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MIÉRCOLES 8- 2- 95 ESPECTÁCULOS Crítica de teatro ABC 87 Un golpe de suerte poesía y humor en el mejor Alonso Millán Autor y director: Juan José Alonso Millán. Temas musicales: Manuel Alejandro. Escenografía: Enrico Serafini. Intérpretes: Victoria Vera y Manuel Tejada. Teatro Muñoz Seca. Una comedia más del fértil dramaturgo Juan José Alonso Millán. Técnicamente no es una comedia al uso. A primera vista podría tomarse por un diálogo entre dos personajes, Susana, hija del dueño de un hotel en Villa de Palee, pueblecito imaginario de Galicia, y Emilio, un banquero, o más propiamente bancario, a punto de ser director de un banco, que se ha refugiado a causa aparentemente de una avería de su coche, en el hotel. Pero, aunque estén alejados de Madrid, del mundo, no están solos. La comedia tiene otros personajes que, aunque resulten invisibles, intervienen activamente en la acción. Unos, mediante el teléfono, esa plaga de la que- se dice en alguna escena- algún día nos liberaremos. Otro, y es personaje muy principal, casi siempre presente con la presencia poética, irónica, humorística, de la magia: la bruja doña Remedios. Dicho de otra manera, la suerte, la buena suerte. Están presentes asíen los sucesos de esta original comedia muchos personajes. El padre de Susana; Piluca, novia y amante de Emilio, de la que éste dice huir porque no quiere casarse; Pierre, uno de los antiguos y ocasionales amantes de Susana, y hasta Paquita, bruja modesta de Pontevedra, de la que se habla. Transcurren estos personajes invisibles en los conflictos de Susana y Emilio. Conflictos de cama, de indecisiones, de amores y desamores. Una acción llena de vida en que se producen tensiones, situaciones cómicodramáticas. La vida, en suma. La gran originalidad de un planteamiento sorprendente, lleno de humor. Lo más sorprendente es que Emilio es un tío de suerte. Todo lo contrario de un gafe. Donde él va, su tía, la bruja doña Remedios hace que todo salga bien. No llueve aunque sea en Galicia, brilla el sol; el hotel, vacío en diciembre, se llena de turistas musulmanes y la bruja reina en el edificio cuyas puertas se abren y se cierran, los cuadros se liberan de las paredes, patente signo de que doña Remedios está allí protegiendo a Emilio, que está harto, deseoso de vivir por su cuenta, de ganarse lo que hasta ahora por suerte ha tenido, sólo por su talento, sus medios personales, no la suerte, contra la que alza su rebelión. Al borde de la comedia de magia, si el autor no se riera de la magia y nos invitara a reimos de ella. ¿No es Emilio más que un tío de suerte un imaginativo hombre de negocios, muy parecido a algunos que conocemos por sus andanzas en esa suerte de vida mágica que nos ofrecen los periódicos? Cuando Susana, enamorada de Emilio, consigue matar a doña Remedios, la bruja, y liberarse así de una suerte que a ella y a Emilio los subyuga, todo cambiará. Se irán los musulmanes: algo cambiará la anunciada llegada de Piluca, que viene a recuperar a Emilio, el novio fugitivo, y otras divertidas sorpresas contribuirán a un divertido y no obstante melancólico desenlace. Comedia de conversación. Diálogos ingenioso, llenos de humor, de ironía, escenas en las que el erotismo se reviste de buen gusto y de sonrisa. La sorpresa gradúa una acción que suscita el interés y se burla de haberlo conseguido. Son muy humanos Emilio, oportunista, desaprensivo, inconstante; Susana, atrevida, liberada, sensual, capaz de enamorarse y convierte el simbolismo en afinada, mejor aún refinada crítica social, el brujerío de doña Remedios. La suerte. Bien construida, en secuencias cortas que la música subraya oportunamente, la pieza progresa entre sorpresas a su desenlace tierno y sorprendente. Un cuento de amor y gratitud gobernado por eso, misterioso, que llamamos la suerte y, de cuando en cuando, suscita la intervención de los jueces. Victoria Vera ha encontrado el mejor papel de su vida y lo llena de ternura, de sensual pasión femenina. Su dicción consigue hacer palpitar las emociones, los sentimientos. Es la mujercita débil, generosa que expresa con todo su cuerpo, en su voz, en su mirada, la aventura de amor de una muchacha de vuelta, de su pasado. Un trabajo cuidadoso hasta alcanzar la sinceridad, la verdad. Aunque pueda parecer difícil, Alonso Millán ha logrado enriquecer con una nota nueva, aguda, sugestiva, su larga panorámica de creador teatral Manuel Tejada es el despreocupado que tiene suerte y abusa de ella. Es un personaje actual. Diría que un personaje conocido o