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DOMINGO 8- 1- 95 DEPORTES ABC Pág. 83 5- 0: El Madrid reconquista la bandera Los de Valdano arrebatan al Barcelona, con una goleada histórica, el estandarte del fútbol Madrid. Ignacio Torrijos La realidad por encima de los sueños. Partido de largo alcance. En la historia blanca quedará como sello del nuevo espíritu que alentó Valdano junto con esos jugadores- Quique, Laudrup, Ama visca... -que han revitalizado un equipo que hace un año esEl partido deja para la historia del Real Madrid un desenlace que supera el valor del resultado. El Madrid ya puede decir que los pendones perdidos están otra vez en casa. El mástil estaba vacío y este 5- 0 le ha devuelto esa tela intangible en la que no ondean los datos, los marcadores, los trofeos, sino el honor, la personalidad, la propia estima: los frutos superiores de este deporte cuyo premio más importante no és la victoria, sino el orgullo de la hinchada y la satisfacción del futbolista que se reencuentra a sí mismo y se siente feliz en ese fondo insobornable que le dice si en verdad es sólo un explorador de resultados o un auténtico jugador. El aficionado del Bernabéu tiene ahora la certeza de que, gane o pierda el domingo que viene, éste es de verdad el Real Madrid. El valor supremo del Madrid no estuvo en el ardor, en ese coraje hueco, inspirado en un complejo de inferioridad, con que hace poco trataba de desahogar su impotencia y su falta de identidad. No fue el de anoche el Madrid sanguíneo, de corte primario. El Madrid dio sobre todo una brillante lección de inteligencia. Eligió las armas más nobles del fútbol para derrotar a su rival y las utilizó con una frialdad quirúrgica: el fuego quedó para la grada, mientras el Barcelona se extinguía, humeaba en la tierra arrasada por los blancos. El Barcelona fue sencillamente Tres tantos de Zamorano en un partido que queda como símbolo del nuevo espíritu blanco taba exangüe. El Real Madrid ha reconquistado la bandera. Le fue arrebatada hace años y esa pérdida- del honor de ser el mejor, tanto como de títulos- se grabó en el Camp Nou con un 5- 0 que ahora ha sido devuelto en una noche grande, simbólica: ésta en la que los madridistas han recuperado el estandarte del fútbol. R. Madrid- Barcelona A r b i t r o José Ma Uzqueda (Col. Vallisoletano) I Mostró tarjeta amarilla a Hagi (m. 38) Amavisca (m. 48) Lasa (m. 90) y tarjeta roja directa a Stoichkov (m. 45) j G o l e S 1- 0, m. 5: Zamorano. 2- 0, m. 21: Zamorano. 3- 0, m. 39: Zamorano. J 4- 0, m. 68: L. Enrique. 5- 0, m. 70: Amavisca -C. A. 4 BC- abolido. El Barcelona se perdió en la vaguedad de su ánimo y contra ese desmayo sólo allegó un fútbol chapucero. Fue un Barcelona de cartón piedra, lastrado por un Hagi plomizo. Fue un Barcelona estragado entre tipos perdujarios, como Koeman y Stoichkov. Koeman dejó su impronta mezquina: en un una detención del juego- y a con 3- 0- arrolló a Milla, indefenso, con ciego espíritu vengativo. Fue la única respuesta que supo dar Koeman, ese defensa codificado para el golpe bajo, ese defensa lleno de moho, uno de los futbolistas más despreciables que han pasado por España. Inmediatamente después se retrató Stoichkov, otro alérgico a la nobleza, con una agresión a Quique. Así reaccionaron los dos ju- gadores más importantes del Barcelona. Esa doble culebra sirvió para medir la rabia azulgrana por el triunfo del Madrid. El Barcelona comprendía la magnitud y el significado de su derrota y era un perdedor indigno, por su juego y por su actitud. El Madrid jugó con heladora precisión en un escenario inflamado. Por encima de las apariencias, fue la victoria del juego sabio, no del juego encendido. Fue un Madrid severo el que prendió la pasión. Toda ese macroespectáculo de cantos, color y goles se generaba en un