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LUNES 31- 10- 1994 ESPECTÁCULOS Festival de Otoño ABC Pág. 95 Magistral versión de Una luna para el bastardo de Eugene O Neill En versión de Amparo Valle, dirigida por Gerardo Malla Madrid Una luna para el bastardo de Eugene O Neili. Versión: Amparo Valle. Dirección: Gerardo Malla. Escenografía: Ramón Simó. Iluminación: De pronto, en el descabalado programa del Festival de Otoño, una obra maestra. Un gran acierto de elección y de realización. Y, cosa curiosa, fuera de las apetecidas y no pocas veces frivolas novedades, una obra poco conocida de un gran maestro del teatro norteamericano de principios de este siglo: Una luna para un bastardo de Eugene O Neill, verdadero padre de la vigorosa autonomía del teatro norteamericano, independizándose, superando, ofreciendo nuevo sentido y proyección, al precedente europeo del que venía. Obra postuma, representada después de la muerte de O Neill en 1953, Una luna para un bastardo lleva a consecuencias últimas muchos de los aspectos dramáticos de los grandes triunfos anteriores del autor, desde Anna Christie por ejemplo, que es de 1953 a El emperador Jones un año anterior que es un ejemplo casi insuperable de condensación dramática, lejano a la gran trilogía helenizante de las Electras que dan otra peculiar manera dramática del premio Nobel de 1936. Gómez Cornejo. Intérpretes: Isabel Mestre, Caries Canut, Sergi Mateu, Francesc Galcerán, Francesc Albiol. Un montaje para el Festival de Otoño. Estreno: Teatro Maravillas de Madrid. an: la dificultad para amarse, de Josie, demasiado liberada como ahora se dice, y Tyrone, dominado por un conflicto juvenil y moral que ha hecho de él un borracho, un inestable torturado por su convivencia en tanto que la nota social se intensifica por el conflicto lateral que supone la presencia del multimillonario Harder, en cuya figura hay una enérgica denuncia social del autor. El trabajo de este grupo de actores catalanes es magnífico y al servicio de un castellano impecable antigua, carga un tanto el tono en las primeras escenas, pero la vid? que da al viejo Hogan está preñada de emoción, de fuerza humana y, técnicamente, de una magistral capacidad de actor realista dando calor y sangre a un gran personaje. Isabel Mestres sirve con profunda naturalidad a la ordinaria de hermoso corazón Josie y es el punto de equilibrio entra la teatralidad de Canut y la moderna mesura de Sergi Mateu en la complicada personalidad del galán, Tyrone, que llega a una maestría emocionante y perfecta en su largo solo con Josie del segundo acto. Están en su punto exacto Galcerán y Albiol en los dos personajes secundarios, parcamente descritos por O Neill. Desde el primer minuto al desenlace, este trabajo crea un cálido trozo de vida norteamericana, y sin embargo humana, o sea genérica, palpitante. Teatro absoluto, pleno, magistral. Intérpretes Superficialmente, podría considerarse que estamos ante un conflicto en el que el alcohol, la embriaguez más brutal, el imperio del whisky lo domina todo. Pero, poco a poco se descubre cuanto hay de fingido, de paternal, de generoso en la fingida borrachera de Hogan ante su hijo y su rico enamorado. El alcohol, resulta actuar a veces como un revulsivo salvador. Los personajes son diseñados con duros trazos realistas, con una violenta exageración de los caracteres. El trabajo de este grupo de actores catalanes es magnífico y al servicio de un castellano impecable, libre de todo acento ajeno. Ciertamente, Carlos Canut, en extraordinario actor realista a la Nada es fatal Llamar tragedia al suceso dramático de esta gran comedia de O Neill, es un error. Nada es fatal en lo que sucede. El mismo final, cuando después de una noche que puede considerarse mágica de Josie y Tyrone, cuando éste, curado de sus fantasmas, se separa, para siempre, de la muchacha, queda abierto para el espectador. ¿Volverá ya disipada su borrachera, recuperada su libertad? O Neill deja un final abierto. La soledad definitiva de Josie no está irremisiblemente destinada. Tampoco está completamente excluida la posibilidad de que Tyrone en otra borrachera venda realmente la casita en que viven los Hogan al multimillonario Harder, aunque una cierta lógica y el deseo del espectador prefieran un desenlace dramático pero no fatal. Lo que es Una luna para el bastardo es un gran drama típico del realismo expresionista del mejor O Neill. Es una estampa vigorosa del Este norteamericano a finales del siglo pasado. Una Gerardo Malla diatriba contra el poder despótico y creciente de los nuevos millonarios con el pueblo, contra los desvalidos. Es doble el tema dramático de la obra. El amor tan apasionado como imposible de Josie y Tyrone está situado en el marco de una sociedad en la que el viejo dipsómano Hogan, deja marcharse a sus hijos varones y abusa, esclaviza a Josie, su única y desmandada hija, como única solución a la pobreza, a la miseria familiar. Son así dos problemas los que paralelamente se plante- Teatro norteamericano Ahora, a finales de siglo, esta certera representación de Una luna para el bastardo recupera los más altos valores del teatro norteamericano y hace ver en que gran medida la maestría de O Neill abría el paso en el cuarto medio de este siglo del teatro posterior. Después del enorme O Neill, Thorton Willer y Tennesse Williams, una de las fases más fuertes del teatro de este siglo, estaba abierta para Miller, Inged y Albee. Lo que vendría detrás sería un tiempo de disolución. Como todas las decadencias, con seductores fenómenos posteriores. Decir que lo mejor de esta desordenada muestra está ahí, en el Teatro Maravillas no es peligroso. Es obligado. Teatro Magistral servido secamente, calurosamente, por un sólido equipo de actores catalanes que demuestran, seguramente sin proponérselo, la gran riqueza, la insuperable fuerza expresiva que en lengua española pueden proporcionar unos magníficos actores, perfectamente dirigidos por Gerardo Malla, cuya nueva presencia es confortante, al desconcertado teatro de los Festivales en los que, más de lo que sería aceptable, se desorienta, acelerándola, la actual crisis del teatro español, más maltratado que protegido. Lorenzo LÓPEZ SANCHO La voz de Fátima Miranda, en el Reina Sofía La voz de Fátima Miranda ocupó el pasado sábado el Salón de Actos del Museo Reina Sofía dentro del ciclo que el Museo dedica a la acción y a la performance como lenguajes artísticos. El ciclo se abrió el pasado día 21 con dos clásicos del género: Juan Hidalgo, que presentó su acción Rojo, verde o amarillo y Esther Ferrer, quien dictó una conferencia sobre Zaj Desde entonces, además de Miranda, han intervenido Nacho Criado, Ángels Ribé, el dúo Concha Jerez- José Iges, Pere Noguera, Benet Rossell, Jaime Vallaure e Isidoro Valcárcel. La muestra concluirá el próximo fin de semana con las acciones de Borja Zabala, Dionisio Romero, Bartolomé Ferrando, Pedro Garhel, Rosa Galindo, Jaume Alcalde, Marta Domínguez y Mónica y Sónia Buxó. Fátima Miranda presentó el sábado dos piezas, El principio del fin y Precuvoz difíciles de clasificar, pero que se pueden describir como una hibridación entre el recital de canto y el de poesía fonética, o un cruce entre el teatro musical y la música gestual. Rechazando la impostación habitual de nuestros cantantes, ella busca, y encuentra, formas novedosas de emitir sonidos, y construye su espectáculo aplicando su notable intuición escénica a esta sorprendente materia vocal. El público, que abarrotaba la sal y sus aledaños, aceptó la propuesta de Miranda con entusiasmo. Alvaro GUIBERT