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DOMINGO 16- 10- 94 NACIONAL ABC 35 Escondió, alimentó y facilitó certificados de protección y pasaportes españoles a los hebreos perseguidos anejo a la Legación de España. Edificio extraterritorial Accedí inmediatamente- declaró Sanz Briz- y al día siguiente nuevos edicifios ostentaban en su fachada ese cartel mágico que tanto alivio proporcionó a muchas personas desgraciadas. Pero con eso no bastaba. Las dotes diplomáticas del alto funcionario español fueron esenciales para conseguir que las autoridades dieran orden a los milicianos de que no atacasen las dependencias diplomáticas españolas. Sus gestiones fueron tan hábiles que incluso consiguió que alguno de los refugiados, detenido por la policía o las tropas de ocupación, fuese puesto en libertad y conducido a los edificios alquilados. También, el diplomático español proveía de alimentos y atención sanitaria a los judíos, debido a la dificultad que estos encontraban para moverse con seguridad por Budapest. De la misma manera, Sanz Briz fue procurando de pasaportes españoles provisionales y cartas de protección a todos aquellos que ocultaba en alguno de los edificios. Existía una notable diferencia entre el número de certificados de protección que el diplomático español consiguió del Ejecutivo húngaro con e! número real de personas a las que se les facilitó este documento. Esta circunstancia no pasó inadvertida para las autoridades húngaras: la lista de Sanz Briz había crecido por encima de cualquier expectativa. Pero según se diluía el poderío nazi a consecuencia del avance de las tropas soviéticas sobre Budapest, la persecución se fue haciendo más rigurosa. Otra hábil maniobra diplomática de Sanz Briz, en las puertas del invierno de 1944, impidió la salida de las casas- refugio de un número de judíos igual al excedente de autorizaciones de protección. La pesadilla para los judíos de Budapest terminó, al fin, el 13 de febrero de 1945, cuando los soldados rusos alcanzaron la ciudad. Hacinados, mal alimentados, pero vivos, pudieron observar desde las ventanas de esos nueve edificios el repliegue de las tropas nazis. Terminaba también la misión diplomática de Ángel Sanz Briz, que recibió órdenes desde Madrid de retirarse hacia Berna. Cincuenta años después de aquellos sucesos, en uno de esos inmuebles alquilados por aquel joven para ocultar a los judíos, el presidente de la República de Hungría, Arpad Gónzc, descubrirá una placa que recuerda la figura y la labor humanitaria desarrollada por Sanz Briz. Al acto, en el que ha colaborado activamente la Embajada de España en Budapest, asistirá el ministro Solana. Un galardón más, un nuevo reconocimiento que sumar a la lista de distinciones de las que ha sido objeto y que le han valido un sitio en el corazón de los judíos. Al acto de hoy acudirán algunos de aquellos hebreos que deben la vida a este hombre, como también estará presente su familia, encabezada por Adela Quijano, viuda de Sanz Briz. Budapest fue el destino del que más orgulloso se sentía mi marido y el que más marcó su carrera diplomática, muy cuajada y brillante afirma Adela, que dio a luz allí a su primera hija. Es una pena que mi marido no haya podido recoger en vida todo el agradecimiento que su valiente labor ha provocado en tanta y tanta 9 efJtej üDiU Vivíamos 52 personas en dos habitaciones... ¡pero vivíamos Jaime Vandor es, en la actualidad, profesor universitario de Filología Semítica en Barcelona y hace cincuenta años era uno de los cinco mil judíos a los que protegió Ángel Sanz Briz. Imborrables en su memoria aparecen todos los detalles de aquel año terrible de 1944, todos los sufrimientos, penurias y miedos que la ocupación nazi provocaron en un niño de once años que, junto a su hermano y su madre, llamó a la puerta de la Legación española en Budapest para pedir protección. En un piso con dos pequeñas habitaciones, una cocina, un pasillo y un minúsculo cuarto de baño vivíamos 52 personas, más temerosos de las visitas de los soldados de las SS que de los bombardeos de los alemanes, rusos o americanos. Cuando los hombres de negro irrumpían en aquella vivienda con el propósito de detenernos para deportarnos, nuestra única esperanza era Ángel Sanz Briz. Siempre nos salvaba afirma Jaime Vandor. También permanece peremne en su recuerdo el frío y el hambre que habitaba con ese medio centenar de personas en ese piso a orillas del Danubio, pero la impaciencia de nuestros estómagos era socorrida por la Legación española, que nos proporcionaba los víveres necesarios para poder seguir subsistiendo Durante siete años la familia Vandor estuvo separada. El padre, voluntario durante la I Guerra Mundial, en su búsqueda de refugio en Estados Unidos recaló en Barcelona, tras ser expulsado de Italia y haber pasado tres años en un campo de concentración en Siberia. Fueron varios los intentos que el padre de Enrique y Jaime Vandor hizo por sacar a su familia de Budapest. El encuentro tuvo que esperar hasta el 7 de enero de 1947, cuando aterrizaban en Barcelona en un avión procedente de Ginebra, a donde habían llegado por tren desde Budapest. Conocí a mi padre- afirma Jaime Vandor- cuando tenía catorce años y fue gracias a Sanz Briz. Mi familia estará eternamente agradecida tanto a él como a su mujer, Adela. Como prueba de este agradecimiento, los hermanos Vandor han luchado durante estos últimos años para que la labor de Ángel Sanz tuviera el reconocimiento que merecía. Para ello, aportamos la documentación necesaria para que el Gobierno de Israel le distinguiera como Justo de las Naciones Ahora, cincuenta años después de aquellos episodios, en Jaime Vandor se unen la amargura del pasado y la satisfacción de haber contribuido al homenaje que se rinde a este diplomático español. Y mi satisfacción aumenta- afirmaporqué la placa que honrará su memoria se colocará en la casa en la que mi hermano, mi madre y yo estuvimos refugiados. Atrás queda el recuerdo de cuando llevaba en mi abrigo una estrella amarilla. Eso tampoco se olvida