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SÁBADO 24- 9- 94 ESPECTÁCULOS Crítica de teatro Pop- Rock ABC 87 Diálogos de fugitivos de Bertolt Brecht. Versión y dirección: Manuel Canseco. Música: Kurt Weill. Traducción: María Jesús Ampudia. Intérpretes: Fernando Delgado, Francisco Merino, Miguel Tubia. Festival de Otoño. Teatro Maravillas. Diálogo de fugitivos todo Bertolt Brecht en el Maravillas Dinosaur Jr. el jurásico que viene Madrid. Manuel Martínez Cascante El otoño ha traído consigo las primeras lluvias y un buen puñado de conciertos de aquí a final de año, tanda inaugurada este jueves en Aqualung por los estadounidenses Dinosaur Jr. A pesar de que el grupo ya pasó por los escenarios españoles hace unos meses, la de anteayer bien se podía considerar su presentación en serio, que les sirvió para hacer lo propio con su último disco, Without a sound de reciente publicación. Un concierto al que se acudía sin demasiados prejucios ni ideas preconcebidas, muy al contrario de otras actuaciones que ya tienen la crónica hecha antes de que empiecen. Una actuación, pues, a la que se asiste con el ánimo de ver qué pasa para contarlo después lo mejor que se pueda. A ello vamos. La banda del tal J. Mascis- se le nombra por ahí con una reverencia que ni que se tratara de Mick Jagger- evidencia, de buenas a primeras, el abundante jugo que puede extraerse de una guitarra, un bajo y una batería. Sobre todo de la primera, a cargo del líder del grupo: todo un virtuoso- a base de mucho pedal, eso sí- que cambia de instrumento a cada canción (con el consiguiente desgaste del pipa de turno) y que al final deja el mástil más quemado que el palo de un churrero. Dinosaur Jr. es un trío de músicos curtidos en mil garitos y que abanderan, en la actualidad, el ultimísimo rock norteamericano, ése que bebe de la psicodelia sesentera tanto como del rock duro de los setenta o del punk de los ochenta. Una formación fogosa e incendiaria- con algunos pasajes, los menos, un tanto plúmbeos, a la manera del grunge más amuermante- con un repertorio dinámico y sísmico que no tardó en mover al desparrame al numeroso público que se acercó, con inconmesurables ganas de juerga, a la saJa del madrileño Paseo de la Ermita. Una horita y media de concierto resultó suficiente para degustar el somero repaso que por su amplia discografía ofreció el grupo, en un ambiente festivo que dejó un muy agradable sabor de boca. Un espectáculo, al cabo, feliz como una boda. Bertolt Brecht en el Festival de Otoño en un montaje organizado y dirigido por Manuel Canseco, de un espectáculo titulado Diálogo de fugitivos del que el critico reconoce carecer de noticias. Los sobrios, un poco míseros programas del Festival de Otoño, tampoco las dan, desaprovechando así la ocasión de completar el espectáculo con algo de cultura. Estos diálogo de fugitivos no son todavía, realmente teatro y mucho menos teatro épico. El Brecht de la distanciación, efecto que toma del teatro chino, no está en este preciso texto lleno de talento en el que está, en cambio, el Brecht exiliado, o refugiado de las amenazas del nacismo, en Dinamarca después de 1933. Lo que aparece intensamente en esta obra es el didactismo brehtiano. Diálogos de fugitivos hace pensar en Schweik en la Segunda Guerra Mundial que interesó mucho a Charles Laugton, amigo ocasional de Bertolt Brecht cuando ambos estaban, años cuarenta, en Nueva York. Todo da la impresión de que Diálogos de fugitivos es el resultado de un montaje de muchos textos diferentes de Brecht así como de preciosas y sugeridoras músicas, procedentes de otras piezas, del músico predilecto del autor, Kurt Weil. Dos personajes, Ciffel, el científico hijo de familia acomodada, y Kalle, el trabajador de modesta clase social, se encuentran y conversan frecuentemente en una estación donde un camarero y pianista del solitario cafetín, acaba por entrar en el juego. Estamos en una situación no dramática, sin ¡ntriga ni problema teatral, en la que tres hombres muy diferentes en procedencia y cultural, revisan metódicamente muchos aspectos de la situación mundial tras el estallido de la guerra. Huidos de Alemania, el exilio los reúne. La relación de este espléndido, riquísimo texto con el de Schweyzk en la Segunda Guerra Mundial es profunda, lo mismo que lo es con El que dice sí y el que dice no fragmentariamente recogido, incluso con Los fusiles de la madre Carrar escritos en la defensa del bando republicano en la Guerra Civil española. Estos diálogos, llenos de lucidez, de