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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 11 DE MARZO DE 1995 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ABC curso de esta materia es el heredero del único año de Latín para todos que la Ley del 70 había dejado vivo. Hay que decir, con todo, para no ser injustos, que el Ministerio ha admitido la negociación y que algo mejoraron las cosas desde un estado inicial catastrófico. Sin duda hubo una reflexión y en un momento dado sus más altos representantes nos dijeron que ellos no querían pasar a la Historia como los responsables de la desaparición del Griego y el Latín. Y así, para los centros dependientes directamente del Ministerio (el llamado territorio MEC) se ha ganado algo. Sin embargo, para la cuestión de fondo, el Ministerio está condicionado por sus puntos de partida iniciales: la LOGSE, las reglamentaciones, las transferencias a las autonomías (que lo están devorando) Poco puede hacer. Pero vayamos a la raíz del problema. Ésta está en que la LOGSE ha establecido una formación unitaria hasta los dieciséis años: una mezcla de enseñanza primaria y profesional, sin ventaja para nadie. Luego sigue un Bachillerato de dos años, en el que, además, como digo, ha introducido materias nuevas. El resultado ha sido rebajar enormemente los niveles: ¡se ponen pruebas más fáciles en la Selectividad para los alumnos del Bachillerato de la Reforma! Y dejar a las Humanidades prácticamente sin espacio. Sin duda, ello deriva de ese practicismo que reduce la enseñanza hasta los dieciséis años a la adquisición de unos instrumentos prácticos y unas aptitudes: literatura, pensamiento, ciencia, cultura en general no parecen interesar gran cosa. Pero también del igualitarismo utópico, que ha traído esa unificación a ultranza. Como el igualitarismo utópico en el terreno económico trajo el hundimiento de la economía, éste está trayendo el de la cultura. Y no es que lo diga yo ahora, ya en diciembre de 1984 publiqué en El país un artículo que se titulaba La reforma del BUP, una amenaza contra la cultura Hoy los profesores y los padres piensan mayoritariamente así, sólo unos pocos políticos y unos pocos pedagogos opinan de otro modo. Por supuesto, una nación debe dar a sus ciudadanos una base cultural común. Pero en algún momento se produce una diversificación. Y no es un dogma en qué momento debe ser: si a los diez años, a los catorce, a los dieciséis o quizá, un día, a los dieciocho. Si ese momento tarda demasiado, es a expensas de rebajar los niveles y de impedir que haya un sector de la población verdaderamente culto. Pienso que, si no pueden convertirse los dos años de Enseñanza Superior Obligatoria (a los quince y dieciséis años) en los dos primeros años de un verdadero Bachillerato, que se completaría con el ya existente, la única solución es que a los quince años pueda ele- DOMICILIO SOCIAL J. I. LUCA DE TENA, 7 2 8 02 7- M A D R I D DL: M- 13- 58. PAGS. 120 L AS lenguas clásicas, griego y latín, y las culturas que estas lenguas expresan, están en la raíz misma de nuestra cultura y de la de todo nuestro mundo. Eran tradicionalmente una pieza fundamental en las Enseñanzas Medias y en las antiguas Facultades de Filosofía y Letras. Una serié de avalares que sería largo enumerar han ido reduciendo su papel a lo largo de las sucesivas reformas El precio de esas mejoras lo han pagado las lenguas clásicas. Hoy, cuando las cosas empiezan a mejorar en Francia y otros lugares, estamos en lo más bajo de la ola. No sólo nosotros: escuchen, por ejemplo, a los filósofos. No voy a argumentar a favor de la enseñanza de los clásicos, se ha hecho muchas veces: son nuestros padres, son un instrumento de rigor. Sólo voy a exponer cómo están las cosas en las Enseñanzas Medias. Tras la Ley General de Educación de 1970 y su reglamentación, las lenguas clásicas quedaron reducidas al mínimo admisible para que su enseñanza tenga un interés. Hoy, con la LOGSE de 1990 y su reglamentación (no completada aún) están, diríamos, bajo mínimos. La última reforma ha sido el último golpe. No dudamos que sea encomiable extender la enseñanza a nuevas capas sociales, pero dudamos que sea igual de encomiable reducir sus niveles. Hay que comparar los antiguos programas de Matemáticas o Historia con los de ahora. Hay que notar que las asignaturas de Lengua y Literatura españolas tienen, según la última disposición sobre implantación anticipada de la Reforma, tres horas en cada uno de los dos años del Bachillerato: antes eran cinco. Pero el trato peor ha sido para las lenguas clásicas. En un cierto momento el ministro Solana nos prometió dos años de Latín obligatorio en el Bachillerato de Ciencias Humanas y Sociales: al final ha resultado que el Latín I y el Latín II son dos materias entre once, de las que hay que escoger seis. Se puede hacer ese Bachillerato sin Latín. Y la Ley de Mínimos establece un mínimo de dos horas semanales: si va a haber esas o más, depende de cada autonomía. Otro ejemplo. Para las pruebas de acceso a la Universidad de los alumnos del Bachillerato de la Reforma se ha establecido, para las Facultades Humanísticas un examen obligatorio de Latín. Así se nos dijo. ¡Pero para una larga serie de ellas (Derecho, Ciencias de la Educación, Ciencias de la Información, Historia del Arte... es sustituible por Matemáticas Aplicadas! De Griego nada: es la víctima- principal, prefiero no insistir ahora. Y esto no es sólo para las lenguas clásicas, también para las demás Humanidades, sometidas a opciones semejantes. Lo que antes era cosa de formación general, es ahora algo destinado a los pobladores de mínimos ghettos Las Matemáticas Aplicadas, la Economía, la Psicología, etcétera, materias que antes eran de Universidad, nos sustituyen. Por no hablar de la Tecnología: un tercer LENGUAS CLÁSICAS, UTOPISMO IGUALITARIO Y BACHILLERATO girse entre esa formación general y un Bachillerato, que así llegaría a tener cuatro años y ofrecería posibilidades para una formación cultural verdadera. Esta debe ir antes del especialismo de la Universidad. Ningún dogma romperíamos adelantando en dos años la diferenciación de la enseñanza, creando, eso sí, puentes diversos entre las dos ramas. En fin, lo peor está todavía por llegar, y llegará cuando se extienda la Reforma, lo que está haciéndose a toda prisa y saltándose todos los plazos, contra la voluntad de los Centros. Ahora, de momento, lo que vemos es que se han hecho los planes sin contar con que existiera o no existiera el profesorado adecuado. Faltan profesores de determinadas materias, sobran de Latín y Griego. Y entonces vienen las desdotaciones de plazas y el ofrecer al profesorado nuevas especialidades, para que imparta bien o mal otras materias. Y el que el año pasado no saliera a concurso ni una plaza de Latín y Griego y sí doscientas cuarenta de Psicología. Peor este año: no ha salido ninguna de ninguna materia. En esto estamos. Demasiado hace el profesorado con mantener su moral en estas circunstancias en las que, de otra parte, el Ministerio, atado por sus propias ataduras, apenas puede hacer nada. Por eso, en el momento actual pueden todavía obtenerse, a veces, concesiones de detalles. Pero es imposible negociar los grandes temas. Si los exhibimos en nuestros escritos, pidiendo un Bachillerato de cuatro años, es para dar testimonio de lo que pensamos. Y para que quede ahí, con la esperanza de alguien algún día lo recoja. En fin, vuelvo a las lenguas clásicas. Tenemos el instrumento humano para que exista una enseñanza de las lenguas clásicas impartida a un sector apreciable de la sociedad, enseñanza que mantenga en nuestro país un clima cultural común, solidario con el pasado y con Europa. Tenemos una apoyatura suficiente en las Universidades y en la producción científica. Pues bien, en trabajosas negociaciones hemos conseguido que quede algo, yo diría que un cincuenta por ciento de lo que nos dejó la Ley del 70, que a su vez nos había quitado ya un cincuenta por ciento de lo que había antes. Nos queda, pues, un veinticinco. Muy poco para muy pocos. Lo único que podemos hacer es resistir y esperar. Igual que los representantes de otras materias humanísticas y que los profesores de Enseñanza Media en general. La reforma de la- LOGSE, con la creación de un verdadero Bachillerato de cuatro años, es algo que se impone y que llegará. No podemos seguir con ei poco glorioso privilegio de tener el Bachillerato más corto de Europa. En dos años ni caben el Latín y el Griego ni cabe nada, diríamos. ¡Y menos si se meten cosas nuevas! Ojalá que ello no sea demasiado tarde. Francisco RODRÍGUEZ ADRADOS de la Real Academia Española