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28 A B C OPINIÓN JUEVES 17- 11- 94 Panorama SIEMPRE HA HABIDO RUIDOS PERTURBADORES NTES de que se contaminación acústica y antes Aamasadoras habíahablaradedeloslabocinazos y tas ruidos igual de insoportables. A pesar del derroche de decibelios, los sonidos modernos de las ciudades (tráfico, construcciones) no han podido sepultar viejos ruidos más sutiles que nos conmueven mucho más allá del tímpano, ruidos desasosegantes que nos ponen en contacto con algo de lo que ya no formamos parte pero que- todavía nos tira de la chaqueta como un gitano pedigüeño. El bullicio escolar tiene ese poder para mí. El ruido de los niños en tropel a la salida de un colegio o jugando en un patio es de las cosas que me producen mayor inquietud, esa chachara despreocupada y alegre que se transforma en algo penoso durante el camino que recorre hasta nuestros oidos. O el ruido de una radio ajena a través del tabique, un murmullo que nació hace ahora setenta años y que en tan poco tiempo ya se ha convertido en un ruido aceptado, un ruido que acompasa la vida de muchas personas y por el que nadie se atrevería a protestar. El bullicio de los niños esconde, para el adulto que lo oye a distancia, una larva de paraíso perdido, la tragedia que la inocencia alberga también en su corazón. El soniquete de una radio del vecino nos llega a través de la pared con el tufo de la resignación a la soledad, la tristeza mayor aún del que ya no se deja impresionar por el recuerdo de la plenitud infantil ni por el jolgorio de la vida en compañía. Ni uno ni otro, ni la música de la felicidad perdida ni la melodía de la resignación elegida, se dejan bombardear por el ataque de los ruidos de la técnica, y siguen ahí, en pie, incordiando a veces mucho más que una alarma de coche, machacandonos incesantemente por dentro aunque el tímpano quede intacto. Los oidos están hechos para reaccionar a estímulos sonoros, y del mismo modo nuestros ojos se dejan impresionar por un cuerpo deslumbrante o por una imagen sorprendente, pero sólo la memoria oye y sólo la memoria ve, y nada podríamos recordar que no tuviera un antes y un después en nuestra historia. Por eso la gente se acostumbra a la barbarie sonora de nuestras ciudades hasta el punto de irse volviendo cada vez más sorda, mientras es incapaz de digerir aquellas visiones o aquellos sonidos que no atacan órganos vitales sino a la propia vida, al espíritu, a la memoria. Luisa CASTRO Mirador IBN ARABI como la de Santa Teresa es la de pero por TAN grande Ibn Arabi, figuranombretratarse de un místico musulmán su es poco conocido por los españoles. Los teólogos turcos o persas y los estudiosos de la mística americanos o franceses- y, por supuesto, los especialistas españoles- sin embargo, saben muy bien quién es y llenan libros explicando su doctrina. Hace unos días, se reunieron en Murcia, ciudad natal del místico, en el III Congreso Internacional a él dedicado. Por ese mágico azar que suele acompañarme, fui invitada a leer un libro (inédito) de poemas- única excepción- que gira en torno al mismo concepto defendido por el murciano: el amor como teofanía. Así pude escuchar a Mikel de Epalza, William Chittick, Mokdad Arfa Mensia, Maurice Glotón, Denis Gril y otros islamólogos- barbudos o no- hablando del amor, ¡y del sexo! -con algún ángel por medio- Ibn Arabi, que fue llamado hijo de Platón es para mí el prototipo de la apertura. Es el hombre que partiendo de España viaja a Oriente, es decir, se orienta cara al levante el punto en que al nacer la luz, nos permite ver toda cosa y su lugar exacto, y a la vez ver más allá, ver el más allá en el más acá, en ese istmo que se ha llamado mundus imaginalis En esa visión el corazón desempeña un papel importante: es el órgano que la permite, siendo su vehículo expresivo la poesía. También nuestros místicos conocieron el sentido de esos levantes de la aurora Una de las congresistas, Luce López- Baralt, ha estudiado precisamente los vínculos entre San Juan de la Cruz y el Islam. Yo, que estoy leyendo a la vez a San Buenaventura (en espléndida versión al catalán del padre franciscano Agustí Boadas) y a Sohravardi (traducido al francés por aquel fenómeno que fue Henry Corbin) no hago más que dar vueltas al tema. Fijándome sobre todo en el último, ese mártir sufí que, como un Heidegger persa del s. XII nos habla del ser- que- puede- no- ser y del ser- que- no- puede- no- ser, me digo que, siendo las instrucciones del pensamiento de unos y otros impecables, parten siempre de una primera premisa que carece de demostración. Cada vez que expongo esto, me dicen: por ello la mística tiene algo de secreto, pues el conocimiento se alcanza sólo por experiencia No me conformo y desearía hablar con Zaratustra que tantas cosas vio entre luz y oscuridad. Si de momento no puedo hablar con Zaratustra- aunque quién sabe por donde andará un día mi experiencia- puedo por lo menos leer el libro La contemplación de los misterios de Ibn Arabi, en edición y traducción de Suad Hakim y Pablo Benito, publicado con motivo del congreso por la Editora regional de Murcia, lo que demuestra que, por una vez, a este nivel, no se contribuye a la confusión cultural, sino que se apoya algo verdaderamente importante. ¿Cuándo podremos leer también sus demás tratados en una buena traducción? Por ahora nos hemos de conformar con su poesía, la versión de Cantarero, ¡publicada en Méjico! Clara JANES VENDA SU COCHE SOBRE LA MARCHA A toda velocidad. Poniendo su anuncio por palabras en ABC SI BUSCA PISO LEA LA LETRA PEQUEHA Lea los anuncios par palabras de ABC. En letia pequeña, pero con grandes resuld