ironía, de agudísimas notas sobre los franceses, sobre la excepción y la regla, sobre muchas cuestiones en las que Ciffel (Fernando Delgado) y Kalle (Francisco Merino) superan las diferencias iniciales de criterio propias de sus diferencias sociales. Son dos alemanes fugitivos de Hitler, de la guerra, de los campos de concentración, donde el nacismo (penetrante ironía de Brecht) trata bien a los allí encerrados. El autor descarga en esas admirables conversaciones lo aprendido en sus largas experiencias por el mundo, lejos de Alemania, a la que, cuando regresa lo hace por el Oeste, la zona ocupada por Moscú, a cuyo socialismo se siente entonces inclinado Delgado, magnífico actor de sonora y matizada voz y Merino, claro, medido, humanísimo, mantienen unas conversaciones llenas de amor, de suave sentido satírico, a las que ponen fondo el piano y las muy típicas canciones, entre críticas y didácticas, que toca y canta muy, pero que muy bien, Tubia. Casi toda la temática de Bertolt Brecht de Madre Coraje y sus hijos están en estos diálogos que no precisan de conflicto entre los tres personajes porque tiene de fondo toda la situación social y filosófica del mundo de la primera mitad de este siglo, medida por la fuerza dialéctica, didáctica en la que el autor hace sonar un nuevo humanismo frente a la catástrofe mundial originada por la guerra. El denso, dinámico intelectualmente suceso, ocurre en el precioso escenario absolutamente realista del Café de la Estación donde los tres hombres se encuentran. En cierto modo, el rico panorama crítico e intelectual, visto desde la contradicción y el humor originalísimos del Brecht en su largo camino evolutivo que cambió el teatro anterior, está aquí, en este suceso apasionante, agudísimo, acertadamente organizado e interpretado, que es un triunfo de Canseco apoyado en la pulcra traducción a un buen castellano, de María Jesús Ampudia. Feliz acontecimiento teatral. Lorenzo LÓPEZ SANCHO La actriz Madeleíne Renaud muere a los 94 años París. S. E. La actriz francesa Madeleine Renaud falleció ayer, viernes, a los 94 años de edad en el Hospital Americano de Neully sur Seine, al oeste de París. La artista había sido ingresada urgentemente en el centro sanitario durante la mañana del pasado jueves, a la vista de su preocupante estado de prostración. Las causas exactas de su fallecimiento no fueron precisadas. Madeleine Renaud nació en París en 21 de febrero de 1900. Su padre era un profesor de escuela y se ganaba la vida impartiendo clases en la asisinatura de literatura francesa. -Después de conseguir la graduación en el Instituto escribió una serie de historias cortas, cuentos y una novela. Estuvo casada en segundas nupcias, durante 54 años con el también actor Jean Louis Barrault, muerto el pasado mes de enero y de cuya desaparición nunca logró reponerse. Realizó una brillante carrera como actriz en el teatro, donde perteneció durante muchos años a la Compañía Renaud- Barrault, y en 1931 empezó en el cine, en donde participó en el rodaje de más de una treintena de películas, con el filme Juan de la luna En varias de sus películas participó junto a su marido. Fiel a la compañía de su marido, Madeleine Renaud interpretó grandes textos pertenecientes a autores tan geniales como Moliere, Marivaux, Feydeau, Anouilh, Tchecov, Claudel, Giraudoux y Marguerite Duras, entre otros. En su carrera cinematográfica destacan de manera reciente en el tiempo: El diablo por la cola y la La mandarina y su última aparición fue en 1988 con La luz del lago bajo la dirección del italiano Luigi Comencini. Henderson y Los Shufflekings: la emoción del blues tejano Madrid. L. M. Desde estas páginas se ha dicho tantas veces, que apenas deberían existir dudas, erraban todos aquéllos que opinaban que el asentamiento del blues como género era algo exclusivamente accidental, y que su mecha no podria prender en unos tiempos en los que la cibernética fuera tema habitual de conversación. Tal vez por ello- y para ello- la madrileña sala de música en vivo El Sol- convertida casi en circuito estable para estas músicas- acoge el próximo jueves 29 el insurgente último arte del diablo tejano de la guitarra roja, Bugs Henderson. Su más reciente registro, Daredevil of the red guitar grabado en el sello independiente Fiat Canyon Records de Evergreen, Colorado, derrocha un repertorio de cálido blues- rock, en la línea de algunos de los artistas con los que Bugs ya ha colaborado: Eric Clapton, Stevie Ray Vaughan y el mismísimo B. B. King. Jr