montón de miniaturas, de pequeñas labores perfectas. La profundidad por las bandas. Las entradas de Sanchís. Los pases largos y cruzados de Hierro. El punto de referencia de Milla. La intuición de Zamorano. La astucia de Laudrup. El toque, el apoyo. La clase de todos. A cada momento se le aplicó el ritmo que correspondía; a cada situación, la respuesta adecuada. El Madrid tuvo orden riguroso, constancia en el acoso al Barcelona para garantizarse la posesión del balón, una lucidez insuperable para utilizarlo y, envolviéndolo todo, ese soplo anímico que Valdano le ha insuflado al equipo. La suma dejó un partido inolvidable, en el que, por cierto, nada tuvo que decir el fugitivo Romario, ese delantero há J bil y sutil que se ha beneficiado, para su celebridad, de uno de los mayores ejercicios de exageración de la historia del fútbol. El manteo fue definitivo, de una crudeza radical. La excusa del 1- 0 temprano... Sería una burda coletilla. Un tetracampeón de Liga no puede quedar sin contestación. Tampoco el argumento de los errores propios tiene validez. Esos fallos azulgrana no fueron sino el reflejo de un corazón rajado por la determinación del Madrid. Pudo haber más goles del Madrid. El Barcelona casi no tiró a puerta. Todos los indicios sugieren que es la historia de un relevo. El Madrid ha superado los e f e c t o s d e l revés ante el Odense. El desafío se invierte ahora: tendrá que demostrar que tampoco los efectos del embeleso lo pueden debilitar. Por fin está cerca del ansiado equilibrio. Real Madrid Buyo: Bien. Quique: Bien. LA GRAN FIESTA DEL FÚTBOL La expectación despertada por el partido celebrado ayer entre dos de los equipos con más solera, el Real Madrid y el Barcelona, se vio satisfecha. Los aficionados pudieron disfrutar de un gran encuentro, en el que se combinó deporte y espectáculo. Más allá del resultado final y de que se felicite al ganador, que demostró la gran talla que, por encima de momentos bajos, le ha caracterizado a lo largo de su historia, ambos clubes derrocharon energía para no defraudar a un público que siguió el partido con creciente emoción. Fue, en líneas generales, salvo el lunar de la expulsión de Stoichkov, y teniendo en cuenta la comprensible tensión, un encuentro limpio, presidido por el respeto al contrario- en el terreno de juego y en las gradas- que ha de guiar cualquier acontecimiento deportivo. El fútbol nunca debe convertirse en motivo de disputas, sino contribuir al entendimiento en e las distintas regiones de España. El Santiago Bernabéu vibró con sana pasión y deportividad en la que fue una gran fiesta de! fútbol. Barcelona Busquets: Regular. Ferrer: Regular. Koeman: Mal. Abelardo: Mal. Sergi: Aceptable. Guardiola: Mal. Bakero: Mal. Amor: Mal. Eskurza: Mal. Hagi: Mal. Stoichkov: Muy mal. Nadal: Mal. Romario: Regular. Lo mejor: Lo peor: No tuvo ninguna respuesta deportiva. A la defensa le faltó intuición y atención. A la media, ideas y diligencia. Al ataque, profundidad. A todos los jugadores, recursos. Al equipo en sí, todo: vigor, orden en la ocupación del campo, un plan claro, apoyos, presión al rival. Koemáft y Stoichkov reaccionaron a su estilo: con suciedad. Hagi fue como el que fracasó en el Madrid: egocéntrico, malgastador. Hierro: Muy bien. Sanchís: Bien. Lasa: Bien. Luis Enrique: Bien. Milla: Bien. Laudrup: Bien. Amavisca: Muy bien. Raúl: Bien. Zamorano: Muy bien. Martín Vázquez: Bien. Alfonso: Sin calificar. Lo mejor: La fe, la predisposición. Frialdad: orden e inteligencia, más que ardor. Con ello asfixió al rival. La posesión del balón, aprovechado con lucidez general. Muy bien por las bandas. Milla, referencia. Pases largos de Hierro, entradas de Sanehís, omnipresencia de Amavisca, vibración de Luis Enrique, clarividencia de Laudrup, intuición y remate de Zamorano... Lo peor: