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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 27 DE ENERO DE 1995 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ABC DOMICILIO SOCIAL J. I LUCA DE TENA, 7 2 8 02 7- M A D R I D DL: M- 13- 58. PÁGS. 192 T OF 5 RRENTES de cartas y e s c r i t o s así ta ¡como ataques direcco tísimos de altas autoridades políticas, culturales y aun religiosas de Cataluña recibió la Academia por su carta al presidente del Gobierno. Renuncio al detalle, es bien conocido. Para quien sólo haya leído esto, el escrito de la Academia, firmado por su director, era a favor del español y contra el catalán. Y, además, estaba mal informada: hablaba de un problema que no existía. Quizá después de Navidad, pasado el ruido y la furia, alguien esté más propicio a escuchar. Y más después de la sentencia del TC, que en el único terreno que se sometía a su juicio, el de la enseñanza, discurre por un terreno intermedio, no alejado de las posiciones de la Academia. Aunque con meras recomendaciones, por lo que respecta al español. Por supuesto, al escribir estas líneas me represento tan sólo a mí mismo (aunque quizá también represente el secreto sentir de muchos) Creo que es bueno recordar que el escrito era una llamada, para varias regiones de España, al bilingüismo sin diglosia (sin ventaja para ninguna lengua) a la concordia. Ni citaba a Cataluña, ni atacaba la inmersión. Ni siquiera citaba el artículo 3.1 de la Constitución, ése que dice que el castellano es la lengua oficial de España. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla Y en nada contradecía a lo que dicen los artículos 3.2 y 3.3 sobre las demás lenguas españolas Lo qué la Academia hacía, y de esto creo estar seguro, era dirigirse al presidente del Gobierno (a invitación suya, no se olvide) para que, de acuerdo con la Constitución que acabo de citar ayudara a buscar un poco de armonía en la convivencia de las lenguas. Pero el presidente no contestó y en cambio recibimos furiosos ataques que nos acusaban de enemigos de Cataluña y del catalán, cosas que, ciertamente, no somos. Lean el escrito, por favor. Ya el viejo legislador ateniense Solón decía aquello de que antes de oír a los dos, no debes juzgar Y a la Academia no se la ha oído (pocos han leído su escrito) O se la ha oído a través de una campaña que desfiguraba su posición y que ahogaba las voces independientes, sometidas a un clima opresivo, amedrentadas. No creo que sea inoportuno recordar ahora aquel escrito, después de una sentencia que quizá rebaje la pasión y que ha sido, en principio, bien recibida por los más. Recordarlo porque esa sentencia sólo toca, ya digo, el problema de la enseñanza, no otros, que ahí quedan. Y porque en él estamos en la misma línea, pero con un matiz que creo importante. El artículo 3 establece un equilibrio difícil, aunque posible. Creo que el error se cometió cuando, después de promulgarse la Constitución en 1978, no se reglamentó exactamente ese artículo 3. Desde entonces, las autonomías legislan e imponen, el Gobierno calla y otorga. El aplazamiento indefinido no ha hecho más que envenenar progresivamente las cosas. La Academia proponía que se hiciera algo, de una vez, para llegar a una solución del problema, con respeto para todos. Ahora la sentencia acepta, en el campo de la enseñanza, la Ley de Normalización siempre que ello no determine la exclusión del castellano como lengua docente e insiste en que los niños tienen derecho a recibir la enseñanza en su lengua habitual y en que corresponde a los poderes públicos organizar la enseñanza que ha de recibirse en una y otra lengua Todos éstos son elementos de concordia. Lo EL ESCRITO DE LA ACADEMIA Y LA SENTENCIA DEL TC que decía la Academia cabe perfectamente dentro de ellos. Si hay una diferencia es que la Academia era más concreta cuando hablaba de la conveniencia de establecer las condiciones y planes de estudio imprescindibles para que el aprendizaje de la lengua española dote a todos los ciudadanos de destreza suficiente en su libre empleo hablado y escrito Esto no se consigue con los planes actuales. Y llamo la atención sobre el todos pues no se trata sólo de los emigrantes o hispano- hablantes en general, se trata de todos los ciudadanos españoles, que deben aprender español desde el principio, independientemente de que reciban la enseñanza, también en otra lengua. Si esto va a ser así o no, depende de los poderes públicos -el Estado y las Autonomías- que, según la sentencia, están facultados para determinar el empleo de las dos lenguas... en la enseñanza. Sería bueno que dieran un paso adelante en este terreno. Pues la cuestión de la aplicación es lo esencial, la sentencia es imprecisa (a ratos hasta contradictoria) en este punto vital. De esa aplicación depende todo: la concordia o la discordia. Entre una verdadera enseñanza y un paripé hay mucha diferencia. Parece, pues, que no se justificaba tanta virulencia contra el famoso escrito: sólo un clima pasional la explica. Y es que, también fuera de la enseñanza, subsisten problemas sobre los que habría que tender puentes. Pero antes de resolver los problemas hay que conocerlos en vez de negarlos. Los avestruces no resuelven ningún problema. Se nos decía que hay agravios históricos. Desde luego. Que en la calle, que la Universidad, en emisoras, en periódicos, todavía, en la medida que sea, está presente el español. Así es. Estamos, créanme, bien informados. Pero nadie puede negar que ha habido una política sistemática, desde arriba, para reducir progresivamente el campo del español y convertirlo en lengua de segunda. No puede negarse esto cuando, dejando ya de lado la enseñanza, en toda comunicación o docu- mento público, incluso en anuncios de tipo práctico dirigidos a todo el mundo, en todo letrero que se asoma a la vía pública, en toda palabra en la vida oficial, etcétera, todo es en catalán, con rara excepción. ¿Por qué tanta irritación porque se recuerde lo que es cierto? Si hay dos lenguas oficiales, que sean oficiales las dos. Porque, después de todo, el español o castellano es lengua oficial de toda España, a más de lengua de todos, y el que la use debe tener con ella acceso a toda la información y derecho a usarla en toda circunstancia. Todo esto no es obstáculo alguno para el catalán, que es justo que reciba apoyo (como todas las lenguas españolas de que habla la Constitución) La Academia era favorable a ello. No menos lógico es que se preocupara del español. ¿Por qué extrañarse de esto? Ésta era la sustancia del escrito. Buscaba un acuerdo que debería haber existido desde el año 1978 y que sigue no existiendo. Ahora una parte del problema ha ido a los tribunales. Y hay una sentencia equilibrada, aunque vaga: a partir de ella el pleito puede proseguir eternamente o puede pacificarse. Depende de los políticos, no de la gente. La situación de Cataluña no es la de Suiza (dos lenguas) ni la de Eslovaquia, Croacia o Quebec (prácticamente una lengua) En Cataluña hay el catalán, por supuesto, pero también hay el español o castellano (llamado así por su origen aunque hoy lo rebase con mucho) es una lengua que allí hablan todos, bien como lengua materna bien como lengua común de España. Y es la que hace de unión con el resto de España y con el mundo. Y hay grandes escritores en español, nuestros académicos son sólo un ejemplo. (Otro es Miguel Dole, recientemente muerto, traductor al castellano de Catulo. Son lenguas propias las dos, lenguas hermanas además, derivadas del mismo latín que los romanos introdujeron en Hispania precisamente por Cataluña. Catalán y español conviven libremente en Cataluña a nivel privado: por razones tradicionales o de inercia o de conveniencias prácticas o de cortesía o de amistad, según los casos. Pero hay una superestructura que cerca y hace retroceder al español cada vez más. La protección del catalán debería, sin embargo, hacerse compatible con un verdadero bilingüismo. Esto es lo único que se pedía y está en la línea de la sentencia: sólo que ésta se mueve en terrenos muy generales y, por otra parte, restringidos. Y deja el tema decisivo, la aplicación, a las autoridades. Y la Academia se refería al uso total de las lenguas y pedía concreción. Pero quizá baste ya de explicaciones. Soluciones son las que harían falta, dentro de un espíritu de mutua comprensión. Esa sentencia debería ser un comienzo. La piedra de toque es ésta: ¿va a haber enseñanza en castellano para todos, aparte de la que haya en catalán? Que aceptaran esto las autoridades de Cataluña sería una prueba de buena voluntad. (Esto escribí, con una cierta esperanza, al día siguiente de la sentencia del TC. Ahora leo el anteproyecto de nueva normalización Si es cierto, no deja mucho hueco a la esperanza. Francisco RODRÍGUEZ ADRADOS de la Real Academia Española