inri vive en los aledaños del sistema, de las limosnas del sistema. O a trompetear vanamente, aburriendo a los demás. ¿Qué es hoy un poeta, un creador ante un político o un ejecutivo? El pasado siglo les era más fiel. ¿Y qué es un político? Demasiadas veces, un hombre que vive de tópicos, que no es capaz de abrir la vía del futuro. En fin, siempre queda la esperanza. de que esto cambie. El creador y el político están para eso: para dar esperanza. A veces, para realizarla. Quizá todo esto no sea, en realidad, tanto un problema español como un problema mundial de nuestra cultura, tal cual es hoy. O quizá sea, en definitiva, un problema humano. Cuando se remonta una cima, siempre queda una detrás de ella. Cuando se resuelve un problema, siempre queda otro. ¿Quién podría saciarlos a todos? se preguntaba ya Solón en Atenas. ¿Cómo desarrollar una cultura colectiva y dejar libre al individuo, realmente libre, incluso para distanciarse de esa colectividad? Las circunstancias del que aspira a su yo auténtico, con plena autonomía, son tan difíciles como nunca, más difíciles que nunca dentro de esta sociedad igualitaria, -que idoliza el presente y el futuro y olvida el pasado, que busca seguridad, simplemente (y a veces no se atreve a usar de los medios para lograrla) Que está rodeada de viejos prejuicios y de viejos tabús intocables, pese a tanta libertad, a veces libertad sólo en lo mínimo. ¿Y la perspectiva? Hoy apreciamos todas las culturas, pero no como modelos sociales y espirituales diferentes, sino como etapas, respetables, de una única vía recta de progreso. Los mapas antiguos daban diferentes colores a las naciones según el grado de civilización ahora se hace según el grado de desarrollo Se nos inmuniza para ver, comprender lo diferente: la perspectiva del turista del montón es la de juzgar a otros países por el grado en que en ellos aparecen o faltan nuestros mismos valores, nuestras mismas circunstancias materiales, nuestros mismos prejuicios. Ganamos en nivel de vida y en niveles primarios de educación. Perdemos en cultura profunda y abierta, en riqueza y valores individuales y creativos, en perspectiva. Quizá valga la pena, pese a todo: siempre podrá haber otro giro, nuevas ganancias del individuo a partir de esas ganancias del nivel general. Y siempre hay las excepciones. Pero, de momento, la lucha entre elindividuo y su circunstancia es más dura que nunca. No abomina de ella, pero le gustaría una nueva libertad, una mayor apertura. Y la lucha de nuestro país contra su circunstancia, tantas veces venida de una Historia que debería superarse ya de una vez, es igualmente dura. Francisco RODRÍGUEZ ADRADOS de la Real Academia Española tel. 5754444 4645. fax 5754425