reconocible. Llevar el dúo a Victoria Vera, que tiene el gran papel, no es fácil. Lo consigue, aunque debería dominar más su tono para hacerlo más verdadero, más armonioso. La decoración de Enrico Serafini, nuevo en esta plaza, es realista, de buen gusto, y esconde sorprendentes efectos de magia en sus paredes. Aunque pueda parecer difícil, Alonso Millán ha logrado enriquecer con una nota nueva, aguda, sugestiva, su larga panorámica de creador teatral. Lorenzo LÓPEZ SANCHO (Información gráfica en páginas finales) -Crítica de cine La verdadera naturaleza del amor al que, por cierto, le llaman sexo Producción: Roger Frappier (Canadá 1993) Dirección: Denys Arcand. Guión: Brad Fraser. Fotografía: Paul Sarossy. Duración: 98 minutos. Intérpretes: Thomas Gibson, Ruth Marshall, Camerot Bancroft, Mia Kirshner. Salas de estreno: Lucharía, Parque Oeste, Ideal (v. o. Denys Arcand husmea entre un grupo de jóvenes hasta detectar el cruce de vías por los que circula su vida y sus sentimientos. Una película sobre la confusión en general, el amor en particular y el sexo en funicular. De no ser porque Denys Arcand es canadiense y tiene ya el bigote cano, cualquiera consideraría que La verdadera naturaleza del amor es también la verdadera película de la generación X algo así como Reality bites pero en bueno, sin pijerío. La seriedad de Arcand está utilizada aquí para dramatizar una historia que tiene espíritu de comedia, o quizás lo contrario, es decir, colocar raspaduras de comedia en una realidad que es dramática. Sea como fuere, el caso es que la película rastrea entre un grupo de jóvenes tan del próximo siglo que se ha de restregar uno los ojos con la punta de la levita. Los personajes son de herbolario, de zoológico, de los que hubieran vuelto loco a Freud: un actor que ejerce como, camarero y un hombre que ama a las mujeres pero hace el amor con los hombres; una periodista romántica y de sexualidad dudosa en su dirección pero no en su sentido; una chiquilla ingenua que le proporciona golpiza a quien le pague por ello; un niño rico pero no del todo idiota; una joven con alma femenina y gustos masculinos; un ejecutivillo con el maletín lleno de traumas pendientes... Pues, a esta flora y a esta fauna, Denys Arcand le coloca un alma tan humana que consigue aproximarla hasta los terrenos del espectador más corriente (o sea, mondo y lirondo de extravagancias en el terreno sexual y en otros menos excusables) El argumento de La verdadera naturaleza del amor se nutre fundamentalmente de la manera de ser de estos personajes, de la respiración entrecortada de sus días y la respiración agitada de sus noches. Arcand les obliga a exponer sus dudas, sus miedos, la grisura de su presente, la neblina del futuro, el aburrimiento, el toquetear por la pared a oscuras hasta dar con una puerta, o un resquicio al menos. Y todo ello, mientras aderezan estos sentimientos con unas prácticas tan desinhibidas como el botón izquierdo de Cicciolina. Arcand, que no cae en la modernez sino en lo moderno, intuye que los sentimientos no tienen calendario ni dependen del termómetro de la moda, mientras que los actos sí, y procura que cualquier situación chocante de las que viven sus personajes no pierda la conexión con un hilo, una idea, un sentimiento tan del siglo que viene como del anterior. Por ejemplo: el niño rico que se dedica a tontear con el homosexual, lo hace porque duda, porque siente una enorme admiración personal por él, porque advierte que es una forma de mantenerse cerca (es decir, situaciones chocantes por motivos tan eternos como la duda, la admiración o el contacto) En cualquier otra película de éstas medio tontas y medio modernas, tanto éste, como otros muchos ejemplos, sólo tendrían como objetivo el sen ir de pose, de modelo, de trazo sin vida. Acaso podría reprochársele al director una pequeña debilidad creer que su humana historia necesitaba del supuesto interés añadido de una intriga paralela con uno de esos asesinos múltiples (ahora, cada vez que uno mete la cuchara en la sopa, aparece el psicokiller de tumo) Es ésta la parte más floja de su película, pero, en fin, no vamos a afeitarle su bigote cano por ello. En cuanto a lo más tirante, lo de mayor tensión, de La verdadera naturaleza del amor hay que apuntárselo a los actores, que literalmente ponen a sus personajes al límite de la rotura. Son todos jóvenes, desconocidos y presentan unas trazas de lo más sospechosa, lo cual hace aún más meritorio el hecho de que caigan bien. Salvo en el caso de Mia Kirshner, que caería bien cayese como cayese. E. RODRÍGUEZ MARCHANTE